En entrevista, De la Roche cuenta cómo llegó a involucrarse con Ruanda después de casi dos décadas de trabajo en África, qué encontró en el país que lo llevó a desarrollar VINMUSA y cómo busca combinar viticultura, lujo, diseño, conservación y oportunidades para las comunidades locales. También habla de su trayectoria familiar, las personas que han influido en su vida y su visión para crear una finca vinícola que, según explica, sea “inconfundiblemente ruandesa”.

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SEMANA: ¿Cómo describiría Ruanda desde su experiencia personal y qué fue lo que más le llamó la atención del país cuando llegó?

Andrés de la Roche (A. R.): Ruanda es un país que no deja de sorprenderme. Su belleza natural es extraordinaria, pero lo que más me impactó fue la sensación de posibilidad. Existe una confianza extraordinaria en el futuro de Ruanda y una disposición a imaginar cosas que antes no existían.

He trabajado en distintos lugares de África durante casi dos décadas y Ruanda me pareció diferente por la manera en que se reciben las ideas. Cuando empezamos a explorar si era posible producir vino fino aquí, la respuesta no fue simplemente “eso nunca se ha hecho”, sino “¿qué haría falta para lograrlo?”. Esa apertura a la experimentación y al emprendimiento me resultó enormemente atractiva.

SEMANA: ¿Cómo ha sido adaptarse a la cultura, las costumbres y la vida cotidiana de Ruanda?

A. R.: No vivo en Ruanda a tiempo completo, pero paso períodos importantes aquí y, a través de nuestro trabajo, me siento cada vez más conectado con el país.

Una de las cosas que he aprendido es la importancia de escuchar antes de asumir que uno comprende un lugar. Llegamos a Ruanda con una idea, pero VINMUSA se ha enriquecido enormemente gracias a los ruandeses que nos están ayudando a darle forma.

No queremos importar a Ruanda una definición de lujo de otro lugar. Queremos crear algo de clase mundial que sea inconfundiblemente ruandés: seguro de sí mismo, cálido, generoso y profundamente conectado con el lugar.

Andrés de la Roche en la producción de vino en Ruanda. Foto: Cortesía para SEMANA

SEMANA: ¿Qué diferencias ha encontrado entre la manera de trabajar en Ruanda y en otros países donde ha desarrollado su carrera?

A. R.: Me ha impresionado la capacidad de Ruanda para reunir a distintos sectores alrededor de una idea. El gobierno, las empresas, las comunidades, las instituciones educativas y los socios internacionales pueden sentarse alrededor de una misma mesa y preguntarse cómo hacer posible algo.

Eso ha sido particularmente importante para VINMUSA porque estamos construyendo algo que no encaja perfectamente en una sola categoría. Somos un proyecto agrícola, un negocio de vino, un destino de hospitalidad, un proyecto de diseño y una empresa con impacto.

SEMANA: ¿Cómo ha sido su experiencia profesional trabajando con personas y comunidades locales?

A. R.: Esta ha sido una de las partes más gratificantes de VINMUSA. Ya hemos empleado a más de 30 personas de las comunidades de Kinigi y el lago Burera en la preparación de los viñedos, la construcción de terrazas y el establecimiento de las primeras vides.

Pero nuestro objetivo va mucho más allá de crear empleo estacional. Queremos que VINMUSA cree trayectorias profesionales en viticultura, elaboración de vino, hospitalidad, alimentos y bebidas, turismo y gestión de la finca.

Estamos incorporando experiencia internacional porque estamos haciendo algo técnicamente nuevo aquí, pero esa experiencia debe acelerar el desarrollo de capacidades ruandesas, no sustituirlas permanentemente.

Equipo VINMUSA en Ruanda Foto: Cortesía para SEMANA

SEMANA: ¿Qué oportunidades encontró en Ruanda que lo llevaron a comprometerse con un proyecto como VINMUSA?

A. R.: Fue la convergencia de varias cosas. Primero estaba la oportunidad física: el noroeste de Ruanda cuenta con lugares extraordinarios a gran altitud, suelos volcánicos, importantes variaciones climáticas y condiciones agrícolas que despertaron nuestra curiosidad sobre la posibilidad de producir vinos serios y de gran calidad.

Luego estaba la propia Ruanda y su apuesta por el turismo, la conservación, la agricultura y la hospitalidad.

Finalmente, estaba la oportunidad de crear en lugar de replicar. No estamos entrando en una región vinícola consolidada para construir la bodega número cien. Tenemos la oportunidad de ayudar a establecer la primera finca de vino fino de Ruanda y, potencialmente, contribuir al nacimiento de un origen vinícola completamente nuevo.

SEMANA: ¿Cómo comenzó su interés por el vino y qué recorrido profesional lo llevó hasta este proyecto?

A. R.: Mi recorrido ha consistido en unir varias pasiones: el diseño, los viajes de lujo y el vino. He viajado a más de 80 países y me encanta descubrir experiencias extraordinarias.

Fundé una firma de diseño en Washington D. C., especializada en branding y marketing. También llevo más de 15 años trabajando con organizaciones sin fines de lucro en África. Mi pareja, Liam, lleva más de 20 años trabajando en conservación.

Hace un par de años se nos presentó la oportunidad de invertir en una destilería en Ruanda. Esa inversión despertó nuestra propia visión sobre lo que era posible en el país.

VINMUSA reúne de una manera inesperada todas esas partes de mi vida. Combina mi amor por los viajes y el vino con mi experiencia en África y mi convicción de que los negocios pueden generar oportunidades y un impacto duradero.

SEMANA: ¿Cuál ha sido el mayor desafío que ha enfrentado durante esta experiencia?

A. R.: Probablemente, el mayor desafío ha sido que estamos construyendo algo para lo cual no existe una hoja de ruta previa en Ruanda.

Aquí no existe una industria consolidada de vino fino. Eso significa que prácticamente todo —desde el establecimiento de los viñedos y la importación de vides certificadas hasta la experiencia técnica, la regulación, la infraestructura y la capacitación— exige que resolvamos problemas por primera vez.

Lo hemos abordado rodeándonos de personas que saben más que nosotros y combinando experiencia internacional con un sólido equipo ruandés.

Experience Pavilion, Ruanda. VINMUSA. Foto: Cortesía para SEMANA

SEMANA: ¿Qué personas o experiencias han sido decisivas en su historia de vida?

A. R.: Mis padres, mi familia y mi pareja han sido las mayores influencias de mi vida. Mi padre fue un empresario exitoso, primero en Colombia y luego en Estados Unidos, mientras que mi madre se convirtió en una artista pionera en el campo del arte ecológico.

De ambos aprendí que la creatividad y el emprendimiento no tienen por qué existir en mundos separados. Podía ser diseñador y una persona creativa y, al mismo tiempo, construir y dirigir una empresa exitosa.

Mis años de trabajo en África también han sido algunas de las experiencias más formativas de mi vida profesional. Me han transformado profundamente en mi manera de pensar sobre la conservación, el desarrollo y las oportunidades.

SEMANA: ¿Qué ha aprendido de Ruanda que no esperaba encontrar cuando comenzó esta etapa?

A. R.: Quizás la mayor lección ha sido no subestimar lo que puede crearse simplemente porque nunca se haya hecho antes.

Cuando uno dice “Ruanda” y “vino fino” en una misma frase, la primera reacción de algunas personas es el escepticismo. Pero precisamente eso es lo que hace que esto sea tan interesante.

En lo personal, Ruanda también ha reforzado para mí la importancia del lugar. VINMUSA no podía ser simplemente una hermosa finca vinícola trasladada a Ruanda. Todo —desde el vino y la arquitectura hasta la hospitalidad, la gastronomía y las relaciones con las comunidades— debe surgir del lugar en el que estamos.

VINMUSA genera miles de empleos en Ruanda. Foto: Cortesía para SEMANA.

SEMANA: Mirando hacia atrás, ¿cómo cree que su historia personal ha influido en lo que quiere construir en Ruanda?

A. R.: Mi historia personal ha moldeado la manera en que pienso en VINMUSA a partir de dos fuerzas fundamentales: la pasión y el impulso de crear.

A veces la gente me pregunta: “¿De verdad un día se despertó y decidió construir una finca vinícola y un resort en Ruanda?”. La respuesta es sí y no.

Siempre imaginé que en algún momento de mi vida crearía un proyecto que reuniera las cosas que más me importan. Pero realmente hubo un momento en el que decidí: este es el día en que empiezo. Dejé de pensar en ello como algo que quizá haría algún día y empecé a descubrir cómo convertirlo en realidad.

VINMUSA es el lugar donde todas esas pasiones finalmente se encuentran. Me permite unir mi experiencia como diseñador y emprendedor con mi amor por el vino y mi conexión con África.

No creo que el ultra lujo y el impacto sean ideas opuestas. Creo que la versión más interesante del lujo contemporáneo puede reunir una belleza extraordinaria, experiencias excepcionales, un profundo sentido de lugar y un impacto genuinamente positivo en las personas y el paisaje que lo rodean.

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Eso es lo que quiero que llegue a ser VINMUSA: algo que no pueda simplemente trasladarse y construirse en otro lugar. Algo inconfundiblemente ruandés y verdaderamente excepcional.