El Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona, alcanzó un nuevo hito en la medicina al realizar el primer trasplante facial del mundo a partir de una donante fallecida mediante eutanasia, un procedimiento de altísima complejidad que abre una nueva etapa en el ámbito de los trasplantes y la cirugía reconstructiva avanzada.

La intervención consistió en un trasplante parcial de rostro y requirió la participación de alrededor de cien profesionales médicos, entre cirujanos, anestesiólogos, personal de enfermería y especialistas en microcirugía. La operación se extendió durante aproximadamente 24 horas y se apoyó en técnicas de microcirugía neurovascular, necesarias para conectar vasos sanguíneos, músculos y nervios de dimensiones milimétricas.

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Al presentar el procedimiento, la directora sanitaria del hospital, Maria José Abadías, subrayó la “extraordinaria generosidad del donante”, así como el “esfuerzo colectivo” que implicó la intervención. También expresó el “orgullo” del centro por el trabajo realizado por los equipos implicados, destacando el carácter excepcional del trasplante.

Durante la rueda de prensa, los profesionales que participaron en la operación explicaron cómo se realizó el primer trasplante de cara del mundo de un donante eutanasiado. Foto: Europa Press via Getty Images

Vall d’Hebron se consolida así como uno de los centros de referencia en este campo. De los seis trasplantes faciales realizados en España, tres han tenido lugar en este hospital. A escala global, este tipo de cirugía sigue siendo poco frecuente: solo 54 trasplantes de cara se han llevado a cabo en el mundo, en una veintena de centros especializados.

La paciente receptora, Carme, compareció en rueda de prensa para agradecer al equipo médico. “Estoy aquí hoy para darles las gracias”, afirmó. Hace dos años sufrió una infección bacteriana que derivó en necrosis de los tejidos faciales, lo que obligó a su ingreso en cuidados intensivos. Tras superar la fase crítica, se encontró con secuelas severas que le impedían comer y respirar correctamente, afectando de manera profunda su calidad de vida.

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“Ahora mi vida empieza a mejorar un poco”, explicó. “Después de cuatro meses, puedo hablar, comer y beber de nuevo”, relató, al describir los primeros resultados del trasplante.

El equipo médico y la paciente trasplantado, en el Hospital Vall d'Hebron, el 2 de febrero de 2026, en Barcelona, ​​Cataluña, España. Foto: Europa Press via Getty Images

El doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Vall d’Hebron, explicó que el trasplante facial se indica cuando el paciente ha perdido estructuras esenciales del rostro que no pueden ser restauradas mediante técnicas convencionales. “Un rostro trasplantado que no siente ni se mueve no es más que una máscara”, señaló, al detallar que la cirugía implica trabajar con tejidos complejos y con nervios de apenas 0,2 milímetros de diámetro, que deben localizarse y conectarse con extrema precisión.

El trasplante presentado este lunes fue además el primero en el mundo en el que se pudo realizar una planificación en 3D tanto del donante como de la receptora, un avance técnico clave para aumentar la precisión y seguridad de una de las cirugías más complejas de la medicina moderna.