Un ambicioso proyecto de ingeniería en plena Cordillera de los Andes vuelve a tomar impulso y promete transformar la conectividad en Sudamérica. Se trata del túnel de Agua Negra, una megaobra binacional entre Argentina y Chile que busca atravesar la montaña para facilitar una salida directa hacia el océano Pacífico.

La iniciativa, que había enfrentado años de retrasos por factores políticos y financieros, ha recuperado relevancia recientemente gracias a nuevos avances en su planificación y en las obras preliminares.

El objetivo central es construir un paso subterráneo permanente que supere las limitaciones del actual cruce cordillerano, el cual solo puede utilizarse en determinadas épocas del año debido a las duras condiciones climáticas.

El proyecto contempla la construcción de dos túneles paralelos de aproximadamente 14 kilómetros de longitud, ubicados a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Cada túnel contará con calzadas de 7.5 metros de ancho. Foto: Getty Images

Esta infraestructura permitiría el tránsito continuo de personas y mercancías durante todo el año, eliminando los frecuentes cierres provocados por nevadas y temperaturas extremas.

Más allá de su complejidad técnica, el impacto económico es uno de los principales motores de la obra. Para Argentina, en particular, el túnel representaría una conexión estratégica con puertos chilenos sobre el Pacífico, lo que facilitaría el acceso a mercados asiáticos y reduciría significativamente los costos logísticos de exportación.

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Además, la obra se integraría a un corredor bioceánico más amplio que busca articular distintas regiones del continente, potenciando no solo el comercio, sino también el turismo y la integración cultural entre países vecinos.

En ese sentido, se espera que beneficie a sectores clave como la minería, la agroindustria y las energías renovables.

No obstante, los desafíos técnicos son considerables. La construcción en alta montaña implica enfrentar riesgos sísmicos, condiciones geológicas complejas y la necesidad de proteger ecosistemas sensibles.

En la cordillera de los Andes habitan múltiples especies nativas de la zona. Foto: Getty Images

Para ello, el diseño contempla sistemas avanzados de ventilación, galerías de evacuación y diversas medidas de seguridad distribuidas a lo largo del túnel.

El proyecto se acordó inicialmente en 2009 durante una cumbre de la UNASUR, en la que ambos gobiernos, junto con Brasil, firmaron un memorando de entendimiento. Sin embargo, durante el gobierno de Sebastián Piñera, la iniciativa se paralizó debido a los sobrecostos que podría implicar.

En los últimos meses, no obstante, ha vuelto a tomar fuerza. Funcionarios del gobierno chileno han señalado que las obras podrían reactivarse en el corto plazo.

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“El túnel de Agua Negra sigue siendo una aspiración muy fuerte, un proyecto que no se va a perder nunca”, dijo Mario Schiavone, cónsul chileno en Argentina, en declaraciones al Diario Huarpe.

“En el lado chileno ya se han reanudado las obras”, mientras que “en el lado argentino todavía no han comenzado, pero pronto lo harán”, añadió.

De concretarse, el proyecto no solo redefiniría las rutas comerciales del Cono Sur, sino que también marcaría un hito en la ingeniería aplicada a entornos extremos.