Cuando ocurre una catástrofe sísmica, la atención inmediata se concentra en atender la emergencia, proteger a las personas y recuperar los servicios esenciales. Pero una vez superada esa primera etapa, comienza un desafío mucho más largo: reconstruir una ciudad y recuperar las condiciones que permiten que su economía, sus servicios y la vida cotidiana vuelvan a funcionar.
La reconstrucción es un proceso de largo aliento. No se limita a reparar viviendas o levantar las edificaciones afectadas. Implica intervenir infraestructura, recuperar redes y servicios, adecuar espacios públicos, reactivar establecimientos comerciales, fortalecer empresas, recuperar instituciones educativas y de atención, modernizar sistemas y acompañar la recuperación económica y social de las comunidades.
Esto significa que, durante los próximos años, se generará una demanda importante de personas con diferentes conocimientos y habilidades para acompañar las múltiples etapas de la recuperación. Y allí la formación técnica adquiere una relevancia estratégica.
Una reconstrucción de esta magnitud necesita talento humano disponible en los territorios, con formación pertinente y capacidades prácticas para responder a las necesidades que van apareciendo. Se necesitarán personas que puedan incorporarse rápidamente a distintos sectores productivos, apoyar procesos de operación y mantenimiento, participar en proyectos de infraestructura y servicios, gestionar procesos administrativos, tecnológicos y de seguridad, y contribuir a que las actividades económicas vuelvan a ponerse en marcha.
La formación técnica tiene precisamente una fortaleza frente a este tipo de escenarios: su conexión con las necesidades concretas del mundo laboral. Su orientación práctica permite desarrollar competencias que pueden responder a sectores que tendrán una alta demanda de talento durante un proceso de reconstrucción, al tiempo que abre oportunidades para que habitantes de las zonas afectadas participen directamente en la recuperación de sus propios territorios.
La reconstrucción, además, puede convertirse en una oportunidad para fortalecer el talento local. Que una parte importante de las personas requeridas para este proceso pueda formarse y trabajar en sus propios territorios permitiría que los recursos y las oportunidades asociados a la recuperación tengan un efecto que vaya más allá de la reconstrucción física. La formación puede convertirse así en un mecanismo para generar empleo, fortalecer capacidades locales y acompañar la recuperación económica.
En este escenario, las instituciones que ofrecen formación técnica y profesional tienen un papel importante: anticiparse a las necesidades del mercado laboral y preparar talento para los desafíos que enfrentarán los territorios. “La reconstrucción la debemos hacer juntos, sumando capacidades y voluntades. Esto incluye una oportunidad para fortalecer la formación técnica en las regiones afectadas, y que así logremos que la educación genere las competencias específicas que necesitan los sectores económicos durante la reconstrucción”, asegura el rector de la Fundación Universitaria Colombo Germana —Unigermana—, Eduardo Behrentz.
El reto será anticipar esas necesidades y evitar que la falta de talento se convierta en un obstáculo para la recuperación. La reconstrucción tendrá tiempos largos, múltiples etapas y una demanda diversa de trabajadores y profesionales. Prepararse desde ahora significa que, cuando los proyectos avancen, los territorios puedan contar con personas capacitadas para aprovechar las oportunidades que traerá este proceso.