El gobierno de Venezuela anunció que entre el 18 y el 29 de abril extrajo y embarcó el material nuclear restante del Reactor Experimental RV-1 del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, el único reactor nuclear que tuvo el país, en una operación que involucró a Estados Unidos, Reino Unido y el Organismo Internacional de Energía Atómica. La extracción fue precipitada por el ataque militar estadounidense del 3 de enero, que impactó instalaciones del IVIC a apenas 50 metros del antiguo reactor.
“El ataque militar perpetrado el 3 de enero de 2026 en las inmediaciones de las instalaciones del IVIC, a escasos 50 metros del antiguo reactor, incrementó objetivamente el nivel de riesgo y confirmó la urgencia de ejecutar una operación que Venezuela venía solicitando desde hacía largo tiempo”, señaló el comunicado oficial del gobierno, publicado por el canciller Yván Gil.
La operación contó con la participación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la Administración Nacional de Seguridad Nuclear de Estados Unidos, adscrita al Departamento de Energía, y el Reino Unido, encargado del transporte marítimo especializado.
El material fue trasladado desde los laboratorios del IVIC, en el estado Miranda, hasta los muelles de Puerto Cabello, en Carabobo, para su posterior disposición final fuera del país. El OIEA supervisó las salvaguardias, realizó la verificación técnica y brindó capacitación al personal venezolano.
El RV-1 tiene una historia que se remonta a los años cincuenta. Fue construido bajo el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez en el marco del programa Átomos para la Paz del presidente estadounidense Dwight Eisenhower, quien donó 300.000 dólares para su construcción. El reactor alcanzó la criticidad en 1960 y fue utilizado durante décadas para investigación en física, radioquímica y producción de radioisótopos.
Dejó de operar en 1991 y en 1997 se tomó la decisión de clausurarlo definitivamente. En aquel momento se retiró parte del combustible gastado, pero una porción del material permaneció almacenada bajo condiciones de enfriamiento y control en espera de una solución definitiva.
El material extraído ahora consiste en barras de uranio con enriquecimiento del 20% que nunca fueron utilizadas, adquiridas en los años noventa para una eventual repotenciación del reactor que nunca se concretó. Su nivel de radiactividad es considerado bajo por tratarse de material sin usar. La operación de abril cierra formalmente un proceso de desmantelamiento que llevaba casi tres décadas inconcluso.
El gobierno venezolano presentó la operación como una muestra de su compromiso con los tratados internacionales de no proliferación nuclear, en particular el Tratado de Tlatelolco y el Acuerdo de Salvaguardias con el OIEA, en un momento en que Caracas busca consolidar su reintegración a la comunidad internacional tras la caída de Maduro.