El 10 de agosto, a las 7:34 a. m. hora local, un potente terremoto de magnitud (Mw) 7.4 golpeó el occidente de Colombia a una profundidad de 104 kilómetros, según el Servicio Geológico Colombiano. Es el terremoto más potente registrado en Colombia en lo que va del siglo XXI, y el más fuerte desde el terremoto de Armenia, capital del departamento del Quindío, que se produjo en 1999 (magnitud 6.2). Aquel destruyó o dejó en condición de demolición más de 60 edificaciones históricas e institucionales.

Queda lejos de la devastación de los terremotos de mayor intensidad de este siglo, como el de Tohoku en Japón (2011), el de Maule en Chile (2010), el de Kamchatka en Rusia (2025) o el de Sumatra en Indonesia (2012). Y se sitúa en la escala de los de Guatemala y de Guerrero-Oaxaca (México), ambos en 2012.

Colombia nos necesita: las líderes del Círculo de Mujeres convierten sus capacidades en acción
Alerta de sismo en Cali: evacuaron varios edificios y suspendieron rescates este jueves 13 de agosto

Según el U.S. Geological Survey, el movimiento telúrico tuvo su epicentro a cinco kilómetros de San José del Palmar en el Departamento de Chocó, donde entraron en interacción las placas Nazca y Suramericana. Se trata, por tanto, de una zona que se caracteriza por ser activa. Allí ocurrieron potentes terremotos como el de Esmeraldas de 1906 (8.8), el de 1962 (6.5 y profundidad de 64 km) y el de 1979 (7.7 y profundidad de 110 km). Hasta la fecha los efectos han sido devastadores, con un balance de 265 personas fallecidas.

Las evidencias muestran que el terremoto vivido esta semana en Chocó corresponde a un sismo interplaca de subducción, con profundidad intermedia, originado por una ruptura dentro de la placa de Nazca. En otras palabras, y según el USGC, “la placa de Nazca se hunde por debajo de la placa Sudamericana y en esa interacción se libera energía, produciendo los sismos”.

¿Qué explica que este sismo haya sido tan destructivo?

La capacidad destructiva del terremoto tiene que ver con su naturaleza, pero también con el estado de las edificaciones de Colombia.

Por un lado importa la magnitud, es decir, cómo de fuerte fue el temblor. Aquí la clave es entender que no es una escala lineal: un pequeño aumento en el número representa un salto enorme en la energía liberada. Por lo tanto, un terremoto de magnitud 7 libera aproximadamente 32 veces más energía que uno de magnitud 6.

En segundo lugar, cuanto más profundo sea el evento, más se disipa la energía. Esto hace que se atenúe su efecto en la superficie, a menos que haya efectos locales de suelo, que lo amplifica.

De la misma forma, cuanto menos profundo sea el sismo, más destructivo se vuelve, pero en zonas localizadas. Para ejemplificarlo, basta con revisar el caso de los terremotos experimentados hace unas semanas en Venezuela. Se trató de terremotos originados a una distancia de entre 10 y 23 kilómetros, mucho más superficiales que el producido en Colombia. Estos dejaron miles de víctimas y muchas edificaciones afectadas. Solo en Caracas, 457 estructuras quedaron comprometidas.

Por último, la duración de los terremotos depende del régimen tectónico en donde se presentan. Los eventos de subducción (una placa tectónica se mueve por debajo de otra) presentan una mayor duración que los de corteza superficial (falla localizada dentro de la placa tectónica). Esa es la razón por la que algunos registros instrumentales contabilizaron diferencias de tiempo de hasta de dos minutos.

Normativa sísmica que no se cumple

En Colombia, existen reglamentos de construcción sismo-resistente desde 1984. Ese primer reglamento se convirtió en la Norma Sismorresistente de 1998, y se actualizó en 2010 (NSR-10). La filosofía de la normativa es el diseño de estructuras para que resistan un terremoto muy fuerte, que se puede presentar en un periodo de retorno de 475 años. Se baraja que haya daños en las estructuras, pero siempre salvaguardando la vida de sus ocupantes.

Sin embargo, el terremoto vivido hace unos días ha traído una destrucción mayor a la esperada, considerando su profundidad intermedia, tal y como se evidencia en fotografías tomadas en ciudades como Pereira, Manizales y Quibdó.

Independientemente de la zona de amenaza sísmica donde esté localizada la estructura, el problema es que en Colombia la mayoría de las construcciones no se diseñan ni construyen con la NSR-10. En el país predomina la construcción informal con mampostería no reforzada o, en el mejor de los casos, con mampostería confinada con columnetas de concreto reforzado para estructuras de hasta cuatro pisos.

Estos tipos de construcciones hacen vulnerables a sus habitantes debido a que los materiales, en su mayoría, no tienen capacidad para resistir las altas fuerzas de tensión que se generan durante un terremoto.

En una ciudad como Bogotá, por ejemplo, solo un 40 % de la edificaciones se ajusta a la normativa, mientras que el otro 60 % es vulnerable. En cuanto a las estructuras de patrimonio, entre ellas la catedral de Manizales (la más alta de Colombia, inaugurada en 1938), resultaron tan afectadas durante el terremoto porque su estructura tiene baja resistencia a cargas laterales.

Muros sin anclaje

Las fotos también evidencian otra práctica común en Colombia: no anclar los elementos no estructurales, tales como muros de mampostería, a las vigas de la edificación. Consecuentemente, la estructura puede cumplir bien su función de resistir el terremoto con algún daño, pero durante el mismo se pueden caer fachadas o escaleras completas, produciendo destrucción y muertes que pudieron ser evitadas.

A tan solo dos días después del terremoto es muy difícil dar estadísticas sobre el estado de las edificaciones. Se estima, por ahora, el colapso de 46 edificios en Pereira, 65 en Manizales y 17 edificaciones caídas en Quibdó, donde se reportó el derrumbe de un edificio de cuatro pisos. En total habría 2 700 afectaciones materiales.

Por ahora, y mientras se calculan las edificaciones afectadas y los daños materiales, la prioridad es rescatar a la mayor cantidad de personas con vida. El rango crítico es de tres a cinco días, es decir, el tiempo que una persona puede pasar sin consumir alimentos ni tomar agua.

Posteriormente, se debe comenzar con una tarea de reconocimiento de las edificaciones que soportaron el terremoto pero presentaron daños. Para esta etapa, se están buscando profesionales idóneos que puedan aportar su criterio técnico y determinar si la estructura posterior al terremoto es segura para seguir habitada, si tiene que ser reforzada o ha de ser demolida.

Artículo publicado originalmente en The Conversation