Después del interrogatorio que le hizo el subintendente Jhon Alexander Sacristán a Marelbys Meza, la entonces niñera de Laura Sarabia, el pasado 30 de enero, le indicó a la mujer que debía pasar por el polígrafo y ser conectada a unos aparatos.

En ese momento, ella le preguntó por la mecánica del procedimiento con el fin de dar respuestas. En el video, conocido en exclusiva por SEMANA, se le ve cuando se levanta de su silla, se quita la chaqueta y se sienta en el lugar en donde fue sometida a la controversial prueba. El hombre le pidió que se ubicara de forma “cómoda”.

Él mismo le hizo levantar los brazos y le puso el primer dispositivo que midió su frecuencia cardíaca por encima de su busto.

Ella le advirtió que era zurda. Poco a poco, empezó a instalarle los cables en los brazos y en cada uno de los dedos de sus manos. “Vamos a mirar de frente, a tomar aire, se va a concentrar, no se me va a mover”, le dijo el uniformado.

Ella respiró profundo, sonrió y le dijo: “Se me están saliendo los mocos”. Él le alcanzó un papel para limpiarse y le explicó “la esencia del ejercicio”. Le señaló que no siempre debía mirar a la cámara y que debía contestar sí o no.

Ella tomó aire profundo. El policía era muy insistente y le decía que se debía concentrar.

“¿Escribió usted número uno?”, le preguntó. Pasaron unos segundos. “Escribió usted el número dos”, le volvió a preguntar. Ella respondió negativamente. “Escribió usted el número tres”, le insistió, y la respuesta que recibió por parte de ella fue la misma.

“Escribió usted el número cuatro, el número cinco, el número seis, el número siete...”.

Marelbys siguió con la mirada clavada al frente y su cara reflejaba angustia. “Hemos finalizada esta prueba, permanezca quieta hasta que se le indique”, le dijo el hombre.

Marelbys permanecía inmóvil. “Puede descansar, gracias”, le dijo el poligrafista, mientras le preguntó cómo se sintió. “Bien”, aseguró ella, mientras movía sus manos.

Unos instantes después, inició la segunda fase del polígrafo. “No se mueva durante su examen”, le advirtió el hombre. “¿Está usted sentada?”, le preguntó. Y ella respondió: “Sí”.

“Entiende que solo le haré las preguntas que acabamos de pasar”. Marlebys clavó la mirada en el piso y le dijo: “Sí”.

“Con relación a la pérdida del dinero del maletín de la doctora Laura Sarabia, va a contestar este examen...”. Ella respondió “sí”, mientras continuó conectada al polígrafo y mirando al piso.

El cuestionario era lento. “Antes de sus 50 años, ¿dijo usted mentiras para quedar bien?”, le preguntaron, a lo que Marelbys dijo: “No”.

“¿Robó dinero usted del maletín de la doctora?”, la interrogaron. “No”, contestó ella de forma inmediata.

“¿En su adolescencia se apoderó de algo que no le pertenecía y no lo devolvió?” Marelbys dijo “no”.

Entre pregunta y pregunta había un silencio que, paradójicamente, era estresante. Se nota que Marelbys estaba tensa. “¿Robó dinero usted del maletín de la doctora?”, le insistieron. Marelbys volvió a decir “no”.

“Antes de 2022, ¿fue deshonesta con quien confió en usted”, le preguntaron. Ella contestó que “no”.

“¿Cree en mí cuando le digo que no le haré preguntas diferentes a las repasadas?”. “Sí”, respondió.

“La práctica ha finalizado, permanezca quieta hasta que se le indique”, dijo el hombre.

Hasta esta parte del polígrafo, lo más intimidante, paradójicamente, fueron los silencios del poligrafista entre pregunta y pregunta. “Descanse, por favor”, le dijo a la mujer.

Ella bajó la cabeza hacia un lado, se miró una mano, y el hombre la invitó a continuar, y le pidió que mire al frente. “¿Está usted sentada?”. Ella respondió “sí”.

“¿Entiende usted que solo le haré las preguntas que acabamos de repasar?”. Ella se reafirmó en que sí.

“Con relación a la pérdida del dinero del maletín de la doctora Laura, ¿va a contestar con la verdad este examen?”, le preguntaron. Ella contestó “sí”.

Le insistió en una pregunta que ya le había hecho: “¿En su adolescencia se apoderó de algo que no le pertenecía y no lo devolvió?”. Ella dijo: “No”. “¿Robó usted dinero del maletín de la doctora?”. De forma categórica, Marelbys dijo: “No”.

La mujer se veía inmóvil mientras respondía el polígrafo. Otra de las preguntas fue: “Antes de 2022, ¿usted fue deshonesta con alguien que confió en usted?”. Ella insistió en que “no”.

En la técnica del polígrafo se nota que los silencios, entre pregunta y pregunta, son clave. Por tercera vez le repitió: “¿Robó usted dinero del maletín de la doctora Laura?”. Ella volvió a responder: “No”.

“Antes de sus 50 años, ¿dijo usted mentiras para quedar bien con alguien?”, le volvieron a preguntar.

La voz de Marelbys se escuchaba en tono bajo cuando dijo “no”. Su cara reflejaba angustia.

“¿Cree en mi cuando le digo que no le haré preguntas diferentes a las repasadas?” Ella le respondió que sí. A esta altura del polígrafo, el policía aplicaba la técnica de la contradicción y le repetía las preguntas una y otra vez.

En ese momento le indicó que habían terminado ese ciclo. Había silencio. Ella casi no pestañea. “Descanse, por favor”. Ella respiraba y miraba al piso, resignada. “Continuamos, por favor”, le dijo el uniformado. Y le dio una orden: “Concentrada”. E inició un nuevo ciclo de preguntas repetidas.

“Vamos a tomar un recesito, va a tomar airecito”, le dijo el policía minutos después. Él le abrió la puerta y ella salió del pequeño cuarto donde estuvo sometida. Luego, una mujer volvió a ingresar al lugar.

“¿Qué me le está preocupando?”, le dijo el uniformado. “No, nada, yo ya le dije todo”, le respondió Marelbys, y le pidió que le entregara el resultado de la prueba. Él le dijo que la preocupación le estaba el desarrollo del ejercicio. Al fondo se alcanza a escuchar que él le dijo: “Perdida”.

“¿Qué no entendió, qué le preocupa”, le aseguró el policía. Y dio inicio a un nuevo interrogatorio. “¿Qué siente?”, le dijo.

Ella le contestó que tenía miedo de quedarse sin trabajo y que era una persona sola. “Yo necesito trabajar, con este tema siento que estoy perdiendo mi trabajo”. El policía la seguía grabando.

Él, se nota, le hizo un manejo psicológico a Marelbys, y le hablaba suavemente. Ella le empezó a hablar de su hija y a relatarle que le ayuda para el arriendo y algunas cosas que le hacen falta. Le dijo que ella trabaja para pagar lo que debe de la carrera de su hija que es odontóloga.

Después, el policía, vestido de civil, le hizo insinuaciones sobre el dinero. Si lo tomó, si alguien la vio. Ella le dijo que no, y que en la portería había cámaras.

Él le insistió que si, entre sus necesidades, algo la impulsó a tomar el dinero. Pero ella le respondió que, poco a poco, ha ido pagando sus deudas.

La mujer entregó datos de su hija: dónde trabaja, dónde estudia, en dónde se encuentra. Él le preguntó si ya le había informado del caso a ella, y le dijo que no. Tampoco a su mamá para no preocuparla, según contó.

Marelbys afirmó que le preocupaba lo que podía pasar con su trabajo. El policía le decía si sabía las consecuencias jurídicas. El policía le habló de momentos en la vida en que se pueden cometer errores. Marelbys le habló de sus ahorros. Pero, en el interrogatorio, el policía insistía en si había robado a Laura Sarabia. Ella, por el contrario, le contó que le prestaba su tarjeta de crédito a sus patrones para mercar.

Ella, por momentos, le explicaba al policía una y otra vez que no se había robado el dinero.

Él le decía que si había cometido un error, lo podía resarcir y “se puede retroceder”. Además, le dice categórico: “Si usted tuviera el dinero, ¿lo devolvería?”.

Ella le respondió: “Si no tengo el dinero, cómo lo voy a devolver”.

Más adelante, el poligrafista le preguntó a la mujer si había llevado amigos o familiares a la casa de Sarabia. Le planteó, además, qué podía pasar si se encontraba una prueba en su contra, “si alguien le tenía la plata guardada o si un tercero la había tomado con la complicidad de ella”.

“Ustedes saben dónde vivo yo”, respondió Marelbys.

Al final del interrogatorio, el policía le preguntó si se sintió maltratada, a lo que ella respondió que no. Le advirtió que, el día anterior, otro policía sí le había hablado de mala manera.

Al terminar la diligencia, tres horas después, a Marelbys Meza la regresaron su celular. Ya todo el contenido del dispositivo había sido extraído en el misterioso piso 13 del edificio de la Dian, cercano a la Casa de Nariño.

Urgente: SEMANA revela en exclusiva el polémico y abusivo polígrafo al que fue sometida Marelbys Meza, la exniñera de Laura Sarabia, en un sótano al frente de Palacio

SEMANA revela en exclusiva, y en video, el polémico y abusivo polígrafo al que fue sometido Marelbys Meza, la exniñera del hijo de Laura Sarabia. Se trata de dos piezas audiovisuales. La primera tiene una duración de una hora y 39 minutos, y la segunda de 48 minutos. Todo ocurrió el 30 de enero de enero de 2023.

De izquierda a derecha: Laura Sarabia y Marelbys Meza. Foto: SEMANA

Marelbys Meza llegó sin abogado y fue trasladada al sótano de un edificio ubicado al frente de la Casa de Nariño. La controversial prueba fue practicada por uniformados de la Policía adscritos a la Presidencia de la República.

El primer video marca las 2:17 p. m. Luego del polígrafo, se desató una operación con toda la fuerza del Estado para recuperar una suma de dinero que se le perdió a Sarabia, en ese momento jefe de gabinete del Gobierno Petro, y sobre la cual no hay claridad. Inicialmente, ella dijo que se trataba de 4.000 dólares, pero en una versión a la Fiscalía sostuvo que eran 7.000 dólares.

Según denunció la propia Marelbys Meza, mientras le practicaron la prueba, le quitaron su teléfono celular, que fue llevado al misterioso piso 13 de un edificio de la Dian, cerca a la Casa de Nariño. Allí le hicieron una copia espejo al dispositivo.

El polígrafo fue aplicado por el subintendente Jhon Alexander Sacristán, de la Policía.

“Me sentí secuestrada”: la exniñera del hijo de Laura Sarabia denuncia que, tras la pérdida de un maletín con plata de la funcionaria, vivió una pesadilla en un sótano frente a la Casa de Nariño

“Yo sentía que me iban a dejar ahí, que no iba a volver a salir (...). Me hicieron el polígrafo y me dijeron: ‘Usted se puede burlar de ese aparato, pero de nosotros no. Esta noche no va a su casa, de aquí va presa, y le vamos a hacer un allanamiento a todos sus hermanos y a usted’ ”.

Este es el testimonio de Marelbys Meza, la exniñera del hijo de Laura Sarabia, jefa de gabinete del Gobierno Petro, al recordar lo que le habría sucedido el pasado lunes 30 de enero, minutos antes de las dos de la tarde, cuando relata que la ingresaron a un sótano al frente de la Casa de Nariño para someterla a un polígrafo. Concretamente, al edificio Galán, adscrito a la Presidencia. Dicho suceso habría ocurrido luego de la pérdida de un dinero en efectivo que estaba en un maletín en la casa de la alta funcionaria, en Bogotá.

Según la niñera, fue Sarabia quien le advirtió que debía someterse al polígrafo. “Yo no quería ir allá, pero me tocaba. Si no iba, más me acusaban de que me había robado esa plata. Si iba, pues yo les decía: les aclaro que soy inocente. La verdad no quería ir, pero me fueron a recoger a mi casa. Tenía que ir o ir”, relata la mujer, de 51 años, quien vive en un humilde barrio del sur de la capital del país.

Ese día, Harold Rondón, un conductor de la Unidad Nacional de Protección (UNP) al servicio de Sarabia, fue a buscar a Meza a su casa. SEMANA tiene en su poder cinco audios que él le envió a la mujer cuando estaba esperándola afuera de su lugar de residencia. “Hola, Mary, cómo me le va. Estoy ya aquí afuerita”, le dice. Luego, ante la demora, le insiste: “Hola, Mary, te estoy esperando”. Por último, le advierte: “Chúzele, chúzele a eso, porque toca estar allá antesito de las dos”.

Meza se subió al vehículo hacia la una de la tarde y fue conducida al palacio presidencial. Allí ocurrió otro hecho relevante, ya que no ingresó por las puertas oficiales de acceso. No pasó por los controles ni el detector de metales y tampoco hubo un registro. Nadie le pidió la cédula ni le dieron escarapela o contraseña, como es habitual. Es decir, no quedó una sola huella en el sistema de visitantes.

Acompañada de reporteros de SEMANA, Meza regresó a las inmediaciones de la Casa de Nariño el jueves y le mostró al equipo periodístico cómo y por dónde la ingresaron. “Por aquí fue (y señala el edificio Galán, al frente de la Casa de Nariño). Entré en la camioneta. No me pidieron nada en ningún momento. Ni cédula. Pasamos derecho, me llevaron a un sótano donde está lo de poligrafía. Llevaba mi cédula, pero no firmé nada, ningún registro. Cuando estaba en el sótano, me sentí secuestrada, aturdida, ahogada, esperando a que me hicieran el polígrafo”.

Según cuenta la exniñera del hijo de Laura Sarabia, fue recibida “por la teniente Luna”, como recuerda que se llama la mujer de la Policía que luego la entregó a dos hombres vestidos de civil, quienes se encargaron del procedimiento junto con otro que estaba esperándolos en la sala de poligrafía. Este medio conoció los mensajes de voz que le envió Luna a Marelbys, recordándole su “cita en Palacio”. “Me puede regalar su nombre completo, por favor, y su número de cédula para que no le pongan problema en el ingreso acá en Presidencia”, le dice Luna.

“Eran tres hombres, no sé ni sus nombres ni sus apellidos. Pero, si los veo, sé quiénes son (...). Eran altos, robustos, uno moreno y uno más o menos trigueño”, recordó Meza, quien agregó que estuvo durante casi cuatro horas y media en el sótano, donde la sometieron al polígrafo.

Allí, relata, tuvo mucho “miedo”. “Me preguntaron acerca de la maleta, si yo había tomado el dinero. Que si yo tenía cómplices, que si yo le había entregado eso a alguien más, que para dónde había cogido, que a qué horas salía (...). No sabía qué contenía esa maleta porque a mí nunca me dijeron, o sea, la maleta era la del viaje que ella había hecho a Boyacá”.

Lo que más la atemorizó fue la insistencia de los hombres que le practicaron el polígrafo y que le dijeron, según ella, que esa noche no llegaría a su casa. Además, asegura que la incomunicaron. “Me quitaron el teléfono (...). Me decían: ‘Usted es una ladrona, mentirosa, de aquí va derechito a la cárcel’ ”. Además, la habrían amenazado con allanar su casa y la de sus familiares. “Que me iban a llevar para hacer un allanamiento en mi casa. Me decían: ‘¿A usted quién le dice que nosotros en este momento no estamos allanando la casa de toda su familia, de sus hermanos y todos los que estén allá?’. Me preguntaron: ‘¿Dónde está su mamá?’. Les dije: la dejé en el apartamento. Me respondieron: ‘No, usted es una mentirosa, su mamá no está ahí’”.

Perturbada tras la prueba del polígrafo, que le practicaron en tres ocasiones, según ella, y después de las supuestas presiones de los tres hombres, a Marelbys le devolvieron su teléfono celular y la entregaron de nuevo a la oficial de la Policía que la recibió.

Cuando salió, habría esperado a las afueras de Palacio a que la recogiera otro conductor del Gobierno. Desde allí, a las 6:29 p. m., le escribió a su hermano Dayro: “Mi niño, estoy en el polígrafo, me están culpando de un dinero que se perdió”. Él le respondió: “Todo bien, mi hermanita”. Ella continuó: “Soy inocente, manito, estoy acá esperando”. Él trató de calmarla: “Usted tiene su corazón y su conciencia limpia, no te preocupes, Jamer (su otro hermano) y yo estamos pendientes, si tienen pruebas que las demuestren en la Fiscalía”.

A las 6:32 p. m., Marelbys le insistió a su hermano: “No he cogido nada”. Él le dijo: “Nosotros te conocemos”. La mujer le advirtió: “Me van a llevar al apartamento a revisar”. Él le dijo: “Que vayan pa que vean”.

Luego, sobre las 6:35 p. m., ella le contó a su hermano: “Me tenían el teléfono, por eso no te había llamado, tú sabes que yo evito al máximo los problemas y vea”. Su hermano le pidió que les explicara a quienes la tenían que su mamá estaba muy enferma. Ella le aseguró que ya les había informado de ello.

A las 7:19 p. m., Marelbys le contó a Dayro: “Yo estoy sin almuerzo, así le paga el diablo a quien bien le sirve, tanto que les ayudé en la campaña, trasnocho, atendiendo un montón de gente, y ni las gracias”. Él le respondió: “Así es la vida”. Minutos después, a las 7:24 p. m., la niñera aseguró: “Yo les dije: solo sé trabajar (...) acá está lloviendo, con mucho frío”. Luego, le envió un video a su hermano, de apenas tres segundos, en el que se ve la Casa de Nariño y la ubicación exacta en donde estaba esa noche.

A las 7:33 p. m., su hermano le preguntó: “¿A dónde te llevaron?”. Ella le dijo de inmediato: “A Palacio, acá estoy afuera escampando”. Su hermano le contestó: “Umm, imagínate, ¿con alguien más?”. Ella le dijo: “Sola, acá esperando”.

Hacia las 9:08 p. m. de esa noche, ella volvió a comunicarse con Dayro. “Me está llevando el conductor de la secretaria de Laura, voy sola con él, no me han dicho nada”.

Eran las 10:00 p. m. y Marelbys, por fin, regresó a su casa. El día anterior, cuando la niñera celebraba su cumpleaños 51, empezó toda esta historia. Ese domingo recibió una comunicación de Andrés Parra, esposo de Laura Sarabia. Él le pidió que regresara de urgencia al apartamento. Ella, de inmediato, cumplió la orden del esposo de su jefa y, poco tiempo después, llegó al que era en ese momento su lugar de trabajo: la vivienda de la jefa de gabinete del Gobierno Petro.

Según sus palabras, al llegar, se enteró de que alguien había robado el dinero “en efectivo” que estaba en el maletín mediano, de color negro, que dos días antes una mujer policía que trabaja con Sarabia le entregó en sus manos.

“Cuando llegué, estaba la Sijín, la Policía. Me tomaron huellas, me preguntaron. Andrés les dijo que me dejaran hablar con él un momento. Entonces, él me dijo: ‘Mary, se perdió una gran suma de dinero, dime si tú la cogiste y yo paro la demanda que se está haciendo y no pasa nada (...). Ya después no puedo hacer nada por ti’”, le dijo la mujer a SEMANA.

La respuesta de Marelbys fue inmediata. “Yo le dije a él que no había cogido nada. Entonces, me mandan para el primer piso del edificio para hacerme la indagatoria por escrito preguntándome qué había pasado, cómo era la maleta, quién entró. Todo eso fue el viernes (27 de enero), cuando la teniente llevó la maleta, no me sé el nombre de ella, yo estaba con el niño cargado. Le dije: ponga la maleta allí, y ella la puso en el mueble. Yo salí a descansar el sábado, como a las 5:00 p. m.”.

Aunque la primera denuncia de Laura Sarabia en la Fiscalía habla de un poco más de 30 millones de pesos perdidos, la versión de la exniñera de su hijo menciona una cantidad superior: “El policía me saca al pasillo y me dice: ‘Es que aquí no estamos hablando de 100 pesos, estamos hablando de 150 millones de pesos que usted se robó. Diga dónde los tiene’ ”. Ese domingo, Sarabia estuvo presente en el apartamento, según Marelbys.

Sobre los movimientos de dinero de la jefa de gabinete del Gobierno Petro, la mujer sostuvo: “Cuando ella llegaba, iba directo a su cuarto. Lo único que se escuchaba era que sonaba la caja fuerte cuando se le ponía la clave. Sonaba tiqui, tiqui, tiqui”.

“Ella desarmaba la maleta cuando llegaba de viaje o la mamá. Nunca le desarmé ni le hice la maleta, nunca le tocaba nada”, señaló Marelbys, quien aseguró que, después de la pérdida del dinero, ella y su familia afrontaron otros episodios que la preocuparon.

Según ella, desde la noche del 30 de enero, cuando salió del edificio ubicado al frente de la Casa de Nariño, y que pertenece al Gobierno, la han venido vigilando. “Al día siguiente veía carros desde la ventana de mi apartamento. Veía carros todo el día, parqueados ahí. Sentía como si me estuvieran persiguiendo”, contó la exniñera del hijo de Sarabia. “Nunca me dieron los resultados del polígrafo”, agregó.

Ella enfatizó que quien maneja supuestamente el dinero en la casa de Laura Sarabia es su esposo, Andrés: “Como dos veces le presté mi tarjeta del Éxito y fui a hacer las compras como a las once o doce de la noche, cuando ya el bebé estaba dormido y compraba lo que faltaba. Yo le pasaba la factura y él me pagaba en efectivo”.

Jamer, su otro hermano, también habría vivido un episodio delicado de hostigamiento. “Mi hermano tiene un carro que trabaja en Uber y se le presentaron unos hombres y le dijeron: ‘Dónde está el botín, dónde está la plata’. Lo maltrataron verbalmente. Le dijeron que éramos unos ladrones, que les diera 2 millones de pesos. ‘Denos algo’, le dijeron. Y quisieron como llevárselo. Mi hermano, como es de mal genio y es serio, les dijo: ‘No tengo nada, si quieren revisen el carro, no tengo nada, no tengo que robar nada’”, contó Marelbys.

Ella afirmó que, una semana después de haber ido a esa cita, tuvo igualmente otro incidente. Fue abordada por un grupo de policías justo cuando esperaba un bus con sus hermanos, una amiga y un menor en la Terminal de Transporte de Bogotá para enviar a su mamá a El Copey, Cesar. Los uniformados la habrían llevado a un puesto de la Policía ubicado allí mismo para requisarlos a todos.

“Nos abren todas las maletas, nos revisan cosa por cosa, nos dijeron que qué llevábamos ahí. Empezaron a buscar, no sé qué buscaban, porque, la verdad, no encontraron nada. Las mujeres policías nos revisaron el cuerpo y todo. Nos requisaron a todos. A mi mamá, a mi persona, a mis hermanos, a una amiga y a mi sobrinito. Yo dije: pensarán que estoy mandando a mi mamá con la plata en la maleta o no sé, pero no encontraron nada. No teníamos nada que esconder”, narró Marelbys.

La niñera indicó que fue citada en una oportunidad a la Sijín, en la carrera 15 n.º 6-20, Seccional de Investigación Criminal, en el centro de Bogotá, el 20 de abril a las 7:30 de la mañana. Allí, de nuevo, le hicieron preguntas, le tomaron una declaración y la conectaron, por videollamada, con un abogado de oficio, de nombre Harvey, a quien ni siquiera pudo contarle el episodio del polígrafo porque él tenía otras obligaciones pendientes.

Finalmente, Marelbys le compartió a SEMANA el mensaje con el que fue despedida por Laura Sarabia: “Mary, quería saber cómo estabas y decirte lo siguiente: la verdad, hemos hablado bastante con Andrés sobre tu situación. Estamos preocupados porque al parecer la investigación va para largo y si tú no tienes nada que ver con lo que pasó, pues lo más injusto sería afectarte y pedirte que nos esperes. Al final, concluimos con Andrés que lo mejor es liquidarte y pagarte lo que te debíamos para que también puedas buscar trabajo. Lo sentimos mucho, Mary, porque sabes que te tenemos aprecio, pero, por favor, entiéndenos que sin saber qué fue lo que pasó no podríamos estar tranquilos. Y, como te decía, tampoco queremos ser injustos contigo”.

Hoy Marelbys tiene temor. “Siento que me persiguen, que tengo el teléfono chuzado, estoy en mi casa y siento que están ahí. Siempre está un carro, todo el día parqueado”.

Luego de denunciar lo que vivió, en entrevista exclusiva con SEMANA, Marelbys le pidió a la Fiscalía que investigue. “Quiero que se sepa la verdad de lo que ha pasado”