Una propuesta en el Concejo busca identificar miles de predios y edificios en desuso en Bogotá para reactivarlos con fines habitacionales y económicos mientras se define su destino final.

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¿Cómo funcionaría el censo de predios abandonados y su uso temporal en Bogotá?

En el Concejo de Bogotá se abrió un nuevo frente de discusión urbana sobre qué hacer con los miles de predios y edificios abandonados que hoy deterioran sectores enteros de la capital.

La respuesta, al menos sobre el papel, apunta a convertir ese problema en una oportunidad inmediata de vivienda y reactivación económica.

La iniciativa, que ya fue radicada y debatida, propone crear un registro oficial de inmuebles abandonados o subutilizados en la ciudad, una especie de censo que permita identificar con precisión dónde están, en qué condiciones se encuentran y qué potencial tienen. A partir de ese diagnóstico, la idea es habilitarlos para usos temporales, principalmente vivienda y comercio, mientras se define su destino definitivo.

Detrás de la propuesta hay una preocupación que no es menor, pues Bogotá acumula un número significativo de edificaciones sin uso o con un aprovechamiento mínimo, especialmente en zonas centrales. Según la iniciativa impulsada desde el Concejo de Bogotá, el plan piloto podría analizar cerca de 9.000 inmuebles, aunque no todos serían intervenidos al mismo tiempo.

El enfoque no es improvisado. En el debate se ha insistido en que estos espacios abandonados no solo representan un desperdicio de suelo urbano, sino que también terminan asociados a problemas de inseguridad, deterioro del entorno y pérdida de valor en barrios completos. “Reusar estas edificaciones para vivienda y comercio” es, en palabras de la cabildante Cristina Calderón Restrepo, una forma de devolverles función y vida dentro del tejido urbano.

La propuesta encaja con una línea de política pública que Bogotá ya viene explorando: el reúso de infraestructura existente. Desde la Secretaría de Hábitat se han impulsado estrategias para transformar edificaciones subutilizadas en soluciones habitacionales, con metas que superan las 14.000 unidades dentro de estructuras ya construidas.

Más allá del déficit de vivienda, el argumento también es ambiental. El sector de la construcción puede representar entre el 30 % y el 40 % de las emisiones asociadas al ciclo de vida de los edificios en una ciudad como Bogotá. Reutilizar lo existente, en lugar de expandir la ciudad hacia nuevas áreas, reduce esa presión y evita seguir ocupando suelo rural o zonas de valor ecológico.

El plan contempla habilitar de forma temporal edificios en desuso para arriendos, comercio y actividades productivas, mientras se resuelven aspectos legales y estructurales en Bogotá.

Uso temporal de predios abandonados en Bogotá: así funcionaría el modelo flexible del Concejo

En la práctica, el modelo que se plantea es temporal y flexible.

Los inmuebles censados podrían ser adaptados para arriendos, comercio o actividades productivas mientras se resuelven temas estructurales, jurídicos o de planeación. Algo similar ya ocurre con predios públicos: por ejemplo, el Distrito ha permitido el uso económico temporal de lotes demolidos en la carrera Séptima para evitar su abandono y mejorar la seguridad en la zona.

Sin embargo, el proyecto también abre interrogantes. La viabilidad técnica de cada edificio, la protección del patrimonio arquitectónico, los costos de adecuación y, sobre todo, la voluntad de los propietarios privados serán factores determinantes. No todos los predios podrán ser reutilizados, y el proceso de selección será clave para evitar riesgos estructurales o urbanísticos.

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Aun así, el mensaje político es claro: en una ciudad que, como han advertido los expertos, “ya tocó sus límites”, la prioridad empieza a moverse del crecimiento hacia la reutilización.

Bogotá no solo busca construir más, sino aprovechar mejor lo que ya existe.