La sede del Ayuntamiento de la ciudad francesa de Limoges quedó destruida por un incendio, y la torre con campanario del inmueble, una construcción del siglo XVII, se derrumbó en medio de la multitudinaria ola de protestas sociales que sacude al país.
“Hace unos minutos, se ha derrumbado el campanario del ayuntamiento”, explicó un periodista de la televisión francesa BFMTV.
“El fuego sigue propagándose rápidamente. Lamentablemente, no quedará mucho del ayuntamiento de Limoges esta noche”, agregó el periodista.
El fuego habría sido provocado por un grupo de individuos durante los disturbios que estallaron al finalizar la manifestación convocada para denunciar la mala situación de la educación pública, el elevado costo de la vida y la violencia policial de las últimas semanas.
Las llamas se propagaron por una de las dos alas del edificio hasta alcanzar el tejado, cuyas vigas finalmente cedieron por efecto del fuego.
Los bomberos trabajan para evitar que las llamas consuman por completo el edificio, inaugurado en 1883 e inspirado arquitectónicamente en el Ayuntamiento de París.
El ministro del Interior, Laurent Núñez, confirmó que el incendio fue provocado durante los disturbios relacionados con las protestas.
“Quienes han destrozado, atacado tanto prefecturas como comercios, saqueado incluso nuestros ayuntamientos, serán perseguidos y castigados”, advirtió el presidente francés, Emmanuel Macron, en la red social X.
Las autoridades anunciaron un balance de 1.200 detenidos y 150 policías y gendarmes heridos en todo el país.
“Debe solicitarse la prisión preventiva” para los autores de estas “violencias urbanas de una gravedad inaudita”, pidió el ministro de Justicia, Gérald Darmanin.
Las protestas se habían gestado en las redes sociales. Un llamado titulado “Amarillos y Jóvenes” exhortaba al movimiento de los chalecos amarillos a protestar junto con la generación Z, campesinos, profesores, activistas climáticos, jubilados y otros sectores.
Entre 550.000 y 800.000 personas respondieron al llamado, según las autoridades y los organizadores, respectivamente, y expresaron su deseo de cambio en manifestaciones masivas en Francia, con lemas como “Tomamos la Bastilla” y “Macron, dimisión”.
En París, los alborotadores dejaron vehículos incendiados y comercios saqueados, mientras marchas no autorizadas intentaban acercarse a lugares estratégicos, como los turísticos Campos Elíseos y el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia.
El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, denunció que hay “calles enteras metódicamente devastadas”.