El dengue dejó de ser una enfermedad confinada a los territorios donde históricamente se concentraba. En América Latina, el mapa de transmisión se está moviendo y, con él, los desafíos para los sistemas de salud. La expansión del mosquito Aedes aegypti, el aumento de las temperaturas a nivel mundial, las dificultades en el acceso al agua y los cambios en la inmunidad de las poblaciones están configurando un escenario que exige algo más que respuestas durante los picos de contagios.
La conversación cobra especial importancia esta última semana de agosto. El 20 se conmemoró el Día Mundial del Mosquito y el 26 se recuerda el Día Internacional de Concientización contra el Dengue. En esa misma coyuntura, Cartagena acogió el Latam Dengue Forum, encuentro que reunió a expertos, científicos, autoridades sanitarias y líderes de opinión para analizar cómo llevar las recomendaciones contra la enfermedad a la práctica.
Colombia llega a esta discusión con una cifra que obliga a mantener la alerta: hasta la tercera semana de agosto de 2026, el país ya registraba más de 70.452 personas contagiadas, según el Instituto Nacional de Salud.
Julio Croda, médico infectólogo y epidemiólogo de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), profesor asociado de Medicina Interna de la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur y profesor asociado adjunto de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de Yale, conoce el problema desde la investigación y la gestión sanitaria. Antes dirigió el área de Inmunizaciones y Enfermedades Transmisibles del Ministerio de Salud de Brasil y fue consultor de la OPS Brasil para emergencias de salud pública. A su juicio, el cambio climático es uno de los elementos centrales a fin de entender la nueva geografía del dengue.
“Creo que la mayor parte de lo que ocurrió, especialmente durante los últimos años y particularmente en 2024, tiene que ver con el impacto del cambio climático. Y esto es un hecho porque hemos tenido un aumento de la temperatura, especialmente en algunas regiones y ciudades que en el pasado no tenían temperaturas tan altas y que ahora las tienen durante periodos prolongados”, aseguró en conversación con SEMANA.
El aumento de la temperatura favorece la expansión del vector, pero también importan la urbanización, las condiciones socioeconómicas, la infraestructura y el acceso al agua. “Cuando hay dificultades en el acceso al agua, esto lleva a que la población cree nuevos reservorios, y estas son buenas condiciones para la proliferación de los mosquitos. La población más pobre siempre es la más afectada”, asegura.
Cuatro serotipos y una población que cambia
Existen cuatro serotipos del dengue y su circulación puede cambiar con el tiempo. Croda explica que en los últimos años los serotipos 1 y 2 han tenido una circulación importante en América Latina y el Caribe. En 2023 predominó inicialmente el serotipo 1 y durante 2024 se produjo un cambio hacia el serotipo 2. Posteriormente, comenzó a circular el serotipo 3.
La clave no está en determinar cuál serotipo es “más peligroso”, sino en la exposición previa de la población. “Los serotipos tienen algunas diferencias genéticas entre ellos, pero es muy difícil establecer grandes diferencias. Lo importante es la inmunidad de las personas. Es la población la que tiene inmunidad frente a un serotipo específico, y esta inmunidad disminuye con el tiempo si ese serotipo no circula mucho. Esto da una oportunidad para que ese serotipo vuelva a circular más y se produzcan más casos y más hospitalizaciones”.
En las nuevas áreas de transmisión puede existir una menor inmunidad poblacional. São Paulo es uno de los ejemplos mencionados por Croda y muestra la importancia de observar cómo se comporta el dengue cuando alcanza territorios que no tenían una circulación histórica semejante.
En este escenario, las vacunas son una de las herramientas de prevención. Croda señala que los ensayos clínicos están diseñados para evaluar la eficacia frente a los cuatro serotipos, aunque todavía existen preguntas que deben resolverse con mayor evidencia, particularmente sobre la protección frente al serotipo 3 en personas seronegativas. Brasil fue uno de los primeros países en adoptar la vacunación como estrategia de prevención en salud pública en Latinoamérica. Según Croda, más de 32 millones de dosis han sido administradas.
De reaccionar a anticiparse
Croda señala que en 2024 el dengue se convirtió en Brasil en la enfermedad infecciosa que más muertes causó: 6.600 fallecimientos, frente a 5.900 por covid y 6.000 por tuberculosis.
Pero la estrategia no termina con la vacunación. Croda explica que Brasil ha incorporado herramientas basadas en la Wolbachia, una bacteria utilizada en mosquitos como estrategia para disminuir la transmisión. Varias ciudades brasileñas la han implementado y existen experiencias similares en Singapur e Indonesia. Según el especialista, la protección en la población con esta estrategia se encuentra entre el 60 y el 70 por ciento. “El mejor enfoque es la combinación de estas dos herramientas de prevención en la población: proporcionar inmunidad y también disminuir la transmisión entre los vectores”, señala.
Asimismo, el sistema sanitario debe estar listo para atender a quienes se enfermen. Esto implica capacitar al personal médico, identificar oportunamente a los pacientes que pueden desarrollar signos de alarma y preparar áreas de atención e hidratación en los territorios donde se presentan los brotes.
Lecciones para Colombia
Para el país, el aprendizaje resulta especialmente pertinente. Croda advierte que el dengue ya no está restringido a zonas cercanas al mar y que algunas ciudades y regiones montañosas están siendo afectadas. La expansión hacia los Andes obliga a pensar la prevención de otra manera: no esperar a que el brote se consolide, sino anticipar qué territorios pueden convertirse en los siguientes focos. “Creo que Colombia necesita, como lo hizo Brasil, integrar nuevas herramientas de prevención contra el dengue en los programas públicos”.
Un informe epidemiológico del Instituto Nacional de Salud señaló que, a la fecha, Magdalena y Cesar registraron aumentos de casos del 234 por ciento y 165 por ciento, respectivamente. Estos incrementos fueron asociados a anomalías de lluvia en la región Caribe, lo que ubicó a los dos departamentos a la cabeza de los que registran mayor aumento de contagios.
Ante estas cifras, el experto asegura que “los Gobiernos necesitan entender esto mediante el uso de modelos matemáticos para comprender cuáles serán las próximas áreas afectadas por el cambio climático a lo largo del tiempo. Esto se está volviendo peor”.
El caso colombiano, con más de 70.000 contagios reportados hasta agosto de 2026, muestra que el desafío está presente y que las herramientas deben discutirse antes de que llegue el siguiente pico. Croda resume el reto en una mirada que va más allá de la temporada actual: “Hay que pensar en las próximas generaciones. Este año creo que los actores involucrados y los Gobiernos necesitan prepararse. El impacto del dengue será muy grande. Especialmente, con la llegada del Superniño”.
La advertencia no termina en América Latina. Croda anticipa que la expansión de los arbovirus transmitidos por mosquitos, garrapatas y jejenes también será un desafío para el sur de Europa. Francia ya ha registrado brotes de chikungunya y, según el especialista, este tipo de eventos pueden hacerse más frecuentes en los próximos años.