Colombia nunca había estado tan conectada. Según el informe Digital 2025: Colombia, actualmente 41,1 millones de personas utilizan internet y 36,8 millones son usuarias activas de redes sociales, una realidad que ha transformado la manera en que las personas trabajan, estudian, se informan y se relacionan. Sin embargo, esta hiperconectividad también está planteando nuevos desafíos para la salud mental. El propio Ministerio de Salud reconoce que el ritmo acelerado de la vida digital y la exposición constante a contenidos hacen parte de los factores que hoy obligan a fortalecer el bienestar emocional de la población.
En este contexto, la higiene digital cobra relevancia como un hábito de autocuidado. Así como hoy existe una mayor conciencia sobre la importancia de dormir bien, mantener una alimentación saludable o realizar actividad física, los especialistas advierten que aprender a gestionar el consumo de noticias, redes sociales y notificaciones también se ha convertido en un factor clave para proteger la salud mental.
Desde la psicología, la explicación es clara: aunque una noticia o un contenido que vemos en una pantalla no represente una amenaza física inmediata, el cerebro puede reaccionar como si realmente estuviera frente a un peligro. La exposición repetitiva a información negativa, imágenes impactantes o situaciones de incertidumbre activa mecanismos biológicos de respuesta al estrés que, cuando se mantienen durante periodos prolongados, pueden afectar el equilibrio emocional, la calidad del sueño, la atención y la capacidad para regular las emociones.
Especialistas de Harvard Medical School explican que el consumo reiterado de noticias negativas activa la amígdala, la región del cerebro encargada de procesar el miedo y las amenazas, dificultando que el organismo recupere un estado de calma antes de volver a exponerse a nuevos estímulos.
“Nuestro cerebro evolucionó para responder rápidamente ante situaciones que representaban un riesgo para la supervivencia. Hoy, aunque muchas de esas amenazas llegan a través de una pantalla, el organismo puede reaccionar de manera similar. Por eso, una exposición constante a noticias o contenidos emocionalmente intensos puede mantener activados los mecanismos del estrés durante más tiempo del necesario y afectar el bienestar emocional”, explica Andrés Abril, profesor del Programa de Psicología de la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Bogotá.
Cuando estar informado deja de ser saludable
Mantenerse informado es fundamental para comprender lo que ocurre en el entorno y tomar decisiones. Sin embargo, cuando el consumo de información se vuelve excesivo o compulsivo, puede aparecer un fenómeno conocido como doomscrolling, término utilizado para describir la tendencia a permanecer largos periodos consumiendo noticias negativas o preocupantes, incluso cuando estas generan malestar.
Lejos de ser una simple falta de control, este comportamiento tiene una explicación psicológica. Las personas tienden a buscar información cuando enfrentan situaciones de incertidumbre porque el cerebro intenta anticipar posibles amenazas y reducir la sensación de inseguridad. Sin embargo, en un entorno digital donde la información nunca se detiene, esa búsqueda puede convertirse en un ciclo difícil de romper, generando el efecto contrario: más ansiedad, preocupación y agotamiento emocional.
“Muchas personas creen que, si siguen leyendo noticias o revisando constantemente las redes sociales, sentirán que tienen mayor control sobre lo que ocurre. Sin embargo, cuando esa búsqueda se vuelve permanente, puede aumentar la sensación de incertidumbre y mantener a la persona en un estado continuo de alerta. Informarse es necesario; hacerlo de manera compulsiva no”, señala Andrés Abril.
La evidencia científica respalda esta preocupación. Un estudio de la Universidad de Vermont, publicado en 2022 en la revista Psychological Trauma, encontró que el consumo de noticias a través de redes sociales, más que mediante medios tradicionales, se asociaba con mayores síntomas de depresión y estrés postraumático. A su vez, una investigación de Texas Tech University, publicada en la revista Health Communication, identificó que el 16,5 % de las personas evaluadas presentaba un patrón severamente problemático de consumo de noticias, acompañado de niveles significativamente más altos de malestar psicológico y físico.
Aunque cualquier persona puede verse afectada por esta dinámica, algunos grupos presentan una mayor vulnerabilidad debido a la frecuencia con la que interactúan con plataformas digitales.