“En Medellín todo está muy caro”. La frase se volvió recurrente en las calles, las tiendas, los supermercados, en las conversaciones de pareja, en las reuniones familiares, entre los amigos, en las redes sociales y hasta ha sido tema en los debates de los candidatos presidenciales que buscan suceder a Gustavo Petro.

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No es para menos. Los paisas, y algunos extranjeros que se volvieron uno más en la ciudad, sienten que solo con abrir la puerta de sus casas ya se han gastado un platal. Comparan los precios de los alimentos, del transporte y hasta del licor con otras ciudades del país y se quedan aterrados y ante la pregunta sobre la percepción de que si Medellín es una ciudad costosa responden con certeza: sí, acá todo está muy caro.

Una de ellas, Jose Salas, una artista plástica chilena que llegó a la capital antioqueña hace 11 años, cuando, asegura, nadie quería ir allí. En ese entonces los altos índices de violencia de la ciudad apenas estaban cayendo, luego de la guerra entre Sebastián y Valenciano, dos narcos que dejaron entre 2008 y 2011 una cifra de 5.524 personas asesinadas.

En esos años, en muchas partes de la ciudad, para pasar de una calle a otra había que pedir permiso o se corría el riesgo de ser baleado, pero hoy la realidad es otra. El número de homicidios cayó a su tasa más baja de la historia; en 2025 se registraron 325, las fronteras invisibles no se perciben y aunque aún hay problemas de seguridad, hay otros retos que han ido tomando más peso.

Por ejemplo, el alto costo de la vivienda. “Hace unos 5 años Medellín era más barato que Bogotá, hoy eso se invirtió totalmente, ácá los extranjeros están viniendo a comprar propiedades, hay gringos que tienen por lo menos dos y tres apartamentos y los alquilan en dólares. Debería regularse”, le dijo a SEMANA la artista plástica.

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Eso no es solo una percepción suya. Estefanía Dorado, una estudiante de maestría en microbiología de la Universidad de Antioquia, cree que Medellín se volvió una ciudad escandalosamente cara, con un costo de vida casi insostenible.

“Eso se evidencia en los precios de los arriendos, un arriendo en un barrio de clase media no baja de 2 millones de pesos”, contó.

Estefanía lo ha percibido entre sus compañeros de la maestría que está cursando, quienes llegaban antes a la ciudad y podían alquilar un apartaestudio para vivir solos. “Ahora tienen que reunirse dos o tres para vivir por lo costoso que están los alrededores de la universidad”, señaló.

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Otros dolores de cabeza para el bolsillo de los paisas son el consumo de alimentos por fuera del hogar y el servicio de transporte.

La artista chilena, que ya cuenta con residencia colombiana y ha podido estar en algunas ciudades de Europa, Suramérica y Estados Unidos, afirma con vehemencia que ir a comer a un restaurante en Medellín se volvió un verdadero privilegio.

“Lo costoso es lo que implica que alguien te atienda, un servicio”, manifestó. Basta mirar las cartas de restaurantes en lugares que ahora son impulsados por el turismo, como la comuna 13, donde ofertan platos con precios similares a los de los lugares que se creían exclusivos: un lomo ancho (rib eye) está alrededor de los 90 mil pesos.

Sin embargo, la artista también cree que comprar alimentos para consumir en casa es una gran opción. La razón está en los precios que manejan las dos centrales de abastos que hay en la subregión.

Edison Alexander Palacio, el gerente de Coomerca Plaza La Minorista, que está en el centro de Medellín, también coincide con la artista chilena y con la estudiante de maestría en que la ciudad está muy cara.

“El mayor incremento está en el consumo de alimentación, siendo que las plazas de mercado como la nuestra son una gran alternativa, todo ha venido subiendo en Medellín. Por ejemplo, al ir a un restaurante en Bucaramanga o Pereira, un plato gama media vale de 18 a 25 mil pesos, pero acá vale perfectamente 40 mil”, dijo.

La plaza nació a finales de los años 70 e inicios de los 80, en medio de un proceso de reajuste urbanístico de la ciudad. Foto: Cortesía Plaza Minorista de Medellín - API

Edison cree, como muchos otros comerciantes, que los costos se incrementan por varios temas, algunos de ellos la extorsión, sin embargo, niega que en La Minorista se sufra de ese flagelo.

Ahora, el costo de transporte en Medellín también es preocupante para los paisas. “Yo frecuento mucho Bogotá y, comparativamente, es excesivo el cambio: en Bogotá salir en Uber, taxi, es mucho más económico aunque las distancias son más largas”, opinó.

Sucede, paradójicamente, aunque la capital colombiana sea más grande en extensión que Medellín: la primera tiene 1.776 kilómetros cuadrados, la segunda apenas 382.

Según las tarifas del servicio de taxi oficiales en ambas ciudades el banderazo, que es el costo con el que inicia un servicio, en Bogotá es de 4.500 pesos, mientras que en Medellín es de 5.900, 1.400 pesos más; además, el costo del recorrido por cada kilómetro en la capital es de 1.590 pesos, pero en Medellín, es de 2.439.

Es decir, tomar un taxi en Bogotá para recorrer diez kilómetros puede costar 20.400 pesos, mientras que en Medellín 30.290.

El incremento en los precios de arrendamiento, alimentación y transporte en Medellín no son nuevos. Según Medellín Cómo Vamos, una iniciativa de seguimiento a la calidad de vida en la ciudad, en solo cuatro años, entre 2021 y noviembre de 2025, el IPC para Medellín acumuló un crecimiento del 36,7 %.

Y un estudio sobre disparidades regionales en los precios de arrendamiento de vivienda urbana en Colombia, del Banco de la República, encontró que ese rubro en Medellín era el más costoso del país en 2024, superando a Bogotá.

Panorámica de la Comuna 13. Foto: Cortesía: Alcaldía de Medellín.

¿Por qué está sucediendo esto? SEMANA consultó a la profesora de economía de Eafit Liz Londoño-Sierra, quien tiene una postura diferente.

“Medellín no necesariamente es una ciudad cara, lo que está pasando es que hay un cambio estructural en la economía y eso se ve reflejado en los precios”, expresó.

Esa hipótesis la explica en que históricamente la capital antioqueña había sido una ciudad industrial y manufacturera, y ahora se está transformando y su oferta se está especializando en servicios, turismo y entretenimiento.

“Entre 2019 y 2025 se duplicaron los ingresos en esos rubros. En la participación respecto del PIB, pasamos de cerca del 2,5 % al 5 %, eso lo que está demostrando es el cambio en la ciudad”, explicó. “Cuando uno mira cómo se mide en el DANE la variación de los precios, que es a partir de una canasta básica de bienes, ve que en Medellín están aumentado mucho vivienda, alimento, restaurante, entretenimiento y servicios urbanos”, añadió.

Según la experta, los incrementos se representan en el pago de alojamiento, agua, electricidad y gas, en un 33 %; en los costos de alimentos y bebidas no alcohólicas, en un 15 %, y en restaurantes y hoteles, un 15 %.

“Eso explica que la gente empieza a sentir esas presiones y dice: en Medellín todo está muy caro”, afirmó.

Por último, ella no ve esto necesariamente como negativo y tampoco que obedezca exclusivamente a una gentrificación generalizada.

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Si bien la inflación de marzo en Colombia fue de 5,56 % y en Medellín de 6,39 % (la segunda más alta del país), la profesora Liz asegura que las oportunidades en la ciudad se están multiplicando.

“Tenemos más restaurantes, más hoteles, tenemos una demanda más alta de servicios por la llegada del turismo; es que Medellín se puso de moda”, dijo. Incluso, recordó que según el informe de la Mesa de Empleo de Antioquia de 2025, en el que participó EAFIT, el ingreso laboral promedio de los trabajadores en Antioquia es mayor al promedio de toda Colombia, lo que hace que algunas personas prefieran buscar empleo en esta ciudad.

“En el caso de los trabajadores dependientes, el ingreso laboral promedio en Antioquia durante 2024 fue 10,3 % mayor al ingreso laboral promedio colombiano ($1.765.626 vs. $1.601.151, a pesos constantes de 2024”, encontró ese estudio.

Y hay más. Cifras de la Alcaldía de Medellín revelan que a la fecha, a la ciudad ingresaron 509.886 pasajeros, un 8 % más que los que llegaron en 2025.

De ellos, 92,7 % son extranjeros, principalmente de Estados Unidos, lo que permite pensar en una capacidad adquisitiva más alta que la de los paisas para acceder a los servicios que oferta la ciudad.

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