SEMANA: Su libro ahonda en el plebiscito de 2016 sobre el acuerdo de paz del Gobierno Santos con las Farc. ¿Cuál fue el objetivo de revivir esa votación de hace diez años?
ERNESTO MACÍAS: Se trata de un tema fundamental que debe quedar registrado. Sobre el plebiscito se ha dicho todo, pero no hay un libro que recoja la historia no contada. He sido muy juicioso en tener apuntes. Uno debe ser riguroso en narrar la historia. Aquí no se trata de reabrir heridas o rencillas. Yo formé parte de la bancada del Centro Democrático y fuimos opositores, no solamente del Gobierno Santos, sino de la forma como se negoció la paz. Trato de ser objetivo y riguroso en los hechos.
SEMANA: Usted asegura que el entonces candidato Santos no fue transparente en informarles a los ciudadanos que iba a promover un diálogo con las Farc. ¿Por qué esa crítica?
E.M.: Santos, en campaña, habló de sentar las bases para una paz futura, pero nunca dijo que se sentaría con las Farc. En su libro La batalla por la paz, él escribió que en política no se debe ser tan franco. Es decir, tener una carta guardada para sacarla posteriormente. Más o menos eso fue lo que hizo él. Santos es un jugador de verdad. Él tiene en la mente lo que va a hacer y muchas cosas no las cuenta. En esa época no contó lo que iba a hacer. Lo cierto es que no se lo dijo al pueblo colombiano en la campaña.
SEMANA: ¿Por qué asegura que el plebiscito de 2016 es un triunfo sepultado?
E.M.: Acompañé al expresidente Álvaro Uribe durante años y en muchas de sus batallas políticas. Él lideró la campaña del No y considero que ese es el triunfo más importante de él. Uribe dice que es montañero y que muchas veces, por ese mismo espíritu, lo engañan. Uribe mordió el anzuelo cuando Santos dijo que se iba a revisar el acuerdo luego del triunfo del No. Finalmente, el acuerdo quedó tal cual, no hubo cambios. Santos dice que sí, pero no los hubo. Hubo cambios de forma, de pronto, pero de fondo, ninguno. Por eso digo que sepultaron el triunfo de las urnas. El plebiscito fue uno de los eventos democráticos más importantes que ha habido en Colombia.
SEMANA: ¿Qué opinión tiene de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)?
E.M.: La JEP, para mí, es un fracaso. ¿Por qué? Fue diseñada como el instrumento que iba a desarrollar la justicia transicional, especialmente para darles un tratamiento preferencial a los cabecillas de las Farc. Más adelante se incluyó a todos los actores del conflicto. Uribe decía que lo que existía en el país era una guerra contra el Estado, no un conflicto. Santos incorporó esa condición de conflicto interno para facilitar los beneficios. La JEP terminó en otra cosa. Las primeras condenas son simbólicas y note usted una cosa: les ha dado más duro a los exmilitares que a los cabecillas de las Farc, que era el propósito inicial. Y ojo con esto: hay información de que la JEP tiene listas condenas contra 80 exgenerales de la república. Lo que está haciendo la JEP crea más heridas, más problemas.
SEMANA: Usted señala en el libro que Santos buscó de “manera deliberada” el premio Nobel de Paz. ¿Por qué?
E.M.: Santos es un hombre hábil. Él tenía un propósito y era el Premio Nobel. Antes de la firma de los acuerdos, ya había una campaña intensa en el exterior, liderada por su canciller María Ángela Holguín, trabajando en el tema del Premio Nobel de Paz.
SEMANA: ¿Qué piensa de las disidencias de las Farc?
E.M.: Nunca debieron llamarse disidencias. Diría que las disidencias de las Farc son el partido Comunes, porque se configuraron como organización política, pero el resto de las Farc se quedaron. Santos, en el discurso en Oslo, cuando recibió el Premio Nobel, dijo que la paz llegó a Colombia, pero resulta que por fuera del acuerdo estaba un buen número de cabecillas de las Farc. Unos que nunca se acogieron, otros que firmaron y después no llegaron, y otros que se devolvieron como Santrich y el mismo Iván Márquez. Los más sanguinarios se quedaron por fuera. Duque, cuando llega al Gobierno, se encuentra con dos Farc: una en el Congreso, en las curules, y la otra delinquiendo. Santos se quedó con el Nobel y Colombia con la guerra.
SEMANA: La guerra, lamentablemente, no se acabó con la firma del acuerdo de paz con las Farc…
E.M.: Un acuerdo mal hecho genera o engendra nuevas violencias. La mayor parte de las Farc siguieron en lo mismo y se incrementaron los hechos de violencia. Esa violencia que se activó después de la firma del acuerdo es peor que la que había antes, alimentada, desde luego, por el narcotráfico. Lo que debió hacerse fue debilitar a las Farc. Santos no lo hizo, sino que entró de una vez a negociar con una organización criminal fuerte.
SEMANA: ¿Cómo está viendo las elecciones presidenciales?
E.M.: He dicho públicamente que voy a votar por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, aunque no estoy en la campaña.
SEMANA: Usted viene del Centro Democrático…
E.M.: Renuncié al partido hace dos años. Anuncié que iba a votar por Abelardo y más cuando anunció a José Manuel como su fórmula. Para mí, José Manuel es un estadista, un hombre grande; afortunadamente, está ahí. ¿Qué creo yo? Que la derecha ha cometido errores que ojalá se corrijan en este mes que falta. Hay una confrontación absurda entre las campañas de Abelardo y Paloma que nadie entiende, cuando hay un enemigo del país, muy grande, que es Cepeda, un candidato muy afín a las Farc.
SEMANA: ¿Usted considera que Iván Cepeda puede ser derrotado en las urnas?
E.M.: Lo que ocurrió con el plebiscito es un buen ejemplo para decir que él es derrotable. ¿Por qué? El plebiscito tenía al Gobierno y su chequera trabajando por el Sí, a los más importantes medios de comunicación, y ganó el No. Cepeda es derrotable.
SEMANA: Hay que destacar que el prólogo de su libro lo escribió Álvaro Vargas Llosa, hijo del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien dice: “El pueblo colombiano fue mucho más lúcido y visionario que sus líderes de entonces, empezando por el presidente Juan Manuel Santos, cuando en octubre de 2016 rechazó en un plebiscito, por escaso margen, aquellos acuerdos de paz”.
E.M.: Álvaro Vargas Llosa es uno de los internacionalistas más acogidos en el mundo; ensayista, escritor y periodista, conoce muy bien la política colombiana y latinoamericana, desde luego.