La escena que da bienvenida al barrio Monserrate, ubicado en la parte alta de Argelia, municipio del norte del Valle, no puede ser más dramática: un vehículo Fiat, rojo, luce aplastado por un bloque de cemento de una vivienda que le cayó encima.

La tragedia en Argelia, Valle, dejó a todo un barrio en ruinas. Foto: JUAN CARLOS SIERRA.

La edificación quedó en el piso tras el terremoto de magnitud 7.4 que dejó arruinado todo el sector. Una imagen de la Virgen Milagrosa, de propiedad de los dueños de la vivienda, se salvó tras el colapso del techo y las paredes de la estructura, y está ubicada en la entrada del predio, como si estuviera cuidando lo que quedó entre las ruinas. Sus propietarios huyeron hacia Cartago por el temor a que la tierra volviera rugir y el piso se moviera como una gelatina.

Las viviendas en Argelia, norte del Valle. Foto: JUAN CARLOS SIERRA

SEMANA recorrió todo el barrio y constató cómo la tierra sacudió a los pobladores. Y cómo los dejó sin viviendas porque las casas que no se derrumbaron tendrán que demolerse ya que sus paredes bailotean con el empujón de un par de manos.

María Gómez, quien reside en el sector, le permitió a este medio ingresar a su casa porque quiere que el Estado conozca la magnitud de lo ocurrido.

Las viviendas de Argelia, Valle, están inhabitables. Foto: JUAN CARLOS SIERRA.

La pared de la sala de su vivienda se partió en dos y se observa una fisura gigante que va desde el techo hasta el piso. La abertura permite conectarse con la vivienda del vecino.

Su cuarto quedó en ruinas. La cama conserva los trozos de bloque de cemento que cayeron del techo, mientras que las paredes permanecen abiertas. Desde la calle se puede conocer qué tiene el interior de su casa. El terremoto lo consiguió.

Los animales, entre las víctimas, en Argelia, Valle. Foto: JUAN CARLOS SIERRA.

“Estaba despierta el día del fuerte temblor. Vi muchísima neblina esa mañana, cubrió todo Argelia. Sentí como un hielo demasiado fuerte y en cuestión de segundos, la tierra empezó a moverse. Yo estaba en la segunda planta y gracias a Dios lo primero que hice fue bajar corriendo”, narró Doris Castro, la propietaria. Ella no puede subir al segundo piso porque teme que lo que quedó de la estructura se desplome.

Caminar por la vivienda de María produce miedo. Está sembrada sobre un barranco y desde la sala hacia la cocina se camina con zozobra porque la tierra se desniveló y se siente como si se fuera a caer el resto de la infraestructura.

Los pobladores no detienen sus manos en Monserrate. Los hombres ayudan a remover escombros, martillan lo que quedó de sus paredes, mientras que las mujeres recuperan los electrodomésticos, los limpian y los dejan a un lado. Otros hombres que llevan horas tratando de limpiar lo que quedó permanecen sentados entre los escombros descansando porque sus jornadas no son fáciles. Varios carros han realizado trasteos. Nadie quiere quedarse allí un minuto más y la primera orientación de la Alcaldía es que el barrio tendrá que reubicarse. Ingenieros estudian la condición del terreno y el impacto que el terremoto dejó en las viviendas.

Yulian Giraldo, del Cuerpo de Bomberos de Argelia, siempre ha estado en el lugar de la tragedia, habló con SEMANA: “La situación es crítica, debastadora. No hemos tenido víctimas fatales, pero el municipio se ha visto afectado en un 90% y uno de los barrios muy averiado es este porque está ubicado en la parte alta”, detalló.

Las casas- confirmó Giraldo- están inhabitables.

Argelia no tiene comunicación vía telefónica. No hay internet. Tampoco energía y menos servicio de gas. Allí esperan la presencia del Estado. Por ahora, en el parque central se adelanta el censo de las víctimas. Allí, desde la tragedia, está instalada una olla comunitaria donde los vecinos ayudan a quienes lo perdieron todo tras el terremoto.