Marco Rubio, jefe de la diplomacia de Estados Unidos, compareció este martes como testigo en el juicio contra un viejo amigo suyo, acusado de hacer lobby en secreto para el gobierno de Nicolás Maduro durante el primer mandato de Donald Trump.
Las autoridades juzgan a David Rivera, republicano de 60 años y exlegislador estatal de Florida que luego representó a ese estado en la Cámara de Representantes, en una corte federal de Miami por presunto cabildeo ilegal entre febrero de 2017 y diciembre de 2018.
Rubio testificó ante el tribunal durante unas tres horas, en las que confirmó que Rivera era “un amigo cercano”, con el que incluso compartió casa cuando ambos eran legisladores estatales, y negó saber nada del supuesto contrato firmado por él con las autoridades venezolanas.
Según la acusación, Rivera trabajó para Maduro con el objetivo de lograr que la Casa Blanca suavizara su política hacia Caracas, utilizando sus contactos dentro del Partido Republicano.
La Fiscalía no acusa a Rubio de ningún delito. En 2017, cuando aún era senador, se reunió en dos ocasiones con Rivera para hablar sobre la situación en Venezuela.
Durante su testimonio, el funcionario estadounidense explicó que, antes del primer encuentro, Rivera le dijo que “personas dentro del régimen” estaban dispuestas a apartarse y permitir “elecciones libres y justas”. Aunque se mostró escéptico, aceptó reunirse con él en Washington.
En esa reunión, Rivera le comentó que el empresario venezolano Raúl Gorrín le entregaría una carta de Maduro en la que el mandatario expresaría su disposición a una transición pacífica.
Sin embargo, en un segundo encuentro —realizado en un hotel de la capital—, Gorrín no llevó la carta prometida y solo habló de la situación en Venezuela. Rubio calificó esa reunión como una pérdida de tiempo.
Los fiscales sostienen que Rivera organizó esos encuentros después de convencer a Delcy Rodríguez, entonces canciller, de otorgarle un contrato de 50 millones de dólares por labores de cabildeo, financiado a través de la petrolera estatal PDVSA.
De igual forma, Rubio, que describió a su amigo como “un acérrimo anticomunista”, aseguró que no se habría reunido con él si hubiera sabido algo sobre el supuesto contrato.
Rivera y la asesora política Esther Nuhfer enfrentan cargos por lavado de dinero y por no registrarse como agentes extranjeros en Estados Unidos, entre otros delitos.
El testimonio de Rubio marca un hecho poco común: ningún miembro en funciones del gobierno de Estados Unidos había declarado en un juicio penal desde 1983, cuando el entonces secretario de Trabajo, Raymond Donovan, compareció en un proceso contra la mafia.
*Con información de AFP.