Las consultas presidenciales del próximo 8 de marzo de 2026 entraron hoy en una fase de alta volatilidad. Las decisiones de varios protagonistas han reconfigurado la geografía de apoyos y han introducido incertidumbres que ningún sector político esperaba al empezar la semana.
La noticia más resonante del día fue la salida de María Fernanda Cabal y su esposo, el dirigente gremial José Félix Lafaurie, del Centro Democrático.
En una carta dirigida al director del partido, Gabriel Vallejo, Lafaurie cuestionó el proceso mediante el cual se seleccionó a Paloma Valencia como candidata única a la Presidencia y afirmó que él y Cabal “no quieren continuar” en la colectividad, porque no tendrían espacio político en la campaña.
La reacción del propio Centro Democrático no se hizo esperar. Por medio de redes y declaraciones públicas, sus directivas rechazaron las acusaciones de irregularidades y defendieron la transparencia del proceso de encuestas que llevó a Valencia al primer lugar de la llamada Gran Consulta por Colombia, que agrupa a los sectores de derecha.
La salida de Cabal, una de las figuras más importantes del uribismo, con uno de los bloques de votación más firmes dentro del electorado conservador, abre un interrogante sustancial: si construye una plataforma alternativa o impulsa un movimiento propio, podría acabar dividiendo los votos de la derecha.
Así las cosas, esa fragmentación podría erosionar la base de apoyo de Valencia en la consulta del 8 de marzo y más adelante en la primera vuelta presidencial de mayo, un escenario que hasta hace poco parecía relativamente sólido para el sector.
En el espectro progresista y centroizquierda también hubo novedades. Roy Barreras anunció la formalización de la inscripción de la consulta presidencial del Pacto Amplio ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), confirmando que en ese mecanismo figuran como precandidatos nombres como Iván Cepeda, Camilo Romero y el exalcalde Daniel Quintero.
Esta definición es clave: el Pacto Amplio busca consolidar una alternativa unificada frente a las candidaturas de izquierda que compiten internamente, y en la que Cepeda lidera las encuestas nacionales, y presenta la posibilidad de medir fuerzas de forma temprana.
Mientras tanto, desde el otro lado de la izquierda política se observa un movimiento más lento, pero igualmente significativo. Clara López decidió que no participará en la consulta dentro del Pacto Amplio y optará por ir directo a la primera vuelta presidencial, apostando a una candidatura propia en un terreno donde ve limitaciones estructurales a su influencia si se somete a primarias colectivas.
En paralelo, la precandidata Claudia López y Sergio Fajardo, declarados de centro, parecen estar intensificando conversaciones para poner en marcha una consulta de centro, aunque los avances no han consolidado aún acuerdos firmes entre ellos ni han logrado sumar otros nombres relevantes antes del cierre de plazos legales.
Fajardo, quien días atrás había descartado ir a una consulta, reconoció ayer que está “analizando todas las posibilidades”, lo que marca un viraje respecto a posturas anteriores y sugiere que el centro aún intenta articular una vía competitiva en medio de la polarización.
Las decisiones que cayeron ayer como balde de agua fría entre todos los sectores de la política nacional podrían estar demostrando que el tablero electoral se está reconfigurando y que las consultas en esta ronda electoral ya no solo son un mecanismo para seleccionar candidaturas, sino, más bien, un espacio de negociación política que implica mover las mejores fichas para llegar a la Casa de Nariño.
Quedan apenas semanas para el 8 de marzo, pero lo que sucedió ayer deja claro que ningún resultado será automático o garantizado de cara a las presidenciales de 2026.