Al correo personal de Cristian Herrera, periodista asesinado en Cúcuta el pasado 6 de junio, llegaron dos notificaciones de la Fiscalía en los últimos días. El ente de investigación notificó, como si la víctima estuviera viva, que dos denuncias radicadas por él en 2023 y 2026 estaban asignadas a despachos de Norte de Santander y suministró los respectivos radicados. SEMANA estableció que la familia de Herrera desconocía el contenido de las denuncias.
En primer lugar, el comunicador relató que para el 27 de abril de 2023 recibió un papel con un escrito grave: “El papel me lo dejaron en el panorámico de la camioneta cuando al mediodía estaba estacionada afuera del edificio de mi suegra, donde diariamente voy a almorzar. El papel decía: ‘Hijueputa, siga de sapo y verá lo que le pasará, a usted y su familia, malparido. ATP. El hampa vive’”.
Él le relató en su momento a la Fiscalía que, por lo que había podido averiguar, correspondía a un lenguaje usado por los venezolanos que trabajan con el Tren de Aragua, que por esos tiempos azotaba a la capital de Norte de Santander, y reafirmó ante la Fiscalía que esa organización criminal había amenazado a varios comunicadores de la región.
Ante la pregunta de cuáles habían sido sus últimas actividades relacionadas con la labor de periodista, Herrera declaró: “Hacer investigaciones periodísticas y publicarlas con temas relacionados con bandas criminales, delincuenciales, ELN, disidencias, explotación sexual, narcotráfico, corrupción, entre otras”.
Más tarde se le cuestionó sobre el objetivo que perseguían los autores de la amenaza y el comunicador no dudó en comentar: “Lo que buscan es callarlo a uno, que uno no siga investigando y no publique la situación de inseguridad que se vive en el departamento y la ciudad, también que uno se vaya de la ciudad asustado. Todas las amenazas vienen por mi labor como periodista, porque he revelado muchas situaciones, o lo que sucede realmente en la ciudad, dando nombre, mostrando fotos de esos responsables”.
Luego, Herrera describió cada una de las amenazas que recibió durante su recorrido como comunicador.
Entre tantas cosas, relató que hizo un artículo sobre la guerra por el control del microtráfico y le puso rostro al supuesto responsable, al que identificó como Saúl Hernández Sanabria: “Días después de esta publicación, recibí una llamada donde me decían que yo era un sapo hijueputa, que dejara de estar calentando el parche y que si seguía jodiendo la vida, iba a conocer qué era el hampa en Cúcuta. El hombre que llamó jamás se identificó ni dijo a qué grupo o banda pertenecía. Solo dijo que el hampa vive en Cúcuta”.
Posteriormente, escribió sobre la misma guerra y la alianza de ilegales en la cárcel de Cúcuta que desencadenó una ola de asesinatos: “Recibí un papel con un escrito donde me volvían a tratar de sapo y que me iba a morir, y una vez más le ponen que el hampa vive en Cúcuta. Este papel lo encontramos con los escoltas dos días después de esta publicación en el vidrio delantero de la camioneta, sujetado por uno de los limpiaparabrisas”.
A eso se sumó una masacre de tres personas en la zona rural del municipio de Villa del Rosario, en Norte de Santander, cuando un menor de edad se le arrimó: “Un niño se me acerca y me entrega un sobre, diciéndome que eso me lo mandaron unos hombres que se acaban de ir. Cuando yo abro el sobre, encuentro otra nota escrita a mano, donde me dicen: ‘Gordo hp, lo tenemos en la mira’. No venía con ninguna firma”.
Hasta ahora, la Fiscalía no ha podido establecer quiénes fueron los autores intelectuales del crimen del reconocido periodista de Norte de Santander. En el círculo cercano de la familia de la víctima hay malestar por las demoras en el proceso.