En un contenido institucional que se aleja de los reportes convencionales de operaciones militares, el Ejército Nacional de Colombia dio a conocer la historia de resiliencia del subteniente Miguel Ángel Mejía, un oficial de 25 años que sobrevivió a un ataque perpetrado durante la destrucción de un laboratorio de cocaína en el sur del país.
Hijo de una familia de tradición militar, Mejía ingresó a la institución el 11 de enero de 2019 y ascendió al grado de subteniente en diciembre de 2022. Pese a las secuelas físicas del atentado, el oficial reafirmó su compromiso institucional asegurando que su vocación de servicio “sigue intacta”.
La operación en la vereda Siloé y el ataque en el laboratorio
Los hechos se remontan al 3 de septiembre de 2025, cuando la unidad bajo el mando del subteniente Mejía se desplazó hacia la vereda Siloé, ubicada en el municipio de Villagarzón (Putumayo), para intervenir y destruir una infraestructura ilícita de procesamiento de estupefacientes.
Tras una caminata de varios kilómetros e ingresar al punto, las tropas hallaron a dos adultos y a un menor de edad de aproximadamente 12 años trabajando en la estructura.
Luego de poner a salvo al menor e identificarse como tropas del Ejército Nacional para iniciar el procedimiento administrativo y de destrucción, uno de los civiles reaccionó de manera violenta.
“Ese techo, la persona que estaba trabajando ahí intentó como quitarlo, pero pues ahí dijimos que había posibilidades de que él se quemara. Lo que hizo él fue moverse hacia donde estaba todo el tema del combustible y con un balde, me acuerdo es tanto, de color azul, nos roció a tres de nosotros, a dos soldados y a mí”, relató el subteniente Mejía.
El combustible alcanzó a la patrulla y se inflamó rápidamente en el lugar. Uno de los uniformados, el navegador terrestre de la unidad, se prendió en llamas al pisar un charco de combustible encendido. Al ver que su subalterno no lograba extinguir el fuego, el oficial se lanzó sobre él para socorrerlo.
“Lo primero que yo le dije a él fue: tírese al piso y ruede. Al ver yo que no se le extinguía el fuego, pues lo único que se me ocurrió a mí fue tirarme encima de él y comencé a palmatearle la pierna. Tan pronto como yo comencé a darle palmadas, sentí yo la mano caliente. Ya cuando me retiré un poquito, me di cuenta de que la parte del brazo derecho... estaba encendida”, recordó el oficial.
“Pensé que moría ahí”: el instante crítico y la preservación del mando
A pesar de que sus soldados lograron retirarle el casco, el chaleco y la camiseta táctica, la piel del subteniente continuaba ardiendo. En medio del shock inicial por las quemaduras de severa gravedad, Mejía experimentó la sensación inminente de la muerte.
“En momento en que aguanté la respiración fue al darme cuenta de que, a pesar de que ya no tenía las prendas... todavía seguía encendido. Lo primero que pensé en ese momento fue: no, ya, aquí no hay nada más que hacer (...) Lo primero que vi fue a mis papás y a mis hermanos... Me acosté en el pasto y de un momento a otro se interrumpió ese recuerdo de mis papás y lo único que hice yo fue ver humo negro que salía de mi cuerpo”, detalló sobre los momentos más desgarradores de la emergencia.
A pesar del impacto de las lesiones, el oficial destacó que en ningún momento se perdió la unidad de mando sobre el terreno.
El subteniente continuó impartiendo instrucciones tácticas: ordenó el despliegue del anillo de seguridad, indagó por el estado de salud de cada uno de sus soldados —incluido el soldado Fierro, quien lo apagó y salvó su vida— y coordinó a través de su sargento el contacto radial con el comandante del batallón para solicitar la evacuación médica.
Extracción de emergencia y atención médica en el Hospital Militar
La evacuación del lugar fue apoyada por un helicóptero de la Policía Nacional. Tras recibir los primeros auxilios y ser estabilizado en Florencia (Caquetá), el subteniente fue trasladado en un vuelo de apoyo de la Fuerza Aérea Colombiana hacia Bogotá para ser ingresado en el Hospital Militar Central.
A su llegada a la capital, debido a la gravedad de las quemaduras y el trauma sistémico, el uniformado entró en paro cardiorrespiratorio y permaneció durante un periodo prolongado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
“La verdad, todo el hospital, bueno, la parte de cuidados intensivos, se volcó a atenderme a mí por la condición en la que yo había llegado. Y ahí fue cuando me di por vencido. Yo alcancé a hacer paro cuando llegué. Y el hospital estuvo ahí pendiente. Ellos fueron los que han llevado todo el proceso y han hecho maravillas”, afirmó.
Como consecuencia de las quemaduras de tercer grado, al subteniente le fueron amputadas las falanges distales de la mano derecha y sufrió la pérdida del pabellón auricular izquierdo, además de comprometer parte de la piel de su rostro y torso.
Afrontamiento familiar, fe y convicción de permanencia
A lo largo de su proceso de recuperación, el oficial destacó la fortaleza impartida por sus padres —su padre también es un militar retirado que sobrevivió a tres heridas de combate— y el soporte de la fe en momentos críticos. El subteniente recordó la primera vez que se observó al espejo tras las cirugías reconstructivas y la contención psicológica recibida.
“Faltando como quince, ocho días para salir, yo le dije: ‘Mami, yo quiero verme’. Y ella me dijo: ‘¿Estás seguro?’. Y yo le dije: ‘Sí. O sea, ya no puedo revertir lo que pasó. No estoy decepcionado ni triste por lo que pasó. Antes me siento muy orgulloso. Yo quiero ver cómo quedé’... Cuando yo me veo al espejo, la verdad, yo dije como: no estoy mal, o sea, estoy bien”.
Lejos de guardar rencor por lo sucedido en la operación en Villagarzón, Mejía concluyó que el hecho tuvo un propósito superior dentro de su vida y reafirmó su voluntad inquebrantable de continuar su carrera dentro del Ejército Nacional de Colombia.
“El reclamo a Dios nunca ha pasado. Yo soy un creyente de que todos tenemos un propósito. Mi papá me dijo un día que estaba en UCI: ‘¿No crees que pasó esto para salvarte de algo peor?’. Él tiene otro propósito para mí, tanto en el Ejército como en la vida... Y por eso yo quiero continuar en la Fuerza”, concluyó el subteniente.