SEMANA: Su libro da un testimonio impresionante de fortaleza. Además de haber sido protagonista de momentos muy importantes de la vida del país, hay un relato muy detallado sobre su situación de salud. ¿Por qué decidió contar lo que ha vivido en su recuperación de forma tan abierta?
Rafael Pardo: Porque estoy bien, vivo y disfrutando la vida. Porque los temas médicos y de salud no deberían ser un tabú. El querer volver a opinar y estar presente en la actualidad colombiana suponía para mí contar de manera transparente mi ausencia temporal. Además, porque mi cambio de voz implicaba estar presente de una nueva manera.
SEMANA: Su historia con la enfermedad comienza en un momento muy difícil, cuando usted era ministro de Defensa y se había dado de baja a Pablo Escobar. ¿Qué le pasó? ¿En algún momento se supo si tuvo que ver con el estrés de este episodio?
R.P.: Mi primera rotura de un aneurisma de aorta ocurrió pocos días después de la muerte de Pablo Escobar. Aunque tengo un componente genético por parte de mi familia materna, sí existe la hipótesis de que los picos de presión tan marcados que viví durante ese momento fueron los causantes de ese episodio. Una vez superada la tormenta, mi cuerpo me pasó factura.
SEMANA: ¿Cómo vivió con esa condición tan difícil durante 25 años logrando todo lo que alcanzó profesionalmente?
R.P.: Realmente, una vez superado el episodio con una cirugía exitosa, mi vida era completamente normal. Yo nunca sentí que tuviera una condición que me limitara de ninguna manera. Creo que solo me acordaba del tema en mis chequeos anuales, con los cuales sí era muy juicioso.
SEMANA: ¿Qué fue lo que cambió para tener que ser intervenido quirúrgicamente?
R.P.: En 2018, justamente en mi chequeo anual, los médicos identificaron que era necesaria una nueva cirugía para reemplazar la prótesis que me habían puesto 25 años atrás, además de tener que cambiar la válvula aórtica. No fue una decisión fácil, pero el riesgo de no hacerlo era alto. Así que como familia decidimos que era el mejor camino.
SEMANA: Usted vivió muchas cosas muy graves y muy seguidas. Además de la operación, tuvo un accidente cerebrovascular, un infarto y le dio covid. Su médico y amigo Juan de Francisco explica en su libro que es como si usted hubiera sobrevivido a la caída de un avión varias veces. ¿Así se siente?
R.P.: Sí, realmente me siento como un sobreviviente. Muchos episodios, muy seguidos, para mucha gente letales, pero tengo la suerte de haberlos superado.
SEMANA: Usted dice en un momento de este relato: “No morí. No era mi día”. En una entrevista con Gustavo Gómez hace unos años, narró cómo realmente había muerto cuatro veces. ¿Cómo lo cambia a uno esa cercanía con un eventual fin de la vida?
R.P.: Aunque, evidentemente, he estado cerca, muy cerca de la muerte varias veces, si le soy honesto, no pienso en eso. Seguramente, esa cercanía con la muerte me hace tener una visión más positiva frente a la vida y me permite poner en perspectiva muchas situaciones o problemas. Le pongo más intención a compartir la vida con los que quiero y hacer lo que más me gusta.
SEMANA: Se necesita mucha tenacidad para lograr la recuperación a la que usted ha llegado. ¿Qué ha implicado eso? ¿Por qué nunca se rindió?
R.P.: Tengo muchas ganas de vivir. No ver a mis hijas y nietos crecer no era una opción para mí. Muchos a mi alrededor lo pueden ver como disciplina, pero para mí era lo que había que hacer y lo hice.
SEMANA: En su libro es muy conmovedor sentir esa compañía tan grande de su esposa, la periodista Diana Calderón. ¿Cómo han vivido como pareja todo esto?
R.P.: Con el amor que sentimos el uno por el otro.
SEMANA: Su familia ha estado muy presente. ¿Cómo han entendido sus nietos chiquitos todo el proceso que ha vivido?
R.P.: Ellos han sido gran fuente de inspiración para mi recuperación. Recuerdo que, tan pronto salí de la clínica después del ACV, no sabía cómo Martín, mi nieto, que en ese entonces tenía 4 años, iba a reaccionar. Se terminó volviendo mi mejor compañero de terapia y quien me celebraba cada uno de mis avances y logros.
Hoy me dice que soy su héroe. Hace dos años escribió un libro en el colegio y tuve el gran honor de que me lo dedicara. Elisa, quien nació en 2019, solo conoce esta nueva versión mía y así hemos construido la espectacular relación que tenemos sin ningún impedimento. Soy el abuelo Wafa.
SEMANA: En su libro no solo está su voz, sino la de muchas personas que han estado con usted en todos esos momentos de su vida. Hablan su esposa, sus hijas, sus médicos, sus amigos. ¿Cómo fue este proceso de reportería para hacer el libro?
R.P.: El libro y el pódcast fueron una espectacular excusa para reconectar y conectar desde un lugar diferente con las personas más importantes para mí. Fue un ejercicio maravilloso de sentarme a pensar en todo lo que había hecho en mi vida, cosa que nunca había hecho, y de agradecer y reconocer la cantidad de personas que me han acompañado a lo largo de ella.
Contactar a cada uno de ellos y encontrar siempre palabras positivas, llenas de anécdotas, se convirtieron en gran insumo para el libro, y me recuerdan desde otro ángulo lo afortunado que he sido.
SEMANA: Hay algo maravilloso en su historia, que, de hecho, es el título del libro, y es cómo recupera usted la voz tras perder las cuerdas vocales en uno de esos episodios de salud. Cuéntenos cómo logra con IA poner de nuevo su voz a andar.
R.P.: Aunque a veces mis hijas me vean y molesten por haber nacido a mediados del siglo pasado, entender y estar enterado de las tendencias es algo que siempre me ha interesado. El fenómeno de los pódcast y de la inteligencia artificial no es la excepción. La idea inicial surgió con querer hacer un pódcast. Luego, gracias a los genios de Daniel Samper y Juan Abel Gutiérrez, nació la idea de recrear mi voz con IA, lo cual hubiera sido imposible sin el talentoso Azul Manzano, quien es el artífice de lograr una voz tan real.
SEMANA: A usted lo conocemos como uno de los hombres más lúcidos de Colombia. ¿Qué piensa de lo que estamos viviendo electoralmente?
R.P.: Hay mucho en juego. Las instituciones han demostrado su fortaleza y el sistema de pesos y contrapesos ha funcionado. Sin embargo, esa institucionalidad, que ha sido determinante para frenar iniciativas irresponsables, improvisadas y carentes de sustento técnico, se debilita con el tiempo.
Si a esto le sumamos la amenaza de la constituyente, los colombianos deben dimensionar que el voto no es solo un derecho, sino, en este contexto, un deber.
SEMANA: ¿Cómo vio los resultados de las elecciones del pasado 8 de marzo?
R.P.: Totalmente esperados, con algunos resultados que generan esperanza y otros que preocupan. Veo como muy positivos los resultados de la Gran Consulta con el triunfo de Paloma y la alta votación de Oviedo. La composición política del Congreso y algunos de los elegidos me preocupan.
SEMANA: Hay quienes creen que estamos viviendo un tiempo muy difícil, en el que, prácticamente, con constituyente a bordo, todo podría estar en juego. Usted, que ha estado en los “dolorosos” del país, ¿le parece que lo de hoy es tan grave?
R.P.: Los riesgos de ahora y los que me tocaron a mí en la violencia del narcoterrorismo hace 35 años son diferentes y, por tanto, no comparables. Hoy, sin lugar a duda, es un momento difícil para el país.
SEMANA: ¿Qué piensa de que Colombia llegue al punto de tener que elegir entre dos opuestos como Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella?
R.P.: Se abrió una nueva posibilidad: Paloma Valencia. Y más aún con la elección de Juan Daniel Oviedo, con su gran preparación, además de ser una persona sin tacha. Habrá ahora que analizar sus propuestas frente a las necesidades de Colombia. Otras personas valiosas no obtuvieron el reconocimiento de los ciudadanos.