La ejecución fallida de Christa Pike en Tennessee, Estados Unidos, el 30 de septiembre de 2026 terminó de una manera que volvió a poner bajo escrutinio el uso de medicamentos en la pena de muerte. Pike, de 50 años, recibió dos dosis de pentobarbital durante el procedimiento y sobrevivió inicialmente al intento de ejecución. Después fue trasladada a un centro médico. El episodio llevó al estado de Tennessee a anunciar una revisión del método y abrió nuevamente el debate sobre el uso de este medicamento en las ejecuciones.
El caso también planteó una pregunta médica: ¿qué ocurre en el cuerpo cuando se administra pentobarbital y por qué su efecto puede variar entre individuos? Para comprenderlo, SEMANA consultó a Miguel Tolosa, docente de Toxicología Clínica de la Universidad Fucs.
¿Por qué este medicamento?
El pentobarbital pertenece al grupo de los barbitúricos. Según explica Tolosa, estos medicamentos actúan principalmente potenciando la acción del GABA o ácido gamma-aminobutírico, uno de los principales neurotransmisores inhibidores del cerebro. En términos sencillos, reduce la actividad neuronal y hace que el sistema nervioso funcione más lentamente.
Dependiendo de la dosis y de las características del paciente, el efecto puede comenzar con somnolencia y sedación, y avanzar hacia una pérdida profunda del estado de conciencia. En una intoxicación grave, sin embargo, “el desenlace fatal no es simplemente que la persona se quede dormida; es una intoxicación grave que puede producir una depresión simultánea del sistema nervioso central, la respiración y circulación. Y, si estas funciones no son sostenidas médicamente, los órganos dejan de recibir suficiente oxígeno, producen una falla multiorgánica y llevan a la muerte”.
En medicina, el pentobarbital se utiliza actualmente de manera mucho más restringida que en el pasado. Tolosa explica que se trata de un medicamento de bajo margen terapéutico, es decir que concentraciones superiores a las habituales pueden producir efectos no deseados.
Su uso está reservado exclusivamente a determinados escenarios hospitalarios especializados. Puede emplearse, por ejemplo, en algunos casos de estatus epiléptico que no responden a los tratamientos convencionales o en situaciones de cuidado neurocrítico en las que existe una presión intracraneal muy elevada que no ha podido controlarse con otras medidas. “Es pertinente recordar que su utilización en protocolos de ejecución no constituye un uso terapéutico y se lo hará principalmente en lograr esas propiedades farmacológicas que en medicina buscamos evitar. Pérdida profunda del estado de conciencia, depresión respiratoria y colapso cardiovascular”.
La diferencia es fundamental. En un contexto clínico, la administración del medicamento ocurre dentro de un proceso de vigilancia y soporte médico. En un protocolo de ejecución, el objetivo es que la depresión de las funciones vitales conduzca a la muerte.
El episodio ocurrido con Pike puso esa diferencia bajo la lupa. La información sobre el procedimiento y sus resultados desencadenó cuestionamientos y una revisión de las autoridades de Tennessee. Sin embargo, el caso por sí solo no permite establecer cuál fue la causa médica exacta para la respuesta de Pike.
¿Resistencia al medicamento?
Una de las expresiones que surgió alrededor del caso fue la idea de que una persona podría ser “resistente” al pentobarbital. Para Tolosa, esa formulación puede resultar engañosa porque hace pensar en una característica fija del individuo, cuando la respuesta farmacológica es mucho más compleja.
Un medicamento debe atravesar distintas etapas dentro del organismo. Tiene que distribuirse, alcanzar los tejidos donde ejerce su acción, ser metabolizado y, finalmente, eliminado. Las condiciones de cada paciente pueden modificar cualquiera de esos procesos.
La función renal y hepática, la circulación, la composición corporal, la edad, las proteínas plasmáticas, otras sustancias presentes en el organismo, las interacciones con medicamentos y enfermedades concomitantes pueden alterar la exposición y sus efectos.
También existen diferencias farmacodinámicas: dos personas que alcanzan concentraciones similares de un fármaco pueden presentar respuestas distintas. El estado de una enfermedad previa puede modificar, además, los mecanismos neurológicos sobre los que actúa el medicamento.
Tolosa menciona el estatus epiléptico prolongado como un ejemplo. Durante esa condición pueden producirse modificaciones en los receptores y en los sistemas de neurotransmisión, de manera que medicamentos cuyo mecanismo depende de potenciar el GABA pueden perder efectividad. Algo similar ocurre con otros fármacos, como las benzodiazepinas. Por eso, “el término persona resistente al pentobarbital requiere de especial atención y cuidado. No se puede inducir a pensar que existe una característica fija del individuo o de la persona que hace que el medicamento simplemente no funcione. Y en este tipo de escenarios la situación es mucho más compleja”.
El especialista considera más adecuado hablar de variabilidad en la respuesta o, en determinadas circunstancias, de farmacorresistencia asociada a una enfermedad concreta. También pueden influir exposiciones previas a otros depresores, antecedentes de consumo de sustancias psicoactivas de tipo depresor, interacciones farmacológicas y enfermedades neurológicas graves.
La edad, la función hepática, la composición corporal y el estado circulatorio también forman parte de ese conjunto de variables. No se trata únicamente de cuánto medicamento entra al organismo, sino de qué sucede después. “Nosotros conocemos los efectos farmacológicos que produce el pentobarbital, pero no podemos asumir que dos individuos tendrán exactamente la misma intensidad, duración o fuerza del efecto ante una exposición comparable”.
Complicaciones
Tras conocerse que Pike había sobrevivido inicialmente al suministro de dos dosis del medicamento, otra gran pregunta ha sido el estado de salud posterior. Cuando la exposición es prolongada y la sedación profunda se mantiene durante periodos extensos, pueden aparecer diversas complicaciones. Tolosa menciona neumonía, necesidad de ventilación mecánica prolongada, alteraciones gastrointestinales y trastornos metabólicos de por vida.
Al cierre de esta edición, el estado de salud de Christa Pike era crítico y se temía por su vida.