El mercurio fue durante décadas uno de los componentes más utilizados en los termómetros de vidrio gracias a su capacidad para medir con precisión la temperatura. Sin embargo, hoy se sabe que, cuando un termómetro se rompe, este metal puede liberar vapores que representan un riesgo para la salud, especialmente en espacios cerrados y con poca ventilación.
Aunque la cantidad de mercurio contenida en un termómetro es relativamente pequeña, los expertos advierten que lo importante es evitar que las diminutas gotas se dispersen por la vivienda o en el lugar en donde esté. Estas pueden rodar con facilidad, esconderse entre grietas o debajo de los muebles y seguir liberando vapores con el paso del tiempo.
Los errores que nunca debe cometer
Si el termómetro se rompe, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) recomienda mantener alejados a niños y mascotas, abrir las ventanas para ventilar el lugar y cerrar las puertas del resto de la vivienda para evitar que el aire transporte el mercurio a otras habitaciones.
Uno de los errores más comunes es utilizar una aspiradora. Aunque parezca la forma más rápida de limpiar, el calor del aparato favorece que el mercurio se evapore y aumente la concentración de vapores en el ambiente. Tampoco se debe barrer con una escoba, ya que solo fragmenta las gotas en partículas más pequeñas y facilita su dispersión.
Otra práctica que debe evitarse es arrojar el mercurio por el desagüe o manipularlo mientras se camina por la zona contaminada, pues podría adherirse al calzado y extenderse a otros espacios de la casa. La ropa o elementos que entren en contacto con el metal también pueden convertirse en una fuente de contaminación.
¿Cómo recoger el mercurio?
La EPA explica que, si se trata del contenido de un termómetro, las pequeñas gotas pueden reunirse cuidadosamente con ayuda de un cartón rígido y recogerlas utilizando una hoja de papel o una cinta adhesiva para las partículas más pequeñas. Posteriormente, tanto el mercurio como el vidrio roto deben guardarse en un recipiente o bolsa sellada para su correcta disposición.
Los especialistas también recuerdan que el principal peligro proviene de inhalar los vapores del mercurio, no del simple contacto breve con la piel intacta. Si una persona presenta síntomas tras la exposición o existe preocupación por la presencia de mujeres embarazadas o niños pequeños en el lugar, lo más recomendable es buscar orientación médica o comunicarse con un centro de toxicología.