El turismo en el Caribe colombiano sigue siendo sitiado por los grupos armados ilegales, quienes participan directamente de su beneficio económico en departamentos como Magdalena, Cesar, La Guajira, Montes de María y hasta el golfo de Morrosquillo, en el departamento de Sucre.
Son esos operadores que no aparecen en las guías de viaje, tampoco en las cifras oficiales, pero sí en el territorio, donde hay poca presencia del Estado. Los ilegales regulan, organizan y obtienen estas ganancias.
SEMANA conoció el testimonio de una joven cuya familia tiene fincas en Montes de María, muy cerca del municipio de El Carmen de Bolívar, pero para ir a su finca a distraerse o pasar el rato con otras personas, deben pasar por el estricto control de los jefes del Clan del Golfo que lo controlan todo.
“Cuando uno va de viaje, siempre hay hombres en motocicletas de alto cilindraje pendientes de quién entra y de quién sale. Ellos exigen siempre unos impuestos que, en realidad, es la popular extorsión; sin embargo, todo funciona como un relojito y la zona es bastante segura. Son cosas que no deberían ocurrir; aun así es la realidad”, explicó.
Asimismo, detalló que en el cerro La Cansona, que es uno de los miradores cercanos al pueblo, hay una vigilancia extrema de los ilegales sin que la Fuerza Pública haga mayor presencia.
“Uno sabe que la situación es bastante compleja con el tema de la seguridad, pero como ellos tienen sus reglas, es que si hay peleas, te multan, y si tienes más de un número determinado de cabezas de ganado en las fincas, también pagas el impuesto que ellos mismos dicen”, contó.
El profesor Luis Fernando Trejos, experto en asuntos de conflicto de la Universidad del Norte, lo cuenta con claridad: “Lo primero que hay que tener en cuenta es que el turismo es una actividad económica susceptible, es decir, establecen normas que todos los operadores o actores relacionados con el turismo terminan cumpliendo, lo que genera cierta certidumbre o estabilidad en el modelo económico turístico”.
Asimismo, indicó que hay un estilo de gobernanza armada o de un control territorial que es más eficiente que el del Estado, lo que hace que sea más atractivo para los inversionistas que, a su juicio, lo que buscan es poder tener ganancias sin importar que son grupos armados.
“En ciertos balnearios y zonas turísticas, estos grupos garantizan que no haya atracos, ni alteraciones al orden público como peleas o disturbios. Además, prohíben actividades criminales dentro de esos territorios, salvo aquellas que ellos mismos controlan. Por ejemplo, pueden no prohibir el microtráfico, pero son ellos quienes lo gestionan, ya que los turistas muchas veces demandan bienes y servicios ilegales, incluyendo drogas”, explicó Trejos.
Muestra del control del territorio fue lo ocurrido entre La Guajira y el departamento del Magdalena, donde las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada o Los Pachencas citaron por redes sociales una fiesta electrónica y terminó con el secuestro de 25 turistas. En una operación del Gaula del Ejército fue que lograron su liberación y la captura de 11 presuntos integrantes de esa organización.
Los presuntos secuestradores se contactaron con las familias de las 25 personas para que entregaran un dinero o, si no, atentarían contra los que estaban retenidos. En ese momento, uno de los afectados se dirigió a donde las autoridades, quienes adelantaron una operación articulada que fue liderada por el Gaula Militar del Ejército Nacional.
“Gracias a información de inteligencia, los soldados del Gaula Militar Guajira tuvieron conocimiento de la situación y reaccionaron de manera inmediata, desplegando una operación que permitió rescatar a las víctimas sanas y salvas”, detalló la institución.
Lo anterior muestra cómo operan y delinquen utilizando a turistas, pero también las redes sociales y sus diversos modus operandi. Los controles ilegales ocurren principalmente en la Troncal del Caribe, entre Santa Marta y Palomino, en zona rural de Dibulla, La Guajira.
Para el antropólogo de la Universidad del Magdalena, Lerber Dimas Vásquez, todo ocurre en medio de las renovaciones por captaciones ilegales de estos grupos alzados en armas.
“En algunas regiones estamos hablando de una tercera bonanza económica; en este caso, la del turismo. Por ejemplo, en la Sierra Nevada, esta actividad se ha expandido por todo el macizo montañoso, pero claramente bajo el control de los grupos armados que operan en el territorio”, indicó.
Dimas precisó que todo esto se vino a registrar luego de que las Autodefensas Unidas de Colombia se desmovilizaran y los acuerdos de paz con las Farc. “Esas zonas tenían enormes riquezas naturales que no habían sido explotadas, lo que permitió el auge del turismo ecológico. Esa apertura dio origen a una economía que los grupos armados no tenían en su radar, pero que resultó ser altamente rentable”, agregó.
Para el experto, si los grupos ilegales intimidaban a los turistas, los alejaban de estas zonas, pero sí lo hicieron con los operadores del turismo en el Caribe colombiano. “Por eso comenzaron a controlar no al turista directamente, sino las economías alrededor del turismo, imponiendo cobros y regulaciones. Lo más interesante es que estos grupos también buscan generar orden. Es decir, crean condiciones de seguridad para que el turismo no desaparezca, sino que se mantenga y crezca. Esto convierte al turismo en una economía sólida, estable y muy rentable para ellos”, explicó.
De igual manera, dio a conocer que el dinero producto de estas prácticas ha sido reinvertido en el turismo y en las adecuaciones de los lugares.
“Hay muy poco control de las autoridades sobre el sector turístico. Si uno revisa los registros de las cámaras de comercio, los negocios formalmente constituidos son muy pocos y no existe un seguimiento riguroso sobre quién está detrás de ellos”, advirtió.
También dijo que “no hay mecanismos efectivos para identificar si el dinero con el que se crean estos negocios es de origen legal o ilegal. Simplemente se otorgan permisos y los establecimientos comienzan a operar. Es así como se pueden montar hostales que cuestan entre tres mil y cinco mil millones de pesos sin un seguimiento efectivo del origen de esos recursos”.
En Sucre, por ejemplo, los turistas que llegan a disfrutar del golfo de Morrosquillo, que incluye Tolú y Coveñas, están claros de que no pueden discutir porque son multados por los grupos ilegales, puntualmente, el Clan del Golfo, que tiene sus propias reglas en el territorio.
“Nadie entra a operar de manera independiente: no se pueden imponer tarifas distintas ni crear rutas sin autorización. Ellos estructuran el turismo para distribuir los ingresos de manera equilibrada entre los actores. Si alguien incumple, puede enfrentar sanciones económicas, perder el negocio o incluso recibir castigos más severos”, detalló Dimas.
Una fuente judicial que le sigue el rastro a los cargamentos de droga en el departamento de Sucre le dijo a esta revista que el Clan del Golfo no solo gana dinero con el turismo, sino que también con las lanchas rápidas donde sacan la droga.
“Esto acá es un negocio muy perfecto para ellos porque a la gente le gusta venir porque no pasa nada y no pasa nada porque ellos tienen una vigilancia estricta. Las motos que hacen servicios no pueden usar cascos de seguridad, porque deben saber quiénes se mueven y en qué horarios. Todo es con autorizaciones. Las lanchas de droga también son coordinadas desde estos puntos de Sucre, donde lamentablemente no contamos con todo el apoyo necesario para poder frenar el narcotráfico”, detalló.
Para el profesor Trejos, el problema de todo lo que ocurre es de fondo y no de forma. “Lo que se evidencia, en primer lugar, es una debilidad institucional en esos territorios, porque los grupos armados terminan asumiendo funciones del Estado”.
“Si un grupo es derrotado, se desmoviliza o negocia, pero si el Estado no asume funciones clave como la administración de justicia, el recaudo de tributos y la garantía de la seguridad, rápidamente otro grupo ocupará ese espacio. Esto ha generado una especie de callejón sin salida en el que han estado distintos gobiernos”, finalizó.
Aunque el Caribe es uno de los sitios turísticos más apetecidos por muchos, en Colombia es necesaria una verdadera presencia del Estado para hacerle frente a los ilegales.