En medio de la tragedia que golpea a Colombia tras el terremoto de magnitud 7,4 que afectó ciudades principales como Quibdó, Cali, Pereira, Manizales y cientos de poblaciones menores, y que hasta el momento deja 331 muertos, más de 4.600 heridos y 234 desaparecidos, las miradas están puestas no solo en seguir evaluando los daños, sino en la recuperación de las regiones afectadas.
India, una nación que no ha sido ajena a las catástrofes naturales, mira a Colombia para compartir su experiencia y las claves técnicas para transformar la tragedia sísmica en un modelo de resiliencia y prevención ante futuros desastres.
“Estamos listos para apoyar al Gobierno colombiano con asistencia técnica para documentar el daño y reconstruir mejor”, comentó Amit Prothi, director de la CDRI (Coalición para la Infraestructura Resiliente a Desastres), en diálogo con SEMANA en Nueva Delhi, en un encuentro con periodistas de América Latina.
El país asiático se ha caracterizado en los últimos 25 años por gestionar la reconstrucción de ciudades y garantizar el acceso a agua y energía a poblaciones afectadas tras la devastación ocasionada por eventos naturales.
Tal es el caso del terremoto de Gujarat, que alcanzó una magnitud de 7,7 (y hasta 7,9 según otras mediciones), y dejó más de 20.000 muertos, 167.000 heridos y cientos de miles de hogares destruidos en el distrito de Kutch.
Esa tragedia hizo que tanto las autoridades del país como la CDRI actuaran para transformar sus políticas de construcción y manejo de este tipo de eventualidades, las cuales, con base en la ciencia y la técnica, ofrecen una hoja de ruta para evitar que el desastre se repita.
El Gobierno de la India fue uno de los que atendió el llamado de ayuda humanitaria a Colombia al enviar un cargamento de 20 toneladas métricas el pasado 14 de agosto. Pero para Prothi, más allá de la ayuda, el foco está en cómo entender los escenarios que golpearon a los territorios afectados, las acciones a tomar, la evaluación y el manual de preparación frente a la recurrencia sísmica en el país.
“Estamos tratando de ver cuál es el mejor modo de trabajar con el gobierno para darles el apoyo que necesitan. El apoyo estará en el formato de asistencia técnica, no en el formato de consultoría”, explicó Prothi.
Entender lo que ocurrió con las estructuras
Tras el devastador terremoto, miles de estructuras resultaron afectadas, otras quedaron totalmente derrumbadas y muchas más presentan serios riesgos de caerse.
Los cálculos de los daños se empiezan a evidenciar con pérdidas físicas directas calculadas en 30 billones de pesos (equivalentes a cerca de 9.500 millones de dólares), de los cuales 24,5 billones corresponden a edificaciones y 5,5 billones a infraestructura general, de acuerdo con estudios preliminares compartidos por el Gobierno nacional.
Según los datos ofrecidos, el estimado preliminar representaría cerca del 2,16 % del PIB del país.
Ante esta situación, Prothi fue claro y señaló que lo que debe venir es una evaluación profunda de qué hacer ante lo ocurrido:
“Es importante entender cuántos edificios han caído, cuántos edificios siguen estando de pie y cuáles de ellos se pueden ocupar”, manifestó a SEMANA, al tiempo que invitó a pensar en lo vital y urgente para la población: el agua y la energía.
“¿Qué está pasando con el sistema de agua y con el sistema eléctrico? Desde el punto de vista de infraestructura, trabajamos en esto y documentar el daño muy rápidamente es importante, para luego decir: ¿cómo reconstruimos o cómo aseguramos si el edificio sigue estando útil, si es seguro o no? Si las calles están dañadas, ¿qué tenemos que hacer? Todo eso se tiene que pensar en los próximos meses”, sostuvo.
Es una acción que también aplica tras el doble terremoto en Venezuela (de magnitudes 7,2 y 7,5), en el que también buena parte de los edificios quedaron en escombros.
En ese sentido, Prothi señaló que, si bien la mayoría de la infraestructura fue construida en el siglo XXI, hoy la evaluación del desastre pasa por entender por qué ciertas estructuras cayeron mientras otras siguen en pie: “¿Fue la antigüedad, la geografía o la tecnología constructiva? Esas respuestas deben ser la base para la reconstrucción”.
Por eso insistió en la necesidad de la cooperación y el diagnóstico temprano para la prevención, además de la colaboración de la misma población:
“Creo que si pueden mirarlo más atentamente, también pueden ayudar al gobierno a decir: ‘Mira, estoy encontrando que en mi barrio los edificios que se cayeron eran así, los edificios que están de pie son así, los edificios de los que no estamos seguros son estos’. Creo que así pueden ayudar muy rápidamente en el diagnóstico, para actuar rápido”.
La ayuda de expertos y experiencias aprendidas
“Muchos países han sufrido terremotos durante mucho tiempo. Hay mucha comprensión y conocimiento”, aseguró el director de la CDRI.
Tan solo en 2026, se han presentado eventos sísmicos en varias partes del mundo (Indonesia, España, Filipinas, Tonga, Japón), que han hecho que la necesidad de estar preparados sea la bandera para evitar muertes y daños colaterales.
El terremoto de magnitud 6,1 que sacudió Bután en 2009, el cual afectó construcciones milenarias, entre ellas monasterios, o el de Gurkha, del 25 de abril de 2015, con una devastadora magnitud de 7,8, son algunos de los que le han permitido a la CDRI recoger las experiencias para usar la tecnología, la educación y la asesoría de expertos en beneficio de los países que piden su apoyo.
Prothi subrayó que la coalición, respaldada por décadas de investigación en ingeniería sísmica y sistemas de diagnóstico rápido, está preparada para transferir dicho conocimiento a Colombia, además de promover la resiliencia como disciplina científica.
“Esa experiencia también está documentada y puede ser compartida con Colombia para la tipología de construcción de edificios, métodos de construcción que se pueden entender o para decir: este es el modo de diagnóstico rápido o este es el modo de pensar sobre la reconstrucción. Esas experiencias pueden ser compartidas entre India y la región a través de la coalición con Colombia”, aseguró.
Un ejemplo de eso es cómo en India han estudiado los planes de acción frente a la lluvia para prepararse ante las olas de calor: “Están mirando el sistema ciudadano y preguntando: ¿dónde están los riesgos?, ¿de qué se trata?, si hay un proceso de estrategia. Así que hay una gran cantidad de trabajo, tanto en el lado de la práctica como en el de la política, para abordar la ola de calor o pensar en la ola de calor como un desastre”.
“La ayuda no es solo enviar equipos; es compartir métodos de construcción y sistemas de alerta temprana. India ha tenido que enfrentar tres grandes terremotos en los últimos 25 años y esa experiencia está documentada. Podemos compartir esos protocolos con Colombia para asegurar que los nuevos hospitales y escuelas sean verdaderamente inquebrantables”, explicó el directivo.
Prepararse para el fenómeno de El Niño
Durante el encuentro de periodistas de América Latina con Prothi, SEMANA puso sobre la mesa otra amenaza latente: el fenómeno de El Niño. Debido a la crisis hídrica que Bogotá y otras regiones vivieron hace dos años, la preocupación sobre el suministro de agua para los próximos meses es máxima.
Con la advertencia de un Niño más fuerte para el mes de octubre, Prothi señaló que “el agua, como un desafío, no es nuevo para los países; proporcionarla, además de su recolección, ha hecho que los países piensen en eso. El desafío ahora es ver cómo el calor y los efectos de El Niño deben ser factorizados en su gestión del agua. Estamos trabajando ahora en desafíos relacionados con el flujo; por ejemplo, en Sri Lanka estamos buscando un suministro del agua, en Mauritius estamos buscando una metodología”.
Y puso como modelo a Sudáfrica, que, a pesar de no ser miembro de la CDRI, llevó a cabo una campaña pública en Cape Town con el Día Cero: la fecha límite, prevista para 2018, en la que los embalses caerían a un nivel tan bajo que la ciudad cortaría el suministro de agua corriente en la mayoría de los hogares.
Bajo esta iniciativa de ahorrar agua, lograron que los ciudadanos no perdieran el líquido vital y esa fecha nunca llegó.
La CDRI (Coalición para la Infraestructura Resiliente a Desastres), una alianza global de gobiernos, agencias de la ONU y el sector privado, lanzada en 2019, promueve construcciones y redes viales, energéticas y de agua que sean capaces de resistir eventos como el cambio climático o fenómenos de carácter natural.
Con sede en Nueva Delhi, esta coalición busca que para 2050 las naciones sean resilientes a los riesgos naturales y al cambio climático, impulsando inversiones y servicios que van desde las infraestructuras nuevas hasta el acceso a los servicios básicos, escuelas y hospitales.
“Y lo que podemos decir es que el mundo se une para ayudarte, pero tienes que encontrar qué es lo que necesitas y luego, apropiadamente, contactar con otros. Y al tiempo, ¿cómo traes esa experiencia a otros países que no han sido atrapados por un terremoto?”, concluyó.