Cuando el suelo deja de moverse, la emergencia psicológica no necesariamente termina. El miedo puede permanecer, el sueño alterarse y la mente continuar buscando señales de peligro.
Después de un terremoto también pueden aparecer ansiedad, hipervigilancia, tristeza, culpa, problemas de concentración y cambios de comportamiento, tanto en adultos como en niños.
Expertos consultados por SEMANA explican por qué ocurre y qué pueden hacer familiares, amigos y equipos de atención para acompañar a quienes atraviesan la crisis.
Los efectos de un terremoto en el cuerpo y la mente pueden continuar después del sismo
Durante un terremoto, el cuerpo puede activar una respuesta automática frente al peligro.
El NIMH explica que el miedo forma parte de la respuesta de “lucha o huida”, un mecanismo que ayuda a la persona a responder o ponerse a salvo ante una amenaza.
Pero esa respuesta puede prolongarse después del evento.
El instituto en mención reconoce, entre las reacciones posteriores a una experiencia traumática, la ansiedad, los problemas de sueño, las dificultades para concentrarse, los recuerdos relacionados con lo ocurrido y diferentes síntomas físicos.
La mayoría de las personas, sin embargo, logra recuperarse con el tiempo.
La psicóloga y psicoterapeuta Carmen Pabón, especialista en trauma complejo, explicó a SEMANA que después de una experiencia traumática colectiva algunas personas pueden permanecer en un estado de hipervigilancia, con ansiedad y alteraciones del sueño.
Según la especialista, la mente puede tener dificultades para diferenciar entre el peligro que ya ocurrió y la posibilidad de que vuelva a suceder.
Esto ayuda a entender por qué una persona puede sobresaltarse ante un ruido, sentir miedo ante una nueva vibración o tener dificultades para dormir incluso cuando ya se encuentra fuera de peligro.
No todas las personas viven el trauma de la misma manera
Una de las principales advertencias de la especialista entrevistada por SEMANA es que no todas las personas que viven el mismo terremoto desarrollan las mismas reacciones psicológicas.
La magnitud del desastre puede ser colectiva, pero la experiencia individual es diferente.
Según Pabón, influyen factores como lo que vivió cada persona, la rapidez con la que recibió ayuda, las redes de apoyo disponibles y las pérdidas que ya acumulaba antes del desastre.
Esta diferencia también está reconocida por los organismos de salud.
La OMS explica que las emergencias pueden generar respuestas emocionales diversas y que sus consecuencias dependen, entre otros factores, de las circunstancias individuales y sociales de las personas afectadas.
Por eso, no es correcto afirmar que todas las víctimas de un terremoto tendrán estrés postraumático.
El NIMH señala que muchas personas presentan reacciones temporales y posteriormente se recuperan.
Una de las consecuencias más difíciles después de un sismo es recuperar la sensación de seguridad.
Las réplicas, los daños en las viviendas, la incertidumbre sobre familiares y amigos y el temor a nuevas emergencias pueden mantener activa la respuesta de alarma.
A esto se suma la exposición permanente a imágenes de edificios destruidos, personas heridas y labores de rescate.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos,CDC, reconocen que después de un desastre pueden presentarse miedo, preocupación, problemas de sueño, dificultades para concentrarse, irritabilidad y distintas molestias físicas.
Por eso, mantener una exposición permanente a contenidos relacionados con la tragedia puede convertirse en otra fuente de estrés.
SEMANA recoge la recomendación de Pabón de establecer límites conscientes al consumo de información y permitir espacios de descanso, especialmente entre quienes están expuestos de manera continua a la emergencia.
Recuperar pequeñas rutinas puede devolver sensación de seguridad
Después de una emergencia, la vida cotidiana puede quedar completamente alterada.
Sin embargo, recuperar progresivamente actividades básicas puede ayudar a los menores a recuperar cierta sensación de estabilidad.
Acompañar a alguien después de un terremoto no significa exigirle que sea fuerte ni pedirle que olvide rápidamente lo ocurrido.
Significa escuchar, ofrecer seguridad, ayudar con necesidades concretas, respetar sus tiempos y facilitar el acceso a profesionales cuando el sufrimiento supera los recursos personales.