Desde Villavicencio, en medio de las controversias políticas generadas por los respaldos al abogado Abelardo de la Espriella, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, evocó una conversación que sostuvo con el mandatario estadounidense, Donald Trump, y aseguró que, pese a la cordialidad del encuentro, su interlocutor no comprendió el mensaje que intentó transmitirle sobre la lucha contra el narcotráfico y la situación del campesinado colombiano.

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Durante su intervención pública, Petro explicó que cuando se reunió con Trump buscó plantear una visión distinta frente al problema de las drogas y exigir respeto hacia Colombia.

“Yo cuando me fui a hablar con el señor Trump, me fui fue a pedir y a exigir, primero, que a Colombia se le respetara”, expresó el mandatario.

Según relató, también insistió en que la lucha contra el narcotráfico debe enfocarse en los grandes capos y no únicamente en quienes cultivan hoja de coca en las regiones apartadas del país. Petro sostuvo que muchos campesinos llegaron a estos cultivos como consecuencia de décadas de desplazamiento forzado y violencia en las zonas rurales.

“Hermano, el campesinado, porque le dije hermano, brother, hagamos un gel, no un business, no me gustan los business, y el hombre me dijo que sí, yes, y hasta dijo: ‘He tenido el placer de hablar con el presidente de Colombia, Petro, pero no me entendió’” afirmó.

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El jefe de Estado señaló que intentó explicarle a Trump que la solución al narcotráfico pasa por atender las causas sociales y económicas que afectan a las comunidades rurales. Incluso contó que, durante el encuentro, utilizó expresiones coloquiales para acercar posiciones con el entonces mandatario estadounidense.

Gustavo Petro y Donald Trump. Foto: SEMANA / Getty Images

Petro aprovechó su intervención para cuestionar las estrategias tradicionales de combate al narcotráfico, al considerar que durante décadas se ha perseguido principalmente a los eslabones más débiles de la cadena, mientras los grandes responsables continúan operando desde otros lugares.

Según el mandatario, la solución no pasa únicamente por acciones militares o de erradicación, sino por ofrecer alternativas económicas a las comunidades rurales que dependen de los cultivos ilícitos para subsistir.

En ese sentido, insistió en que la pobreza, la falta de acceso a la tierra y el abandono estatal son factores que han alimentado el problema en distintas regiones del país.