SEMANA: Hay mucha expectativa por la serie sobre el proceso 8.000. ¿Por qué recordar este episodio?
Mauricio Vargas: El 3 de septiembre, HBO Max lanza la serie El 8.000, el presidente que se iba a caer, basada en las investigaciones que, entre 1994 y 1996, Jorge Lesmes, Édgar Téllez y yo, apoyados por otros periodistas de SEMANA, condujimos sobre la multimillonaria financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper en el 94 por parte del cartel de Cali. Muchos que siguieron esa historia hoy apenas la recuerdan. Y las nuevas generaciones poco saben de ella. Es una apuesta contra el olvido: mientras Colombia deje perder la memoria de escándalos de corrupción como este, en que un cartel de la droga eligió presidente de la república, el país no terminará de enderezar el rumbo.
SEMANA: Usted era el director de esta revista. ¿Cuál fue su papel?
M.V.: Como director de SEMANA, mi tarea era coordinar las indagaciones periodísticas que conducían Lesmes, como jefe de redacción, y Téllez, como jefe de investigaciones. En más de 45 años de carrera, nunca he dejado de pensar y actuar como reportero, en busca de la información, sobre todo de aquella que algunos buscan esconder. Así que, aunque era director de la revista, vivía con el overol de reportero siempre puesto. Claro que, a la hora de editar artículos, decidir qué historia estaba lista para ser divulgada, cómo titular y qué tema iba en portada, tenía la responsabilidad como director, siempre bajo la tutela del presidente de SEMANA, Felipe López Caballero, cuya exigencia, liderazgo y consejo contribuyó enormemente a que toda la historia saliera a la luz. Debatíamos mucho con Felipe, incluso peleábamos y alguna vez los tres lo amenazamos con renunciar, pero, a la hora de la verdad, él respaldó las investigaciones y se jugó por el destape de toda la historia.
SEMANA: El documental tiene una chiva: la revelación de Robert Gelbard, secretario de Estado adjunto de Estados Unidos, quien narra por primera vez una reunión que tuvo con Ernesto Samper. ¿Qué se sabe de esa cita que no se supiera en su momento?
M.V.: Dejemos que eso lo revele la serie. La clave aquí es entender que Samper siempre echó mano de su cinismo y su doblez para manipular incluso a los altos funcionarios de Estados Unidos. Y con ese mismo cinismo hoy ejerce como expresidente de la república, como si la masiva financiación de su campaña por el cartel de Cali no lo hubiera manchado. Hay gente que dice: a todas las campañas entró plata del narcotráfico. Pero lo que olvidan es que, en el caso de la de Samper, fue una financiación gigantesca que cambió el rumbo de la campaña y lo salvó de la derrota. No en vano lo ve uno ahora de gran aliado de Gustavo Petro, el otro cuya campaña fue masivamente financiada por fuerzas oscuras. Dios los cría y ellos se juntan.
SEMANA: ¿Por qué, si Ernesto Samper había confesado a los norteamericanos la entrada de esos dineros, su gobierno nunca se cayó?
M.V.: Primero, porque, para que eso ocurriera, la Cámara de Representantes tenía que votar mayoritariamente a favor del juicio contra el presidente, y votó en contra. Además, por culpa del embajador Myles Frechette, quien prefirió chantajear a Samper para restablecer la extradición, en vez de presionar política y económicamente su salida del poder.
SEMANA: ¿Usted tuvo contacto directo con Estados Unidos, especialmente con Myles Frechette?
M.V.: Hablé muchas veces con el embajador Frechette, quien me reveló, en caliente y mientras la historia ocurría, lo que Estados Unidos sabía. Todo eso está contado en el libro que publicamos hace exactamente 30 años y que esperamos salga reeditado en pocos días.
SEMANA: ¿Cómo veía usted a Ernesto Samper en ese momento y cómo lo ve hoy?
M.V.: En mi libro Memorias secretas del revolcón, publicado en 1993 sobre mi experiencia como consejero y ministro del presidente César Gaviria, conté que ni Gaviria ni el Gobierno de Estados Unidos confiaban en Samper. Conocí desde muy temprano su capacidad de hacerse el de la vista gorda para tratar con narcos y corruptos. Y me temo que no ha cambiado.
SEMANA: SEMANA tuvo chivas periodísticas muy grandes en el proceso 8.000. ¿Cómo llegaron a la historia de la Monita Retrechera?
M.V.: Eso está contado en el libro y en la serie, y fue, como casi todo, el resultado del excelente manejo de fuentes de Lesmes y Téllez. En el caso de Téllez, él llevaba muchos años de trabajo como reportero en el mundo militar y sabía muy bien cómo convencer de hablar off the record. Cuando Téllez llegó a SEMANA, la investigación arrancaba, y puso su valiosísima lista de contactos reservados en el Ejército, la Marina y en la inteligencia militar al servicio de nuestras indagaciones.
Semana: ¿Y cuál era el talento de Lesmes?
M.V.: Lo mejor fue siempre su capacidad para ganarse la confianza de algunos de los implicados, como el tesorero de la campaña, Santiago Medina. En ocasiones, Lesmes y Téllez se reunían con algunos de los implicados y actuaban como el policía malo (Téllez) y el policía bueno (Lesmes). Con su tono bonachón y amable, Lesmes era capaz de hacer hablar al más reservado y al más desconfiado. Ambos constituyen la mejor pareja de reporteros investigadores que he conocido.
SEMANA: Como director de SEMANA, ¿usted o el equipo periodístico fueron amenazados por estas investigaciones?
M.V.: No fuimos amenazados: vivíamos amenazados. Era la vida cotidiana. En ese mundo de fuerzas oscuras cayó asesinado Álvaro Gómez Hurtado, que también denunciaba en su periódico el escándalo. Yo andaba en carro blindado, y alguna vez mi conductor, yo no iba a bordo, fue detenido por hombres armados que le preguntaron dónde estaba yo. Lesmes y Téllez eran protegidos por algunas de sus fuentes en las Fuerzas Armadas: era una protección que se basaba en que sus contactos pudiesen enterarse con antelación de cualquier acción contra ellos y les dijeran.
SEMANA: ¿Por qué cree que los Rodríguez Orejuela nunca delataron a Samper y prefirieron tener este final en las cárceles de Estados Unidos?
M.V.: Bueno, lo han delatado a medias, con su silencio que es a veces elocuente. No fueron más lejos por su fidelidad a la ley del silencio que se impone en el mundo mafioso. Además, sabían que, hicieran lo que hicieran, pasarían décadas en la cárcel y nada iba a cambiar eso.
SEMANA: Una investigación de esa envergadura debía generar una presión muy grande del Gobierno. ¿Cómo fue lidiar con el de Ernesto Samper en medio de este escándalo?
M.V.: Nos acosaban, nos amenazaban, nos intimidaban por diferentes vías. Pero nosotros vivíamos con la adrenalina a mil por todo lo que íbamos descubriendo y eso garantizó que nunca nos detuviéramos.
SEMANA: A usted el samperismo lo acusó de conspirador. ¿Cómo lidió con eso?
M.V.: Me daba risa. ¿Qué más iban a decir? ¿Que Lesmes, Téllez y yo éramos excelentes periodistas? (Risas). Tenían que jugar a eso, y hubo mucho idiota útil que los ayudó con el cuentico ese de que éramos conspiradores. Pero aun así, la historia salió a la luz, que era nuestro objetivo. No fuimos los únicos acusados de conspirar. Julio Sánchez Cristo, quien respaldó muchísimo desde la radio nuestras investigaciones, también fue incluido en esa lista. Y María Isabel Rueda y María Elvira Samper, que dirigían el noticiero QAP, también fueron señaladas por el Gobierno.
SEMANA: ¿En qué momento, tras todo este trabajo, ustedes decidieron escribir el libro que inspira esta serie?
M.V.: Cuando el ciclo de lo que era investigable se cerraba, a mediados de 1996. Les dije a Lesmes y Téllez: “Es hora de dejar todo esto por escrito para que lo lean ahora y en el futuro”. Y resolvimos contar la historia en forma de diario para que los lectores revivieran, día a día, cómo habíamos destapado el escándalo.
SEMANA: ¿Cómo le fue al libro en ese momento?
M.V.: Tuvo excelentes ventas, y eso que no pudimos hacerle mucha promoción en librerías y sesiones de firmas porque había amenazas contra nosotros. Aun así, fue uno de los best sellers del año en Colombia.
SEMANA: ¿Qué espera que pase con esta serie?
M.V.: Espero que los que han olvidado recuerden y los que no sabían se enteren.