SEMANA llegó a San José de Palmar (Chocó), epicentro del terremoto en Colombia ocurrido el 10 de agosto pasado. Contrario a lo pensado, el municipio no sufrió daños tan contundentes como los registrados en Cali, Manizales, Pereira y otras ciudades.

Aunque allí tuvo lugar el epicentro del terremoto de 7.4 el lunes a las 07h34, siendo el más mortífero que ha sacudido Colombia en lo que va del siglo, los daños estructurales no son de fuerte dimensión.

Algunos de sus habitantes hablaron con SEMANA y manifestaron la necesidad de contar con más agua o servicios tales como el fluido eléctrico o combustible, dado que quedaron incomunicados por vía terrestre. “Fue terrible, la tierra rugía, daba muchísimo miedo (...) Estamos sin energía. Nos aterra dormir en los apartamentos”, dijo una habitante.

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En busca de sobrevivientes

Colombia declaró este miércoles tres días de duelo en honor a los más de 230 fallecidos que deja hasta el momento el potente terremoto, mientras socorristas y voluntarios trabajan sin descanso para rescatar a los sobrevivientes restantes.

Con una magnitud de 7.4, el terremoto ocurrido el lunes a las 07h34 fue el más mortífero que ha sacudido Colombia en lo que va del siglo y afectó, en especial, poblaciones del Pacífico y de la región cafetera en el oeste del país.

El Gobierno anunció que las banderas ondearán a media asta en los edificios oficiales y embajadas colombianas en el extranjero, “en homenaje a todos los fallecidos”, cuyo número asciende a 239, según la autoridad de atención a desastres.

En las ciudades de Pereira y Cali los equipos de emergencia trabajaron toda la noche con grúas, perros y maquinaria pesada en la búsqueda de sobrevivientes, mientras que los voluntarios formaban cadenas humanas para retirar los escombros a mano.

“Yo sé que hoy y mañana vamos a sacar gente con vida (...) Yo ya soy un viejo, pero soy sabueso”, dijo Julio César Pineda, un rescatista de 67 años, incansable pese a las jornadas nocturnas bajo penumbras por los cortes de electricidad que afectan a casi toda Pereira.

“Estamos entrando en la fase final de las primeras 72 horas”, dijo el miércoles el alcalde de Cali, Alejandro Eder, en referencia al periodo en el que es más probable encontrar sobrevivientes. “No quiere decir que no haya sobrevivientes después, pero sí es más difícil”, añadió.

La alegría fue enorme cuando los equipos de rescate sacaron con vida a Daniela Largo, de 32 años, tras pasar más de 35 horas atrapada entre los escombros de un hotel de Pereira.

“Estoy feliz porque cuando ya la habíamos buscado tanto (...) y en el momento que estábamos perdiendo las esperanzas, recibimos una llamada”, narró su madre, Sandra Milena Pérez, al explicar que un vecino escuchó los llamados de auxilio y alertó a los rescatistas. “Estamos felices (...) porque en la casa la está esperando un hijo” de 12 años, comentó.

En las ciudades más afectadas las familias han dormido en los parques por el temor a nuevos movimientos telúricos. Desde el terremoto se han presentado más de 130 réplicas.

La solidaridad ha aliviado las jornadas de búsqueda. Miles llevaron agua, comida y suministros a los barrios afectados, mientras se formaban largas filas frente a los centros de donación de sangre.

En Cali, un grupo de cineastas prestó micrófonos, luces y cámaras para identificar cualquier señal de vida. En las zonas más afectadas el “olor a carne descompuesta” es “súper fuerte”, dijo una rescatista.

A 250 kilómetros al norte de Cali, en El Cairo, los pobladores siguen aterrados. “La gente no quiere entrar a las casas, la gente no quiere dormir, la gente no sabe qué hacer, porque aparte han anunciado que hay réplicas”, comentó Adriana González, una cocinera de 40 años.

A la intemperie

Para encarar el proceso de reconstrucción, el presidente Abelardo De La Espriella, que asumió el poder hace apenas seis días, declaró situación de emergencia en el país y anunció alivios para los afectados.

“Hoy ya con la luz del sol podemos ver una realidad. Los duelos y las tristezas y los enojos irán creciendo con el pasar de los días”, dijo Ana Paulina Crosthwaite, una abogada de 35 años en Pereira. El edificio donde vivía con su esposo y dos hijos se desplomó.

Sobre enormes montañas de ruinas, los socorristas y voluntarios alzan los puños y piden silencio para seguir buscando. Vecinos y familiares observan expectantes en las aceras.

En Roldanillo, una pequeña población del Valle del Cauca, Yuliana Méndez, de 43 años, observa con desconsuelo su tienda de productos cosméticos que quedó destruida. “Nos duele porque es como empezar otra vez de cero. Pero hay que salir adelante, ¿qué más hacemos?”, dijo.

Washington ofreció una ayuda de 15,5 millones de dólares para atender la emergencia. La Unión Europea anunció que desbloqueó dos millones de euros y España destinará otro millón.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, informó del envío de alimentos, agua y medicamentos.

El sismo evoca la tragedia del fuerte terremoto de 1999 que dejó casi 1.200 muertos en la zona cafetera.