Salud
“¿Cómo sé que mi hijo o hija tiene depresión y no tristeza?“: el siquiatra Germán Casas lo responde en un nuevo libro
La periodista Catalina Gallo conversa con el afamado médico siquiatra para dar respuesta a las incógnitas más comunes que tienen los padres de familia respecto a la salud mental de sus hijos.
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En el mundo, la depresión y la ansiedad cada vez son más frecuentes. Y en niños, niñas y adolescentes son una de las principales causas de consulta. Suele ser una condición que se lleva en silencio, pero que genera un dolor muy grande en las familias de quienes la padecen.
Catalina Gallo, una reconocida periodista de salud mental y editora, conversa ampliamente con Germán Casas, uno de los psiquiatras de niños y jóvenes más reconocidos del país. SEMANA reproduce el capítulo con una de las preguntas más comunes que le hacen al médico. Lea el capítulo completo:
“¿Cómo sé que mi hijo o hija tiene depresión y no tristeza?“
“Depende de la edad. Cuando tienen depresión, los niños y las niñas presentan un cambio abrupto y evidente en sus actividades cotidianas; dejan de disfrutar las cosas que antes les gustaban, cambian sus patrones de juego, se aíslan de los demás niños, se vuelven muy irritables y, a veces, tienen reacciones que son falsamente entendidas como agresivas, porque son fruto de la irritabilidad o de la intolerancia con lo que les está pasando en su interior. Uno no ve al niño o a la niña realmente triste.
Estos síntomas tienen que ser permanentes. No es que al pequeño le dé depresión un día y al otro no. No se trata de que tenga una pataleta hoy y al día siguiente ya esté bien. Tienen que presentarse los mismos síntomas durante mínimo dos semanas y deben ser incapacitantes; es decir, que el niño o la niña no pueda estudiar, no se pueda relacionar con otros y se aísle.

La depresión puede darse a cualquier edad. Incluso puede haber depresión en bebés. La depresión en niños de edad preescolar —entre los dos y los cinco años— se caracteriza por tristeza, agresividad, irritabilidad y también por regresión en el desarrollo. Por ejemplo, un niño que ya iba al baño y ya no usaba pañales comienza a tener problemas de control de esfínteres, un niño que ya hablaba bien empieza a hablar a media lengua.
Regularmente, los niños que están viviendo (o vivieron) situaciones externas como la muerte de un familiar, el abandono o el maltrato pueden tener depresión.
En niños preescolares, la depresión también puede ir acompañada de irritabilidad permanente, desasosiego, aislamiento. Esto es importante porque es muy raro que un niño se aísle. Los menores de cinco años siempre buscan estar en contacto con alguien; quieren jugar con otro o estar con el papá o la mamá. Tampoco es común que en estas edades verbalicen lo que les sucede, ya que generalmente lo ponen en sus dibujos o en sus juegos.
Ya por encima de los cinco años sí pueden verbalizarla y decir que se sienten tristes, que no están contentos con lo que hacen. Por encima de los siete años, puede haber más llanto y a veces tristeza, aunque este no es el síntoma más frecuente. En ocasiones, pueden hablar de la muerte o incluso manifestar deseos de su propia muerte, y siempre se debe atender a un niño cuando dice que se quiere morir.
En el caso de un adolescente, puede tener momentos de tristeza y apatía que son normales a su edad. Tal vez no quiera salir de su casa un día o no quiera hablar con sus padres: todo esto forma parte de su desarrollo psicológico. De hecho, los momentos de introspección de los adolescentes son necesarios para que piensen en sí mismos, para que hagan una proyección y se pregunten qué quieren hacer con su vida.
Los conflictos en la adolescencia también son necesarios. Ellos quieren hacer todo lo que desean y, además, hacerlo a su manera. Hay que perderles el miedo a los adolescentes. Es normal que reviren, que sean rebeldes, que hagan mala cara. Los padres tienen que entender esto y fijar límites. Como se dice coloquialmente, el “tire y afloje” es completamente normal.
Pero si un adolescente dura más de dos semanas seguidas apático, negativo, silencioso; se encierra en el cuarto y no habla con nadie, ni con sus amigos ni con su novio o novia; tampoco chatea con ellos; deja de hacer las cosas que le gustan; no se arregla; tampoco se baña; no quiere verse bien para una fiesta; es muy probable que esté entrando en una depresión. En estos casos, lo que se debe hacer es buscar ayuda de un profesional de la salud mental.
Otro síntoma importante es publicar mensajes depresivos o de despedida en sus redes sociales.
Existe una equivocación muy grande en creer que un adolescente que está triste tiene depresión y que los padres le deben dar gusto en todo para evitar que la situación se profundice. Como lo expliqué en la pregunta 2, la depresión NO es tristeza; la depresión afecta la vida cotidiana de las personas que la padecen".



