Ferdinand Marcos Jr., presidente de Filipinas, declaró este martes el estado de emergencia energética nacional debido a los riesgos para el suministro de combustible y la estabilidad energética provocados por la guerra en Oriente Medio.
“Se declara el estado de emergencia energética nacional a causa del actual conflicto en Oriente Medio y el peligro inminente que plantea para la disponibilidad y estabilidad del suministro de energía en el país”, señaló el mandatario en una orden ejecutiva.
Filipinas, con cerca 116 millones de habitantes, se ha visto afectada por constantes apagones y por su gran dependencia de la importación de hidrocarburos para mantener sus plantas de energía en funcionamiento. Además, sus costos energéticos están entre los más altos de la región.
Antes del anuncio del presidente, la secretaria de Energía, Sharon Garin, había dicho que el país intentará impulsar la producción de electricidad a través de sus plantas de carbón. Se estima, que cerca del 60 % de la electricidad que se genera en el país proviene de este combustible.
Según dijo Garin a la prensa, el precio del gas natural licuado (GNL) se ha disparado, por lo que el país podría verse forzado “temporalmente” a recurrir aún más al carbón.
“Hemos hablado con las compañías, con las plantas de carbón, para comprobar cuánto pueden aumentar su producción”, explicó Garin, que precisó que esta “medida temporal” podría ponerse en marcha el 1 de abril como muy pronto.
“Si logramos implementar esto, al menos podremos frenar las subidas de los precios de la electricidad provocadas por la guerra en Oriente Medio”, agregó.
Sin embargo, el caso de Filipinas no es el único. Varios países asiáticos han aumentado el uso de carbón contaminante ante la escasez energética y los altos precios provocados por la guerra en Oriente Medio.
Corea del Sur tuvo que elevar el límite de la cantidad de energía que puede generarse con carbón, mientras Tailandia se prepara para reactivar dos plantas de carbón que habían sido desactivadas el año pasado.
En India, muy dependiente del carbón para generar electricidad, esta fuente también está siendo utilizada como sustituto del gas de cocina. De igual forma, Indonesia tuvo que revertir una decisión adoptada el año pasado para reducir su producción de carbón.
La vulnerabilidad energética de gran parte de Asia se explica, en parte, por su fuerte dependencia del gas natural licuado (GNL), promovido durante años como un “combustible de transición”, al ser menos contaminante que el carbón mientras los países avanzan hacia fuentes renovables.
No obstante, a largo plazo las energías renovables resultan más baratas y ofrecen un suministro más estable, una ventaja que la actual crisis energética ha vuelto a poner en evidencia, señaló Putra Adhiguna, director del Energy Shift Institute.
Según el experto, esta situación podría llevar a varios gobiernos de la región a reenfocar su atención en los beneficios estratégicos de las energías renovables. “Creo que ya estamos viendo algo de eso en los países del sudeste asiático”, afirmó.
*Con información AFP.