El mundo está por presenciar el despegue de la misión lunar Artemis II, que busca llevar nuevamente a seres humanos a la órbita de la Luna tras el final de las históricas misiones del Programa Apolo el siglo pasado.

El lanzamiento de esta nave marca un hito para la exploración espacial en el siglo XXI y se perfila como uno de los acontecimientos científicos más relevantes de la década.

Aunque la misión es liderada por la Nasa, el vuelo también tiene una pequeña pero significativa participación latinoamericana. Junto al cohete que transportará a los astronautas al espacio viajará un microsatélite argentino.

El dispositivo, llamado Atenea, se convirtió en un símbolo de cooperación federal, innovación tecnológica y talento joven dentro del creciente mapa aeroespacial de la región.

Cohete de la misión Artemis II en la zona de lanzamiento. Foto: Getty Images

Se trata de un microsatélite del tipo CubeSat 12U, con dimensiones aproximadas de 30 x 20 x 20 centímetros, diseñado y construido íntegramente en Argentina. A pesar de su tamaño reducido, el proyecto enfrenta un desafío técnico considerable: obtener datos y mantener comunicaciones a unos 70.000 kilómetros de distancia de la Tierra.

El satélite fue desarrollado con tecnología local en un trabajo conjunto entre universidades públicas, institutos científicos y organismos estatales, como parte de una iniciativa que busca posicionar a Argentina en el desarrollo de tecnologías espaciales avanzadas.

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En el proyecto participaron la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG S.A.

En la misión también colaboraron equipos de otros países, entre ellos Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, lo que refuerza su carácter de cooperación científica internacional en la nueva etapa de exploración lunar.

La misión no es un aterrizaje, sino un vuelo de prueba tripulado alrededor de la Luna. Foto: Getty Images

El objetivo central del satélite es probar sistemas de comunicación de largo alcance, medir los niveles de radiación en órbitas altas y recopilar datos de navegación GNSS, incluyendo señales de los sistemas GPS, GLONASS y Galileo.

Argentina ha venido trabajando, a través de su Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), con la NASA desde la década de 1990. Este vínculo ha logrado sostenerse en el tiempo y hoy es una de las claves para que tecnología desarrollada en el país pueda formar parte de esta misión lunar.

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El microsatélite forma parte de lo que se denomina carga secundaria o payload. Se trata de los espacios disponibles dentro del cohete que quedan libres tras instalar los sistemas principales de la misión.

En ellos suelen ubicarse proyectos científicos de países invitados, que aprovechan esta oportunidad para enviar experimentos o pequeños satélites al espacio, aunque no formen parte directa de los objetivos centrales de la misión de la Nasa.