Donald Trump durante más de un año ha gobernado Estados Unidos con puño de hierro, ampliando sus acciones al alcance global. Aunque no ha llegado siquiera a la mitad de su periodo, desde el Partido Republicano ya miran el horizonte en el que están puestas las elecciones presidenciales de 2028, y allí, dos pesos pesados del actual gobierno podrían enfrentarse por la nominación como heredero del presidente.

La disputa silenciosa entre los pasillos de la Casa Blanca es entre el vicepresidente de Donald Trump, J. D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. Dos figuras que, aunque actúan bajo el ala del mandatario republicano, tendrían intereses de ocupar el puesto principal del Salón Oval. Así está el panorama para ambos funcionarios, que son los grandes favoritos para ser el candidato presidencial republicano en dos años.

Públicamente, no existe ninguna disputa entre los dos funcionarios. Cuando la situación estaba en el escrutinio público, Marco Rubio declaró que no entrará a la carrera si Vance se lanza a ser el ungido de los republicanos y lo ha reconocido como el claro favorito, llegando incluso a comentar a su círculo cercano que él “hará todo lo posible por apoyar al vicepresidente”. Pero la situación dentro de ambos funcionarios va mucho más allá.

Desde el inicio de la guerra contra Irán, la brecha entre Vance y Rubio en los mercados de predicción se ha reducido significativamente en el caso del secretario de Estado. De hecho, Trump se manifestó al respecto al decirles a los periodistas que Vance había sido “filosóficamente un poco diferente” a él en el tema iraní y añadió que el vicepresidente era “quizás menos entusiasta” con la operación. Rubio, en cambio, ha respaldado públicamente la operación Epic Fury en repetidas ocasiones.

Marco Rubio, secretario de Estado de la Casa Blanca. Foto: Getty

En Polymarket, Vance cayó 19 puntos a partir del momento en que comenzó el registro de apuestas, mientras que Rubio subió 20 puntos. Aunque desde entonces las apuestas a favor del jefe de la diplomacia de Trump han caído hasta los 11 puntos, mientras que el vicepresidente se mantiene con 18 por ciento. Estando incluso por detrás del favorito demócrata, el gobernador de California, Gavin Newsom.

Ahora, la pregunta que ocupa los titulares de los medios nacionales e internacionales todos los días, y en especial a los republicanos, es quién debería ser el candidato: si el vicepresidente de Donald Trump, un estadounidense típico como J. D. Vance, o Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos.

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“Típicamente, la figura del vicepresidente siempre es un cero a la izquierda. Ese fue el drama que tuvo Kamala Harris cuando fue lanzada como candidata, que para mucha gente era una virtual desconocida”, asegura el analista político Javier Maza desde Estados Unidos. “La desventaja de Vance es que yo veo un tipo con muy poco carisma, si lo comparamos con los anteriores dos vicepresidentes, con Kamala Harris y Mike Pence. La figura de secretario de Estado, por otro lado, sí le favorece notablemente a Rubio. Es una figura muy activa; es la segunda figura política en importancia después del presidente”.

Sobre quién recibirá la bendición de Donald Trump, parece que el mandatario tiene sus propias dudas. Según revelaron varios medios, como NBC, el pasado 28 de febrero, el presidente lideró una reunión privada con varios importantes donantes republicanos y políticos de alto nivel, como Robert Kraft, propietario de los New England Patriots de la NFL, y el multimillonario Rick Jackson, conocido por ser un candidato republicano a gobernador de Georgia.

J.D. Vance vicepresidente de Estados Unidos. Foto: AP

En algún momento planteó abiertamente la pregunta: “¿Marco o J. D.?”. La respuesta fue una aprobación casi unánime a favor del secretario de Estado, quien estaba presente en la reunión social junto al mandatario, mientras que Vance estaba en Washington en el Situation Room, en medio del comienzo de la guerra contra Irán, uno de los momentos que más catapultó la imagen de Marco Rubio como jefe de la diplomacia estadounidense.

Pero, más allá de la favorabilidad que tiene Marco Rubio dentro de las altas esferas republicanas, la realidad es que eso no se traduce necesariamente en apoyo popular dentro de la ciudadanía, algo que las encuestas demuestran, donde el vicepresidente J. D. Vance sigue teniendo más acogida en el votante republicano tradicional.

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En la encuesta de NBC News, el 77 por ciento de los votantes republicanos tiene una visión positiva de Vance, frente al 66 por ciento de Rubio. En un sondeo de The Center Square de marzo de 2026, el vicepresidente lidera con 36 puntos entre republicanos, seguido de Donald Trump Jr., hijo del presidente, que no ocupa ningún cargo político, con 19 puntos, y Rubio en tercer lugar con apenas 9 puntos entre los potenciales electores para las primarias. Y en Polymarket, Vance tiene 37 por ciento de probabilidades de ser el elegido, 10 puntos porcentuales por encima de Rubio.

Trump, sin embargo, se ha negado a elegir entre los dos: “J. D. es fantástico y Marco es fantástico. La combinación de J. D. y Marco sería muy difícil de vencer”, dijo al ser preguntado directamente. Aunque también ha dejado abierta la puerta a un tercer mandato propio, lo cual es inconstitucional y requeriría de una gran enmienda constitucional prácticamente imposible de llevar adelante.

Marco Rubio y JD Vance Foto: Getty Images

El miedo republicano

A pesar de la disputa silenciosa que existe entre ambas figuras del Partido Republicano, crece un miedo mayor, y es que no logren el suficiente apoyo para volver a ser elegidos en el poder en las próximas elecciones presidenciales y que sean los demócratas quienes se apoderen de la Casa Blanca tras lo que está siendo un periodo de Donald Trump más que polémico y en el que las encuestas no lo están acompañando.

Según el ponderador de encuestas de The Economist, al presidente de los Estados Unidos lo aprueba el 35 por ciento de la población, mientras que el 57 por ciento lo desaprueba y el 7 por ciento no está seguro, siendo el puntaje más bajo de toda su administración. En comparación, son 13 puntos más de desaprobación que los que tenía su predecesor Joe Biden a la misma altura de su gobierno, y 8 puntos menos de los que tenía el mismo Trump en su primer mandato.

Temas como la guerra contra Irán, la inflación de precios, el empleo y la economía, la política exterior, la inmigración y la seguridad dentro del país son temas que le están costando a Donald Trump parte de su popularidad dentro de los estadounidenses. Según lo reportado por el mismo estudio, el mandatario solo conserva apoyo mayoritario en nueve estados en total y tiene una imagen negativa en todos los conocidos como estados péndulo, claves para ganar una presidencia.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AP

Además, el primer gran reto está a la vuelta de la esquina. En noviembre serán las elecciones intermedias, en las que se elegirá a toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, y donde un mal resultado para los republicanos sería lapidario para Trump y su séquito. Con esto en mente, según todas las encuestas, el resultado más probable es que los demócratas recuperen la mayoría en la Cámara Baja, pero el partido de gobierno conserve la alta; lo cual sería un duro golpe para la Casa Blanca, pero del cual podría sobrevivir.

“Sea Rubio o Vance, quien sea va a tener una batalla cuesta arriba muy complicada en 2028. Falta todavía un trecho de aquí a las elecciones próximas, pero si las cosas se mantienen, van a perder en noviembre probablemente por goleada la elección de mitad de mandato con los demócratas”, asegura Maza a SEMANA, analizando que, hoy por hoy, cualquiera de los candidatos republicanos perdería con el favorito de los demócratas, el ya mencionado gobernador de California, Gavin Newsom.

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Por ahora, si bien faltan varios meses para determinar quién puede ser la figura más importante para suceder la candidatura republicana de Donald Trump, lo que se podría decantar después de las elecciones de noviembre, Rubio acumula puntos entre quienes mueven el dinero; Vance conserva el corazón de la base del movimiento MAGA, que llevó al magnate a la Casa Blanca.

Sin embargo, hay una ironía que flota sobre toda esta disputa entre los bastidores de Washington, ya que cualquiera que sea quien gane la batalla interna podría perder la guerra y quedar con la mancha de ser el derrotado por la oposición demócrata para las elecciones de 2028.