Plinio Apuleyo Mendoza fue uno de los grandes del periodismo y la literatura colombiana. Fue el primer director que tuvo SEMANA, cuando se fundó en su segundo periodo, en 1981, autor de numerosos libros y una voz de referencia obligada para entender a Colombia.
Su sepelio, realizado en Bogotá este jueves, reunió a cientos de personalidades y líderes del país que fueron a darle un último adiós. El expresidente Álvaro Uribe leyó una conmovedora semblanza de lo que fue su vida. Este es el texto completo:
“Hoy despedimos a un colombiano sobresaliente, a un gladiador por la libertad. Se ha ido Plinio Apuleyo Mendoza: el periodista, el escritor, el humanista, el intelectual, el crítico, el liberal en la más amplia acepción filosófica, sin adhesión incondicional a nada ni a nadie.
Su guía fue siempre la libertad y la protección que a ella debe el Estado de Derecho.
Su vida fue una escuela de pensamiento. Muy joven escuchó los disparos que acabaron con la vida de Jorge Eliécer Gaitán, mientras su padre, Plinio Mendoza Neira, caminaba junto al líder liberal. Más adelante cultivó una cercana amistad con el padre guerrillero Camilo Torres Restrepo y compartió, con intelectuales de su generación y amigos como los maestros Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, la esperanza inicial de encontrar un camino hacia la libertad y el bienestar que despertaron la Revolución Cubana y el mundo soviético. Sin embargo, su inmersión en la realidad comunista lo llevó a una profunda decepción. Hoy es fácil señalar el fracaso del comunismo, la importancia de Plinio fue anticiparlo cuando muchas voces del mundo libre lo coreaban.
Plinio tuvo una virtud que distingue a los espíritus verdaderamente libres: jamás permitió que la ideología prevaleciera sobre la verdad. Cuando comprendió que detrás de aquella promesa comunista se escondían la esclavitud y la tortura colectiva, se convirtió en uno de sus más lúcidos críticos.
Su amistad entrañable con Gabriel García Márquez fue prueba de su inmensa calidad humana. Nunca confundió la diferencia política con la ruptura del afecto. Y precisamente porque amaba la libertad, acudió a esa amistad para intentar salvar la vida de periodistas, intelectuales y disidentes cubanos condenados por la dictadura.
Plinio siempre entendió el carácter democrático de nuestras Fuerzas Armadas, denunció la injusticia de asimilarlas a los ejércitos de los dictadores latinoamericanos. Consciente como fue de que Colombia tuvo la más corta interrupción democrática en el siglo pasado, defendió contra toda injusticia a cada soldado y a cada policía de la Patria y anticipó esa acción letal del crimen contra la democracia que es la guerra judicial, como él la denominó.
Plinio anticipó que las guerrillas comunistas se tomarían espacios de la justicia, del sindicalismo y de la universidad para tener un pertrecho como seguro ante el evento que su acción criminal fuera derrotada por el Estado democrático.
Su cultura era extraordinaria. Su memoria parecía una biblioteca inagotable. Sin embargo, jamás hizo ostentación de su conocimiento. Como ocurre con los verdaderos sabios, llevaba su inmensa erudición con sencillez, con elegancia y con una permanente disposición para enseñar.
La generosidad fue otro de sus rasgos esenciales. Humanismo y libertad caminaron siempre de su mano.
Su pluma fue su espada. Con ella combatió, sin estridencias y sin concesiones, a los dos grandes enemigos de la libertad: el crimen y el Estado todopoderoso.
Plinio celebró el premio Nobel al maestro García Márquez, y reclamó incesantemente hasta que lo concedieron al maestro Mario Vargas Llosa.
Su obra literaria fue extraordinaria, muchos han reclamado que debió merecer el Nobel. José Obdulio, su gran amigo nos dice: En Años de fuga narra el desencanto de los intelectuales de la izquierda latinoamericana; en El olor de la guayaba recoge sus conversaciones íntimas con García Márquez; en Gabo: cartas y recuerdos, en Retazos de una vida y en tantos ensayos y crónicas hay una lucidez y una elegancia que nada desmerecen frente a la de sus dos amigos”.
Patricia, Camila, Carla, Consuelo y querida familia: Colombia despide a uno de sus grandes intelectuales y a uno de sus más firmes defensores de la democracia. Nosotros despedimos también con inmensa gratitud y admiración a un amigo de todas las horas.
Muchas gracias".