Abelardo De La Espriella designó a Omar Bula Escobar como ministro de Relaciones Exteriores, una de las carteras más estratégicas de su gobierno.
“Colombiano con 20 años al servicio de la diplomacia en Ecuador, Brasil, Panamá, Sudán, Italia, Egipto, Irak, Etiopía, Senegal y Roma. Después de ejercer la diplomacia en medio de tres guerras, liderar misiones de servicio humanitario para detener hambrunas y crisis en salud; después de nunca haber recibido un peso del Estado colombiano ni haber estado en política, de conocer y liderar las grandes decisiones globales; después de tener la mente en el mundo y el corazón en la Patria, llega un nuevo horizonte para Colombia. Para que vuelva a ser EL PAÍS y no solo un país”, sostiene el perfil que sobre él escribió la página de Defensores de la Patria.
Bula Escobar trabajo por 20 años como diplomático de las Naciones Unidas. Vivió en Bélgica, Ecuador, Brasil, Panamá, Sudán, Italia, Egipto, Irak, Etiopía, Senegal y Roma. En varios de esos países fue testigo de las más graves crisis humanitarias y los estragos que dejan los conflictos armados. Habla inglés, francés, portugués, además de español.
En su formación, estudió el pregrado en Sciences Económiques de la Université Catholique de Louvain-la-Neuve– Bélgica y tiene estudios de postgrado en universidades de prestigio como George Washington University y Harvard.
Durante su campaña, Abelardo De La Espriella había agradecido el apoyo de Omar Bula. En una declaración, en septiembre del año pasado, aseguró que se sentía honrado del apoyo del prestigioso académico. “Que hombres de la talla intelectual y de la experiencia del doctor Bula se sumen a esta batalla por la defensa de la democracia significa que vamos en el camino correcto”. Desde ese día, Bula fue designado su asesor en política internacional. De La Espriella dijo que él sería un hombre fundamental no solo en la campaña, sino en el “devenir de la Nación”.
“Profundamente honrado, acepto con entusiasmo y me uno a su visión para devolverle a Colombia el lugar que se merece en el ámbito internacional. Apoyaré con todo mi esfuerzo a quien considero está mejor posicionado para enderezar el rumbo de este país. Gracias por su confianza”, respondió en ese momento Omar Bula.
Lo que viene
Durante los últimos meses, muchos han advertido que el deterioro del país en múltiples frentes es uno de los desafíos más grandes que recibirá el gobierno de Abelardo De La Espriella. El mismo mandatario electo ha dicho que recibirá “la transferencia del poder del Gobierno más corrupto de la historia” y que sabe que tendrá que enfrentar la crisis fiscal, la del sistema de salud, la de la política minero-energética y la de la seguridad.
Hay quienes tienen la tesis de que hay un elemento más por atender: la política exterior colombiana. El excanciller Guillermo Fernández de Soto y Andrés Rugeles lo enmarcan así en su libro Colombia Global.
El nuevo canciller deberá liderar la deteriorada política exterior del país en un mundo cambiante, en el que el marcado liderazgo de Donald Trump manda la parada en la región. La cercanía del presidente electo con la Casa Blanca le dará oportunidades nuevas a Colombia y marcará un enorme contraste tras cuatro años de tensión de la Casa de Nariño con Washington, en el que la situación tocó fondo con el presidente Petro incluido en la lista Ofac y el país descertificado en la lucha antidrogas, para solo mencionar los elementos más graves.
Colombia también hace parte del movimiento pendular de la región hacia la derecha. Como explicó el experto argentino Daniel Zovatto, en una reciente entrevista con SEMANA, en los últimos años, el continente ha vivido 16 procesos electorales, en los cuales la derecha ha ganado en 13. “La izquierda solo triunfó en tres países: Guatemala, con Bernardo Arévalo en 2023; Uruguay, con Yamandú Orsi; y México, con Claudia Sheinbaum en 2024. Además, México fue el único caso en que el partido gobernante, Morena, logró retener el poder”, explica el académico.
“Con el triunfo de Abelardo De La Espriella, Colombia alinea al país con las prioridades de la política exterior de Trump —de quien ha recibido un respaldo explícito durante la campaña—, particularmente con la Doctrina Monroe y la iniciativa del Escudo de las Américas, en materia de lucha contra el narcotráfico, combate a la criminalidad organizada y la clasificación de ciertos grupos criminales como organizaciones terroristas”, agrega Zovatto.
Otro punto fundamental será Venezuela. En un texto para SEMANA, el expresidente Iván Duque explica que la salida de Nicolás Maduro del poder, “para Colombia, vecino directo y la nación que más ha absorbido el peso de la tragedia venezolana, este momento no es una noticia de política exterior. Es una oportunidad histórica y, al mismo tiempo, una responsabilidad que no admite ambigüedades“.
“El reto tiene dimensiones que van mucho más allá de la coyuntura. Una frontera de más de 2.200 kilómetros, millones de migrantes venezolanos en territorio colombiano, una economía fronteriza golpeada durante años y, sobre todo, la herencia criminal de una complicidad sostenida entre el chavismo y los grupos armados ilegales, configuran un desafío de enormes proporciones. Frente a esta nueva realidad, Colombia debe actuar con claridad en tres dimensiones inseparables: la consolidación democrática de Venezuela, las oportunidades económicas derivadas de su reconstrucción y una agenda de seguridad compartida que ninguna consideración diplomática o comercial puede relegar”, agregó el exmandatario.
Ordenar la casa
El nuevo canciller también tendrá que reconstruir la confianza alrededor del servicio diplomático del país y sus instituciones, tras cuatro años en el que el Palacio de San Carlos fue epicentro de enormes controversias políticas.
El excanciller Julio Londoño asegura que no hay que olvidar que “la política exterior fue en Colombia una ‘política de Estado’ adelantada por consenso con participación de todos los grupos políticos, a pesar de las diferencias entre ellos”. Por eso, invita a darle de nuevo valor al papel que por años ha cumplido la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, que, según él, “tiene, entre otros, ese propósito; en los últimos años no se ha cumplido, entre otras cosas, por el afán de algunos mandatarios de ver en alguna forma limitada su función como directores de las relaciones internacionales. Igualmente, por las rivalidades entre algunos expresidentes. La Comisión habrá que activarla para que sirva como tal: para asesorar y no simplemente para cumplir un requisito”.
Además de las políticas, el nuevo canciller encontrará también una piñata interna que ha sido denunciada públicamente por el vicepresidente José Manuel Restrepo, en su trabajo como líder del empalme.
“Los últimos días de un gobierno no pueden convertirse en una carrera contrarreloj para repartir cargos, ni para dejar amarradas decisiones que corresponden exclusivamente al gobierno de los colombianos que ellos eligieron”, advirtió Restrepo hace unos días.
En una carta enviada a la actual canciller, Rosa Yolanda Villavicencio, el vicepresidente electo solicitó “conocer la totalidad de los nombramientos que hoy están en trámite, los funcionarios involucrados, los destinos previstos y las razones jurídicas que pretenden justificar esas decisiones en pleno periodo de transición”. Se habla de un rosario de nombramientos exprés de última hora que podría implicar cientos de nuevos nombramientos o ascensos en la cancillería en estos últimos meses, antes de que el Gobierno Petro deje el poder.