La tensión en la campaña presidencial colombiana no solo preocupa dentro del país. Desde Washington llegó una advertencia directa: cualquier intento de atentar contra candidatos podría desencadenar consecuencias severas.
El mensaje lo lanzó Michael Kozak, un alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, durante una audiencia en el Congreso de ese país, en medio de cuestionamientos sobre la seguridad electoral en Colombia. Allí, se hizo referencia a las amenazas recientes contra aspirantes presidenciales, un tema que empieza a escalar en la agenda internacional.
Según el funcionario, quienes contemplen un ataque enfrentarían castigos contundentes. Más allá del lenguaje, el mensaje deja ver que Washington sigue de cerca el proceso electoral colombiano y no quiere que se repitan episodios de violencia política.
El pronunciamiento se dio luego de que congresistas estadounidenses mencionaran los riesgos que enfrentan figuras como Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, quienes han sido blanco de intimidaciones.
En ese contexto, Estados Unidos confirmó que mantiene coordinación con autoridades colombianas para reforzar los esquemas de seguridad. El objetivo, según explicaron, es evitar que cualquier amenaza pase del terreno de las palabras a los hechos.
La preocupación no es menor. El historial de violencia política en Colombia sigue pesando en la lectura internacional, especialmente en un proceso electoral que avanza en medio de polarización y señales de deterioro en materia de seguridad.
El tema también revive un fantasma que parecía superado: el riesgo de ataques contra líderes políticos en plena campaña.
Por eso, desde distintos sectores, tanto dentro como fuera del país, se insiste en la necesidad de garantizar condiciones mínimas para la competencia democrática. A pocas semanas de las elecciones, el mensaje de Washington funciona como presión externa, pero también como advertencia interna.