Los cabecillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) tienen como objetivo tomar el control criminal absoluto del Casanare. Información de inteligencia militar obtenida en exclusiva por SEMANA da cuenta de los movimientos ilegales que esta guerrilla hace para lograr su cometido. Esta estrategia de expansión representa mucho más que una posición en el mapa: dinero, petróleo, ganadería, agricultura y corredores estratégicos para temas de narcotráfico.
“La pretensión de ellos es conquistarlo, porque no lo están logrando. Dentro del plan guerrerista del ELN está conquistar nuevamente Casanare”, aseguró un integrante de inteligencia militar al ser consultado por esos detalles minuciosos que siguen mediante las diferentes herramientas con las que cuentan.
Para el ELN, este departamento es atractivo por el dinero que mueven dinámicas actividades económicas que tienen que ver con la ganadería, el arroz y la agroindustria. El oficial de inteligencia precisó que “la gente no se alcanza a imaginar, pero departamentos como Arauca y Casanare mueven muchísimo dinero”.
Geográficamente, desde el Casanare hasta el departamento de Arauca hay una conexión que termina en la frontera con Venezuela, pero también hay otros corredores que permiten proyectarse hacia Vichada, Guaviare y regiones del sur históricamente golpeadas por el narcotráfico. “Dominar esta región es dominar una economía amplia que les permite tener dinero para acceder a todo lo que necesitan y, además, tener rutas que comunican con el Guaviare”, explicó.
El espacio que dejaron las antiguas Farc es el que quiere conquistar el ELN, así reposa en informaciones que maneja la inteligencia del Ejército Nacional. “Con el proceso de paz se liberan muchas tierras y el ELN entiende que debe copar esos espacios que dejaron las Farc. Es ingresar a estos departamentos para empezar a tener nuevamente dominio sobre esa economía”, afirmó.
En medio de las interceptaciones a las comunicaciones del ELN, la información recolectada en operaciones militares y los datos que entregan fuentes humanas, los agentes de inteligencia han podido determinar que estas conquistas ya no las hacen con grandes grupos de hombres y mujeres, sino que utilizan pequeñas comisiones.
“En los años noventa y principios de los 2000 vivíamos una guerra de masas: eran 400 o 500 guerrilleros atacando bases militares. Ahora no. Ellos andan en grupos de 15 o 20 y para determinadas acciones necesitan solamente dos o tres personas”, relató.
Asimismo, pudieron determinar que las extorsiones se han vuelto clave en las economías ilícitas, pues han logrado identificar una modalidad utilizada por esta guerrilla para propinar duros golpes al sector productivo de esta zona de Colombia.
“Hay gente muy allegada y cercana a comerciantes, agricultores y petroleros que está haciendo eso. Incluso personas que forman parte de la seguridad, de la parte administrativa o gerencial. Entregan información sobre negocios y familia”, reveló la fuente.
Este tipo de acciones intimidatorias toma mayor fuerza porque conocen en detalle cada una de las rutinas de sus víctimas, lo que las hace sentir vigiladas. “Cuando a usted le tocan la familia, ya es otro nivel. Muchos prefieren ceder a la extorsión antes que arriesgarse”, agregó.
De acuerdo con el militar, este es uno de los mecanismos del ELN de tener presencia en el Casanare sin necesidad de contar con grandes cantidades de personas, pero sí efectivas redes de apoyo al terrorismo que los hacen reaccionar ante cualquier situación que los afecte por parte de la fuerza pública u otro grupo armado ilegal.
“El terror genera miedo y zozobra. Cuando el ganadero, el arrocero, el agricultor o el minero ve lo que ocurrió, entiende que la amenaza es seria y termina prefiriendo pagar la extorsión”, aseguró.