A veces, el problema no es sentirse mal, sino creer que sentirse mal está mal. Esa es una de las ideas centrales de Psicología punk: contra el pensamiento positivo y naif, el libro en el que el psicólogo español Víctor Amat cuestiona una cultura que ha convertido la felicidad permanente en una especie de obligación. Amat dirige desde 2000 su consulta en Barcelona y llegó a esta mirada a partir de su propia práctica profesional: durante años fue, según cuenta, un “fanático” de la psicología positiva, hasta que observó que “no reaccionaban positivamente a este tipo de mensajes; ellos ya intentaban pensar en positivo, intentaban no preocuparse y, a lo largo de estos años, yo me daba cuenta de que ese era un discurso que, en lugar de ayudarlos, los estaba enterrando en vida”, recuerda.

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La pregunta que abrió una grieta en esa convicción llegó luego de una conversación en 2022. La frase fue sencilla y, para Amat, decisiva: la vida implica sufrimiento y una psicología concentrada exclusivamente en apartarlo para perseguir la felicidad puede equivocarse. A partir de entonces empezó a modificar su manera de acompañar a quienes llegaban a consulta. En vez de intentar borrar el sufrimiento antes de intervenir, comenzó por reconocerlo, darle un lugar y utilizarlo como información para orientar cambios.

Víctor Amat es profesor colaborador en destacadas instituciones públicas como el Institut Català de la Salut, la Generalitat de Catalunya, la Universidad de Barcelona, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Ramon Llull. Actualmente dirige el posgrado en Intervención Breve

El punto de partida de su crítica es una distinción que puede parecer elemental, pero que cambia la forma de mirar el malestar: una emoción no se vuelve un error porque sea desagradable. Tristeza, miedo, rabia o frustración pueden ser experiencias difíciles, pero no necesariamente son señales de que una persona está funcionando mal. Para Amat, el problema aparece cuando el profesional o el entorno intentan imponer una emoción distinta de la que está viviendo.

Si alguien está triste y le decimos que se anime; como está triste, por el motivo que sea, no puede animarse. Si insistimos, lo que conseguimos es que la persona piense que realmente está más grave de lo que está y empieza esa persona a ser un problema”, asegura.

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Víctor Amat ha escrito los libros Psicología punk, Autoestima punk y Antimeditaciones, que han revolucionado el modo de entender el crecimiento personal en más de 50.000 lectores. Foto: Penguin Random House

No se trata de defender el sufrimiento por el sufrimiento mismo. Amat es claro en que su objetivo como psicólogo es acompañar a la persona hacia un estado de mayor bienestar. La diferencia está en el camino. Si el paciente percibe que el profesional comprende el lugar emocional desde el que está hablando, se construye un vínculo más potente y aumenta la posibilidad de trabajar sobre aquello que ocurre. En cambio, negar de entrada esa experiencia puede producir una segunda carga: además de sufrir, la persona comienza a sentirse culpable por no conseguir estar bien.

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Ese mecanismo resulta especialmente relevante para las nuevas generaciones. Padres y profesores enfrentan la tentación de proteger a niños y adolescentes de toda frustración, fracaso o dificultad, con la buena intención de evitarles sufrimiento. Amat propone mirar el asunto desde otro lugar: aprender qué desafíos corresponden a cada etapa y permitir que los menores desarrollen herramientas para enfrentarlos. La sobreprotección, advierte, puede terminar reduciendo su capacidad para desenvolverse frente al mundo real. “Evitarles el fracaso les evita la información. A mí me gusta cambiar la palabra fracaso por información. En el fracaso, cuando uno hace algo y le sale mal, obtiene una información. Debe aprender qué información tiene que sacar. Ese es el trabajo de los padres”.

Víctor Amat es profesor colaborador en destacadas instituciones públicas como el Institut Català de la Salut, la Generalitat de Catalunya, la Universidad de Barcelona, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Ramon Llull. Actualmente dirige el posgrado en Intervención Breve

En esa mirada hay una reivindicación de la autonomía. Un niño no necesita que un adulto le resuelva cada dificultad; necesita acompañamiento para comprender qué ocurrió, qué consecuencias tuvo y qué puede aprender de ello. Amat no propone abandonar a los menores a su suerte, sino evitar que la protección se convierta en una sustitución permanente de su capacidad para actuar. La frustración, dentro de límites razonables, puede funcionar como una experiencia de aprendizaje.

Por eso cuestiona también el discurso de que todo debe traducirse en éxito, resiliencia y felicidad. La vida no ofrece esas garantías. Una persona puede aprender, equivocarse, volver a intentar y aun así encontrar obstáculos que no había previsto. Pretender que desde la infancia se debe estar preparado para ganar siempre crea una expectativa difícil de sostener. Y cuando esa expectativa choca con la realidad, el fracaso puede sentirse no como información, sino como una prueba de incapacidad personal.

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La industria de la certeza

Víctor Amat, psicólogo, psicoterapeuta y divulgador español autor de Ha escrito los libros Psicología punk, Autoestima punk y Antimeditaciones, que han revolucionado el modo de entender el crecimiento personal en más de 50.000 lectores. Foto: Carmen Carrazquez

El mismo problema aparece en la autoayuda. Para Amat, estos libros y discursos responden a una necesidad real: cuando alguien se siente mal, busca una respuesta que le permita entender qué hacer. El problema surge cuando una experiencia particular se presenta como una fórmula aplicable a todos. Las redes sociales amplificaron esa lógica y convirtieron a muchos gurús digitales en referentes que ofrecen instrucciones sobre cómo criar, trabajar, relacionarse o superar una crisis. “Creo que lo que hemos hecho es perder el juicio crítico de lo que a cada persona le conviene, porque lo que te conviene a ti, a tu edad y con tu experiencia es muy diferente de lo que me conviene a mí”.

La promesa de reinventarse es uno de los ejemplos que utiliza para explicar el problema. Una recomendación puede sonar inspiradora y, sin embargo, ignorar las condiciones materiales de quien la recibe. No tiene el mismo significado perder un empleo cuando se cuenta con una red de contactos, formación y recursos económicos que hacerlo cuando esas posibilidades no existen. La autoayuda puede convertir una circunstancia compleja en una responsabilidad individual: si no logras salir adelante, parecería que no te esforzaste lo suficiente o que no pensaste de la manera correcta.

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El marketing de la certeza encuentra allí un terreno fértil. La experiencia humana es incierta y precisamente por eso resultan atractivas las promesas que ofrecen control y felicidad inmediata. Amat compara esa dinámica con la búsqueda de garantías frente a problemas que, por naturaleza, no pueden garantizarse.

Autonomía en tiempos de incertidumbre

Víctor Amat es profesor colaborador en destacadas instituciones públicas como el Institut Català de la Salut, la Generalitat de Catalunya, la Universidad de Barcelona, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Ramon Llull. Actualmente dirige el posgrado en Intervención Breve Foto: Cortesía Víctor Amat

Precisamente por eso, el psicólogo considera peligrosa la idea de que existe una vacuna psicológica capaz de eliminar la incertidumbre. Esta es una de las tesis más incómodas del libro: aceptar que no existen garantías no significa quedarse inmóvil. Es justamente lo contrario. La autonomía aparece cuando una persona puede actuar sin tener la certeza de que el resultado será favorable. “Conducir supone confiar en que otros conductores respetarán las reglas; enamorarse supone aceptar que no existe una garantía contra el abandono o la traición; publicar un texto implica asumir que no gustará necesariamente a todo el mundo”, afirma.

Las redes sociales complican todavía más ese aprendizaje porque convierten la comparación en una actividad cotidiana. Amat señala que las personas hemos sido educadas desde pequeñas para compararnos con otros y, muchas veces, para salir perdiendo en esa comparación. “En las redes, a donde vayas, acabas siguiendo a gente con la cual te comparas para perder. Si tengo un poco de sobrepeso, voy a seguir a una chica que va a tener un cuerpo perfecto, o si yo tengo una cara con un poco de acné, pues miro una chica que hace rutinas de skincare”.

Por eso la psicología, en su opinión, tampoco debería prometer una felicidad permanente. “La psicología, la psicoterapia, que es mi especialidad, tienen que ayudar a la persona a sostener un malestar suficiente que le permita hacer la revolución de su propia vida y de su propio entorno”.