SEMANA conoció detalles de cómo el ELN habría intensificado una estrategia de intimidación contra la población civil en Tame, Arauca, donde los habitantes quedaron atrapados entre la ofensiva de la Fuerza Pública y las represalias de los grupos armados ilegales.

La advertencia más reciente quedó registrada el pasado 17 de julio, cuando integrantes de esa organización abandonaron una volqueta cargada con explosivos a pocos metros de una institución educativa donde diariamente permanecen cerca de un centenar de menores de edad.

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Fuentes de inteligencia consultadas por esta revista aseguran que el vehículo no solo representaba un potencial atentado contra la Fuerza Pública, sino que también enviaba un mensaje de terror a las comunidades que, según las autoridades, han comenzado a romper el silencio y a entregar información sobre la presencia y los movimientos de esa guerrilla.

Detrás de varios de los golpes que las Fuerzas Militares han logrado propinar al ELN en Arauca hay ciudadanos que, pese al riesgo de ser asesinados, decidieron colaborar con las autoridades. Su motivación es una sola: poner fin a una violencia que, según relatan, les arrebató la posibilidad de llevar una vida normal.

Guerrilla del ELN. Foto: Guillermo Torres / Semana

“Uno le pasa la información a las autoridades porque ya uno está cansado de las explosiones, de los disparos de fusiles y de que esto siga igual. Ellos hacen lo que quieren y se llevan a los niños para sus filas”, relató bajo estricta reserva un líder social de la región.

Un oficial de inteligencia militar confirmó a SEMANA que la colaboración ciudadana ha sido determinante para evitar atentados y neutralizar acciones de los grupos armados, aunque reconoció que quienes suministran información viven bajo permanente amenaza.

“La comunidad, cuando puede, colabora. Lo hace con miedo, con temor y con zozobra. Muchas personas conocen movimientos del ELN, pero callan porque viven bajo amenazas. Sin embargo, hay ciudadanos que, aun arriesgando su vida, entregan información que permite evitar tragedias como esta”, explicó.

Según el oficial, tanto el ELN como las disidencias de las Farc ejercen una fuerte presión sobre las comunidades mediante amenazas, extorsiones y restricciones a la movilidad. Aun así, cada vez son más los habitantes que deciden suministrar información al Ejército, permitiendo el desarrollo de operaciones militares contra esas estructuras.

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“Antes del proceso de paz, las Farc eran las dueñas de Arauca. Después del proceso de paz, el ELN pasó a ocupar esos territorios. Hoy la gente está cansada de las extorsiones, del reclutamiento y de las amenazas. Quien piensa diferente o se opone termina asesinado o desplazado”, aseguró.

Fuentes militares sostienen que la volqueta cargada con explosivos encontrada cerca del colegio en Tame tenía un fuerte componente de intimidación. Más allá del eventual ataque, el objetivo era demostrar que la guerrilla mantiene capacidad de ejercer control sobre el territorio y castigar a quienes colaboran con las autoridades.

“Lo que ocurrió con esa volqueta es un mensaje intimidatorio. Es decirle a la comunidad: ‘Aquí mandamos nosotros’. Quien dejó esa volqueta sabía perfectamente que allí funcionaba una escuela y que diariamente pasaban decenas de niños. Eran conscientes del daño que podían causar, pero no les importa porque lo hacen como venganza, ya que las comunidades ya no les están obedeciendo”, indicó el oficial.

Expertos en explosivos del Ejército explicaron que una de las circunstancias que evitó una tragedia de grandes proporciones fue que los menores de edad no portaban dispositivos móviles cerca del vehículo, pues una señal de radiofrecuencia habría podido activar las cargas explosivas, dependiendo del sistema de detonación instalado.

Para los organismos de inteligencia, otro de los retos en Arauca es la capacidad del ELN para mantener una amplia red de apoyo logístico e informativo que dificulta las operaciones militares.

“El ELN se diferencia de otros grupos porque tiene redes de apoyo al terrorismo muy bien estructuradas. Han logrado permear distintos sectores, no solo sociales y económicos, sino también políticos. Ahora las mismas comunidades ya no le son tan leales y es donde entramos nosotros”, sostuvo el oficial.

Guerrilla del ELN impone sus reglas en las regiones de Colombia. Foto: Guillermo Torres / Semana

Aunque las Fuerzas Militares no participan en asuntos políticos, el uniformado consultado manifestó su expectativa de que el próximo gobierno fortalezca las operaciones ofensivas contra los grupos armados ilegales, al considerar que las actuales acciones no han permitido afectar de manera suficiente a los principales cabecillas de esas organizaciones.

Mientras tanto, en Tame la rutina continúa marcada por el temor. Las operaciones militares siguen desarrollándose y la comunidad permanece en medio del fuego cruzado, enfrentando un dilema permanente: guardar silencio para sobrevivir o colaborar con las autoridades y exponerse a las represalias de una guerrilla que, según las fuentes consultadas, ha comenzado a castigar con mayor dureza a quienes desafían su control territorial.