Elizabeth Serna, más conocida como Nikita, quien lleva más de dos décadas de trabajo social en el distrito de Aguablanca, oriente de Cali, y fue una de las gestoras del acompañamiento a los jóvenes en Puerto Resistencia durante las protestas de 2021, no se guardó nada al hacer el balance del Gobierno Petro, al que apoyó activamente en campaña.
Sobre su experiencia con el Gobierno nacional, la lideresa fue tajante: “Para mí la experiencia que nosotros tuvimos, o yo en especial como líder que apoyé todo este proceso, pues para mí no fue positivo”. Agregó que las promesas hechas a los jóvenes de la Primera Línea quedaron en el papel: “No se cumplió, pues para mi concepto no se cumplió la mayoría de las cosas, para mí casi nada”.
La crítica más dura la dirigió al programa de ayudas para los jóvenes que participaron en el estallido social: “Yo vi que eso fue como un círculo cerrado, porque no fue para todos; de hecho, de los míos no quedó ninguno y muchos que yo conocí tampoco quedaron. En sí, no supe a quién fue que ayudaron”.
El desplante que la hizo tomar distancia
Serna relató un episodio puntual que marcó su ruptura con el proyecto político: un encuentro fortuito en el aeropuerto de Bogotá con el senador Wilson Arias, a quien le pidió ayuda para gestionar un espacio con el entonces senador Gustavo Bolívar en favor de un proyecto para jóvenes.
“Le dije, mire, necesito que me ayude con Gustavo Bolívar, necesitamos hacer algo por los jóvenes”, contó. La respuesta, según su testimonio, fue una negativa rotunda: “No tengo nada que ver y yo en eso no me meto”. Para Serna, ese momento resume el trato que recibió de la dirigencia del Pacto Histórico: “Cómo decir que en eso no se mete o que no quiere opinar referente al tema, si saben que nosotros dimos todo de nosotros porque ese Gobierno quedara”.
La lideresa insiste en que su respaldo a la campaña fue genuino y sin ningún tipo de retribución: “A mí nunca me dieron ni un peso, pero lo dimos todo y ganó”. Hoy resume su decepción sin rodeos: “Fui petrista, no del Pacto Histórico, fui petrista”. Y sentencia sobre su presente político: “Ahora no, no soy de ningún partido”.
Serna cuestionó además cómo terminaron judicializados jóvenes que, asegura, cumplían un rol de contención dentro de las protestas. “Fueron unos que los colocaron a pagar cárcel y yo puedo meterle las manos al fuego por ellos, dos en especial que pagaron cárcel por ese tema, que son pelados estudiados que eran los que mediaban en forma positiva para que no hicieran daño (...) ellos eran los que metían el control, para mí más positivo que todos, y los catalogaron como delincuentes, los metieron presos”.
Sobre el resultado general del estallido, su conclusión es agridulce: “Algunos salieron beneficiados, pero otras personas de verdad que merecían haber tenido cargos, oportunidades más grandes y todo, no, siento que no”.
De enemiga de Uribe a aliada de su fundación social
El giro más llamativo del relato de Serna es su acercamiento al expresidente Álvaro Uribe, a quien —según cuenta— buscó tras no encontrar respaldo en el gobierno de izquierda para su proyecto social Jóvenes Semillas en Ruta, enfocado en niños y jóvenes en riesgo por el fenómeno del “chacaleo” y el “güireo” en el distrito de Aguablanca.
“Cuando el expresidente Uribe me dice: ‘Venga, nos sentamos y hablamos’, me mandó a buscar (...) yo dije bueno, pues, yo tanto que le hice la guerra a ese señor, tanto que peleamos con ese señor, y, si él quiere, pues nos sentamos a hablar con él”, relató.
Según Serna, el propio Uribe le manifestó su intención de aportar: “Me dijo que él quería aportar algo diferente, que él quería hacer algo diferente porque sentía que no podíamos seguir peleando”.
El acercamiento no se quedó en una reunión: Serna llevó a Uribe hasta la calle 21, en el Jarillón de Aguablanca, pese a las advertencias de empresarios que le recomendaban no ir. “Me cuentan a mí algunos empresarios que le decían: ‘No, presidente, no vaya a ir allá, que le puede pasar algo’, y él dijo: ‘No, yo quiero ir’”. La visita, asegura, fue recibida por jóvenes de pandillas, exintegrantes de la Primera Línea y habitantes del sector, “con toda la decencia del mundo”.
Ese acercamiento le costó caro en su momento: “Recibí muchas amenazas (...) comenzaron a decirme que merecía que me muriera, que me querían hacer de todo, palabras horribles”. Hoy, sin embargo, defiende su decisión: “Si aquí me dan la oportunidad de hacer algo por los jóvenes, con todo mi corazón lo hago”.
También respaldó a Abelardo De La Espriella
Serna confirmó que apoyó la candidatura del hoy presidente electo, Abelardo De La Espriella. Negó de plano las versiones que aseveran que recibió dinero por “voltear” votos hacia esa campaña: “No me ha pagado nada, no lo conozco personalmente (...) a mí nadie me pagó nada, yo fui de corazón”, dijo.
Sobre la decisión de instalar sedes alternas de Gobierno en Cali, la lideresa se mostró optimista y pidió no prejuzgar: “Es una oportunidad muy grande que le está dando a nuestra ciudad (...) nos está colocando como un foco principal a nivel mundial”. Y lanzó un mensaje directo a los sectores del petrismo caleño que calificaron la decisión como una “provocación”: “No podemos pensar en que ya está él (el nuevo mandato); tenemos que ver cómo sacamos el beneficio para que nuestra ciudad crezca y mejore”.
Consultada sobre si Cali podría vivir un nuevo estallido social en los próximos meses, Serna fue clara: “Yo siento que puede ocurrir, sí puede ocurrir, pero todo depende de cómo se haga el trabajo con la nueva Presidencia (...) si comienza a hacer las cosas mal, yo siento que sí, claro, todo el mundo se va a unir”.
No obstante, advirtió que la capacidad de movilización que existió en 2021 se ha desgastado: “La gente ya se está cansando también de dejarse manejar tanto, ya no es la misma cantidad, los ríos de gente que había antes, no”.
Sobre los escándalos que han golpeado al Gobierno nacional, como el de Juliana Guerrero, Serna no ocultó su malestar y cuestionó las versiones oficiales sobre la formación académica de la funcionaria: “¿Quién va a salir a hablar de una universidad y decir que no la vio y no estudió? Y ella tampoco ha podido comprobar que estudió”.
Finalmente, Serna resumió lo que considera la mayor herida de este proceso: jóvenes con talento que, según ella, terminaron sin las oportunidades que el propio Gobierno les había prometido en medio del estallido. “Eso ha sido duro, porque había jóvenes con bastantes talentos y capacidades que podían llegar a ocupar esos cargos”, concluyó.