Los comerciantes en Colombia se han caracterizado a lo largo de la historia por su pujanza, lucha constante, creatividad e iniciativa, que les ha permitido caer y volver a levantarse y abrir nuevos mercados.

En muchas ocasiones, los triunfos los consiguen en lugares diferentes a su tierra natal. Este es el caso de Octavio Quintero, uno de los migrantes paisas que llegaron al Valle del Cauca y se adueñaron del comercio de alimentos de su capital.

En diálogo con Diego Martínez, director de El País de Cali, este líder contó detalles del que ha sido denominado como el fenómeno de migración más importante que se ha tenido en la ciudad de Cali: el de los granadinos, es decir, personas que llegaron de Granada, Antioquia, y se quedaron, tanto que actualmente son 15.000 granadinos y en Granada hay 12.000 habitantes.

Octavio Quintero, presidente de la Junta Directiva de Fenalco Valle. Foto: El País

El arribo de estas personas a Cali comenzó en los años cincuenta y poco a poco se hicieron al comercio de alimentos en Cali, tanto que actualmente manejan el 70 % del comercio de víveres en la ciudad.

Entre los granadinos más destacados se encuentran Tulio Gómez, actual presidente del América de Cali, y Octavio Quintero, quien es el presidente de la junta directiva de Fenalco Valle.

En el espacio Al banquillo con Martillo, que realiza el director de El País, de Cali, Diego Martínez Lloreda, Quintero contó la apasionante historia de esta migración paisa y compartió el secreto de su éxito. SEMANA reproduce la entrevista.

¿Usted fue el primer granadino que llegó a Cali?

No. La historia de los granadinos en Cali se remonta al final del siglo XIX. Usted seguro escuchó de la herrería antioqueña, que fue fuerte en el sur de Antioquia porque por ahí penetraron al Viejo Caldas, que era Caldas, Quindío y Risaralda. La gente llegaba por allá a coger café. Venían a esas fincas a trabajar y ya por los años cuarenta o cincuenta vinieron aquí a Cali la primera generación granadinos.

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¿Quiénes eran?

Don Francisco Quintero, Emilio Quintero, Jesús Zuluaga, algunos primos míos o hermanos de mi papá. El primer granero lo montaron en el barrio El Popular, vendían panela, granos y abarrotes. Y hay una historia bien interesante, alguna vez me preguntaron por qué todos los granadinos tienen graneros y tiendas: porque el granadino lo primero que tiene que asegurarse es la comida y teniendo su tienda se aseguraba, por lo menos, el desayuno, así no vendiera.

Para los años cincuenta llegaron los granadinos a vender papa, a vender frutas, a llevar mercados; fueron ahorrando, creando algún patrimonio, pero no encontraban quién les trabajara 12 o 14 horas al día. Entonces fueron trayendo a los sobrinos, a los nietos, a los parientes y familiares y paisanos a que les ayudaran a esas jornadas; luego, cuando salieron del centro, se fueron hacia las plazas de mercado. Nosotros somos la segunda generación.

La historia de los granadinos en Cali se remonta al final del siglo XIX. Octavio Quintero, presidente de Fenalco, es uno de ellos Foto: Giancarlo Manzano / El País

¿Octavio Quintero por qué llegó a Cali?

Hay una realidad y es que la mejor avenida de Granada era la venida para Cali (risas). Salíamos del campo al pueblo y acá a la gran ciudad, buscando oportunidades.

¿Y por qué no se fueron para Medellín?

Es que allá hay mucho paisa (risas). En mi familia éramos 14 hermanos, y mi padre me dijo: “Mijito, si quiere estudiar mire a ver qué hace, acá solo hay para bachillerato”. Yo tenía dos hermanos que se habían venido y vi que muchos querían trabajar, pero no estudiaban y yo sí pensé en venir a estudiar y trabajar en Cali. Tenía 17 años cuando llegué a Cali, estudié contaduría pública y luego administración de empresas, pero siempre de la mano de mi trabajo.

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¿Cómo comenzó?

Bulteando, jalando carreta, llevando mercados, ayudando en mostradores, luego vendedor ambulante, luego vendedor de mostrador, visitamos clientes y logramos salir adelante. Yo primero que todo tenía que asegurarme el tema empresarial, con trabajos informales al principio, luego ya en el granero, me hice vendedor, después me hice socio de mi hermano en la empresa. Luego también nos pegamos una quebrada en el año 2000 impresionante. Pero veníamos creciendo, haciendo un trabajo social con la colonia.

¿Cómo hicieron los granadinos para apoderarse del centro de Cali?

Yo no diría que se adueñaron. Yo creo que hicieron un trabajo muy interesante y es que los judíos y los árabes de los años treinta o cuarenta hicieron una labor espectacular en el desarrollo del centro, la mayoría de sus hijos se profesionalizó y se fue, y llegaron estos granadinos con un hambre impresionante y empezaron a revivirlo. Si eso no se hubiera dado, no sabemos qué sería el centro hoy. Los grandes centros comerciales del centro, estamos hablando de la recuperación del hotel Aristi, shopping center; el Pasaje Cali, que es el papá de los centros comerciales en el centro, es de Manolo Castaño y de toda la familia Castaño Gómez. Ellos han hecho un gran aporte al desarrollo, ese centro comercial cumplió 70 años, generan empleo, unos cuatro mil a cinco mil empleados en el centro de Cali. Pero no solo el centro, hablemos de supermercado, galerías, plazas de mercado, tiendas, autoservicios.

¿Qué marcas de supermercados tienen los granadinos?

Mercamío, Cañaveral, Grancolombia, Mercar, Mercaunión, La Montaña, Superinter, además de una cantidad de negocios pequeños y medianos que son impresionantes.

¿Es cierto que cuando fueron creciendo, a los granadinos no los aceptaron como miembros de Fenalco?

Esa es una historia muy dolorosa. Hubo un momento difícil para los empresarios granadinos, yo personalmente quería hacer un puente; en su momento, no se logró porque había mucha estigmatización sobre los comerciantes del centro. No se pudo en su momento, pero el tiempo nos dio la razón de demostrar que hay gente trabajando, aportando al desarrollo de Cali, generando empleo, generando bienestar.

Los granadinos, los reyes del 'retail' en Cali. Foto de referencia Foto: Getty Images

En Cali se dice que usted tiene candidatos al Concejo. ¿Cuál es la política que usted hace?

Mi abuelo era un patriarca en Granada y mi mamá me decía: “El único que le sacó la vena política a mi abuelo fue usted”. Mi proyecto de vida lo desarrollo en el tema empresarial, porque yo primero tengo que asegurar la comida, primero mi empresa; segundo, el tema gremial, que me apasiona. Despues, el tema social y comunitario. Pero mi centro de gravedad es la familia. En 1990, el doctor Carlos Holguín me ofreció que fuera representante a la Cámara y yo le dije que no quería abandonar mi empresa porque estaba muy pequeña y todavía tenía que consolidarla.

¿A usted le gustaría ser alcalde de Cali?

Me lo han dicho cantidad de veces, si me lo hubieran propuesto hace 20 años, me encantaría, pero a mi esposa y mis hijos no les gusta... Hace unos ocho años contemplé la posibilidad seriamente. Me senté en una mesa y les dije a mi esposa, a mi hija Melisa, a mi hijo Juan Pablo, que me habían ofrecido un cargo en la política. Mi mujer se puso furiosa, mi hija Melisa también y Juan Pablo dijo con esa conexión que tiene y muy muy muy ácido: “Mamá, si mi papá llevaba 40 años haciendo política, ¿cuál es el problema de que se meta a la Alcaldía?”. Yo fui hablando el tema, fui haciendo consultas a nivel nacional, con muchos amigos y todo mundo emocionado con el cuento...

¿Y qué pasó?

Un mes después me llama Rosita Jaluf y me dice: “Octavio, yo estoy en un proceso de retiro de Fenalco y la única persona a la que le entrego mis banderas es a usted, que ha sido leal y me he acompañado, en fin, me dijo unas palabras lindas... Entonces les echo el cuento a mi esposa y a mis hijos, y me dicen emocionados: “Eso es lo suyo, qué cuento esa vaina de política”.

Yo creo que me pasó el cuarto de hora para ser alcalde; efectivamente, en el tiempo que se planeó con Rosita se dieron las cosas, asumir la presidencia de Fenalco, ya llevo seis años porque lo que funciona no se cambia. Mucha gente cree que por deporte o por moda hay que cambiar las cosas. No, no, si yo me siento útil, ¿por qué me voy a ir?, yo me voy cuando no sirva.

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Uno de esos pupilos que usted ha mencionado aquí es Tulio Gómez, un empresario muy exitoso, presidente del América. A él le están coqueteando para que sea candidato a la Alcaldía de Cali. Yo estoy seguro de que le vino a preguntar su opinión sobre eso, ¿le gustaría ver a Tulio en la Alcaldía de Cali?

Tulio es un hermano, yo lo conozco desde 1978, lo conocí en un puesto de verduras a media cuadra del Sena del barrio Santa Fe, a cuatro cuadras de la Galería de la Floresta. Cuando él me vio me dijo: “Usted es paisano”. A él lo trajeron de chiquito de Granada, los papás son de Granada, somos la misma familia. Sé de la inteligencia de él. Uno con los amigos tiene que ser sincero y le dije: “No se desespere y vaya viendo las circunstancias, no se desgaste, no vale la pena. Ahorita salieron con el cuento de que va para la Gobernación”.

Tulio Gómez, presidente del América, suena para la alcaldía de Cali. Foto: Archivo / El País

Le voy a decir una cosa de Tulio bien linda. Desde el primer día que hablamos de política con él, me dijo: “Octavio, yo no tengo obsesión por ser alcalde de Cali, me han buscado mucho, lo que quiero aportarle a esta ciudad, devolverle alguito de lo que me ha dado a mí y a mi familia de verdad, no tengo afán y si hay alguien que tenga los méritos y le dé y el vuelco que necesita Cali, aquí estoy para apoyar”.

Yo creo que en eso están, mirando, escuchando, viendo que realmente hay muy buenos candidatos. Creo que él sí va a tener una apuesta importante, será un aporte al mejor candidato; en su momento, él sabrá cuál será, pero que él vaya a ser candidato a la Gobernación o a la Alcaldía, no creo.

El guiño suyo es importante para un futuro alcalde de Cali, ¿cuál de todos los candidatos le gusta?

A mí me gustan todos, muchos son mis amigos, pero yo como representante de unas organizaciones muy respetables de esta ciudad no puedo comprometerme, hay gente muy buena en todos los partidos en la izquierda, en la derecha, en el centro. Hay como 25 candidatos y creo que hay que esperar a que se decanten porque necesitamos focalizar mucho más el tema.

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Como empresario, ¿qué tan optimista o pesimista es sobre el futuro económico del país?

Siempre habrá que darle un compás de espera, la gente quería un cambio y esa es la democracia. Lo único que les digo a los colegas es que su negocio, su tienda, no la pueden trasladar para ninguna parte. Aquí tenemos que seguir luchando. Creo que vamos por buen camino porque se ha visto ese tema de pesos y contrapesos que hace que las instituciones funcionen.

Miren las medidas y los proyectos que se cayeron, eso significa que se entendió que por ejemplo una reforma laboral no iba a generar empleo, sino desempleo. Ojalá se presenten unas nuevas reformas, consensuadas, que realmente generen empleo, bienestar; lo mismo pasó con la reforma a la salud.

Aspiro a que el presidente se enfoque en el tema de la seguridad, que es muy complejo. Preocupa lo que está pasando en todas las regiones, necesitamos que el Gobierno se ponga serio en esto porque realmente la extorsión y el secuestro han vuelto y las comunidades están desesperadas. También el robo, el atraco y como que hay patente de corso para delinquir, eso no puede pasar. El Gobierno tiene que ponerse las pilas.