Hay una gran preocupación en la Iglesia católica colombiana por cuenta de la reducción del número de religiosas. Cada vez son menos las mujeres que quieren asumir la vocación y esto ha impactado la estructura de las congregaciones: se han cerrado conventos en diferentes puntos del país y suspendido misiones sociales en zonas periféricas con altos niveles de pobreza y vulnerabilidad.

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No hay una entidad que cuantifique la caída a nivel nacional, pero sí hay quienes registran con inquietud el fenómeno. La hermana Patricia Osorno, presidente de la Conferencia de Religiosos de Colombia, aseguró que se está frente a una realidad que no se puede negar: “Los indicadores son implacables y evidencia lo que constatamos. Hoy somos menos. El florecer vocacional de décadas pasadas, por lo menos en Europa y América, ha alcanzado su nivel de declive”.

Para ella, la respuesta simplista que podría explicar la situación sería que los jóvenes no quieren comprometerse. Sin embargo, cree que las resistencias obedecerían a un cambio de cultura que ha impactado la manera de vincularse, de buscar sentido y asumir decisiones duraderas en la vida.

El padre Juan Manuel Beltrán, director del Departamento de Ministerios Ordenados y Consagrados de la Conferencia Episcopal de Colombia, tiene la certeza de que el problema es mundial, y que hay dos razones de fondo que no solo justificarían la reducción de las hermanas, también de los sacerdotes.

Hoy en día no interesa mucho la vocación para convertirse en religiosas o curas. Foto: NurPhoto via Getty Images

En primer lugar, un asunto externo de la Iglesia, correspondiente a la sociedad: “Estamos en un mundo donde vivimos sin Dios. Dios no es lo fundamental. En el siglo pasado, uno de los problemas sociales a nivel religioso era el ateísmo; es decir, gastarle neuronas y reflexión sobre si Dios existe o no existe, y se le dedicaba tiempo al tema. Hoy el tema de Dios es ignorado, es indiferente”.

La interpretación es que las personas crecen en hogares sin ningún tipo de vínculo católico. Al no haber esa referencia, pues no interesaría la vocación para convertirse en religiosas o curas.

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El segundo aspecto tocaría a la Iglesia directamente, según el padre Juan Manuel Beltrán: “A nivel interno, me atrevería a decirlo, siendo autocrítico, nuestra misma falta de testimonio. Quienes ya vivimos nuestra consagración, de pronto, nuestro testimonio no atrae, al contrario, espantamos, alejamos y eso también hace que se ponga en crisis las vocaciones, tanto la vida consagrada como la sacerdotal”.

La reducción en el número de religiosas en Colombia está obligando a cerrar congregaciones y frenar misiones en regiones tan complejas como Chocó: “Es una vida religiosa que se ha tenido que urbanizar. Hemos tenido que dejar los lugares de frontera porque no tenemos relevo, no tenemos religiosas jóvenes con vitalidad misionera para ir a esos lugares”, agregó la hermana Patricia Osorno.

Esto no solo ha ocurrido por la escasez de mujeres que tengan la vocación Foto: Getty Images

Esto no solo ha ocurrido por la escasez de mujeres que tengan la vocación, también por la crisis económica que enfrentan las comunidades religiosas, principalmente por los impuestos que, con algunas reformas, se les ha impuesto a este sector.