De Gentil Duarte se sabe cómo su accionar criminal sembró el terror en el país. El exguerrillero le incumplió al proceso de paz y terminó convertido en un capo al mando de la más peligrosa operación de drogas ilícitas. Desde Venezuela, no solo manejaba ese negocio, sino que también urdía planes criminales contra Colombia como atentados terroristas y el envío de toneladas de coca a otros países. Lo poco que se conoce es la estela de devastación que su accionar dejó en uno de los tesoros más importantes del país: la selva amazónica.
SEMANA habló con el general Alejandro Barerra, director de carabineros, a cargo de la protección ambiental. “Para las autoridades colombianas, Gentil Duarte y alias Mordisco, a la cabeza de las disidencias de las Farc, se consideran los mayores depredadores de esta zona del país”, dijo sobre su impacto en la Amazonía y Orinoquía colombiana.
“Una de sus pretensiones siempre ha sido la deforestación para el acaparamiento de tierras”, explicó el general. Agregó que han analizado la influencia del grupo armado en la destrucción de la naturaleza y han evidenciado los daños irreversibles que le han propinado.
Uno de los frentes desconocidos de ese daño ambiental se ha realizado por medio de la compra de ganado de contrabando y de la construcción de carreteras ilegales para transportarlo. “Así han generado la praderización de los bosques nativos”, puntualizó. En los últimos años, la deforestación ha alcanzado 170.000 hectáreas por año. Más del 70 % se ha dado para este acaparamiento de tierras.
¿Quién era Gentil Duarte?
Alias Gentil Duarte, de 56 años de edad, es oriundo del municipio de Florencia, Caquetá. De familia campesina, apenas llegó hasta quinto de primaria y hace 40 años ingresó a las filas de las Farc. Estuvo en el frente 14 de la guerrilla cuando apenas celebraba sus 17 años de edad.
En más 40 años en la insurgencia logró hacerse al control de varias zonas en el oriente del país y junto a otros peligrosos delincuentes, como alias El Paisa, logró amasar una fortuna derivada del narcotráfico, una actividad criminal que quiso continuar luego de su deserción del proceso de paz y el intento por comandar la llamada Segunda Marquetalia.
En 1998 integró el Estado Mayor del Bloque Jorge Briceño de las Farc, ubicándose como un hombre de confianza de alias El Mono Jojoy y Manuel Marulanda Vélez. Se ganó la confianza de los cabecillas de la extinta guerrilla luego de reportar ganancias superiores a los 6.000 millones de pesos por concepto de narcotráfico. En 2010 alias el Mono Jojoy lo dejó como responsable de la custodia y entrega de pruebas de supervivencia de los policías y militares secuestrados.
Los años siguientes, hasta los acercamientos con el Gobierno de cara al proceso de paz, se encargó del reclutamiento de menores y actividades de terrorismo en los diferentes municipios que estaban bajo el control del bloque Jorge Briceño.
Deudas con la justicia
En contra de Gentil Duarte hay nueve órdenes de captura por delitos como terrorismo, concierto para delinquir, narcotráfico, secuestro, homicidios y extorsión. Esas órdenes de captura se derivan de al menos 18 procesos judiciales que tiene en la Fiscalía por una historia criminal que se extendió tras su permanencia como cabecilla de las disidencias de las Farc.
Además, en su contra hay dos circulares rojas y dos azules de Interpol por su ubicación y captura. Antes del proceso de paz se firmó una solicitud de extradición a los Estados Unidos por los delitos de terrorismo y secuestro, incluso era requerido por una Corte de Columbia por narcotráfico, su nombre estaba entre los más buscados en ese país.
Fue Duarte quien se encargó de la custodia de decenas de secuestrados, la mayoría integrantes de la Fuerza Pública, políticos y comerciantes, por quienes exigían millonarias extorsiones para liberarlos. Entre esos secuestrados estuvo Emmanuel, el hijo de la también secuestrada Clara Rojas.
El desertor
Este cabecilla incluso estuvo en La Habana en una parte crucial del proceso de paz, aunque en su cabeza estaba claro que continuar con el negocio criminal del narcotráfico era una decisión, así fuera a través de terceras personas, que finalmente terminaron siendo las disidencias de las Farc, luego la Segunda Marquetalia.
Tras su deserción del proceso, descubrió que las autoridades como la Fiscalía y hasta agencias internacionales lo tenían en la lupa. Sabía que su fachada de firmante del proceso de paz se desbarató luego de los informes de inteligencia que lo dejaban como el cabecilla de una red narcotraficante.
Nuevamente y en la clandestinidad, alias Gentil Duarte se dedicó a lo mismo que su experiencia en las Farc le dejó: el reclutamiento ilícito, la extorsión, el secuestro y control de las rutas para el narcotráfico. Con lo que no contó este cabecilla de las disidencias era que otros grupos criminales estaban en el mismo propósito.
Lo último
Hace una semana, la Fiscalía confirmó una nueva orden de captura contra Miguel Botache Santanilla, alias Gentil Duarte, por el desplazamiento forzado de 60 personas en el departamento de Guaviare.
“Este hombre, como exjefe del frente séptimo de las extintas Farc, habría promovido una violenta confrontación en jurisdicción de El Retorno (Guaviare) entre 2002 y 2004, en la que se presentaron constantes enfrentamientos armados y otras acciones ilícitas que pusieron en peligro la vida e integridad de las comunidades”, dijo la directora especializada contra las Violaciones a los Derechos Humanos, Deicy Jaramillo Rivera.
La Fiscalía aseguró que serían más de nueve las órdenes de captura que corren en su contra y los procesos estaban en la dirección de Derechos Humanos de la entidad por cuenta de las actividades criminales que desplegaba y orientaba este cabecilla de las disidencias.
“El material de prueba da cuenta de que el actuar criminal de alias Gentil Duarte y sus hombres, al parecer, generó 11 hechos de desplazamiento, que comprometen cerca de 60 víctimas, la mayoría menores de edad y adultos mayores”, dijo la Fiscalía al explicar por qué se tomó la determinación de librar una orden de captura.
Recientemente, alias Gentil Duarte estaba en la llamada lista de los “Símbolos del mal” y por su captura el Gobierno ofreció 3.000 millones de pesos como recompensa.