Mientras Colombia se prepara para afrontar los efectos del fenómeno de El Niño, una iniciativa nacida en Francia busca transformar los barrios mediante prácticas ambientales y organización comunitaria. Se trata de los ‘Ecobarrios’, un modelo que combina reciclaje, agricultura urbana, aprovechamiento del agua lluvia y energías alternativas.
El contexto climático actual aumenta el interés por estas iniciativas. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) confirmó oficialmente el fenómeno de El Niño el 10 de septiembre de 2026.
La entidad proyectó una intensidad de fuerte a muy fuerte, con una probabilidad del 83 % de mantener esas condiciones hasta el primer trimestre de 2027. Esto podría generar presiones adicionales sobre el recurso hídrico en algunas regiones del país.
Sin embargo, los ‘Ecobarrios’ no constituyen una solución automática a la crisis climática. Su funcionamiento depende de la participación de los habitantes y de que las acciones ambientales se mantengan durante años.
El modelo francés que llegó a Colombia
La iniciativa surgió en Francia a comienzos de los años 2000, como parte de una política para promover ciudades sostenibles. En Colombia comenzó a desarrollarse durante el gobierno de Antanas Mockus, pero algunos proyectos desaparecieron cuando se agotaron los recursos.
Actualmente, los barrios San Antonio, en Cali, y La Esmeralda, en Bogotá, cuentan con dos sellos ‘EcoQuartier’, cada uno, según la información suministrada sobre estas experiencias.
Para Juan Carlos Valencia, investigador de ‘Ecobarrios’ en Colombia, la clave está en construir relaciones de confianza, promover liderazgos comunitarios y lograr que los propios vecinos mantengan las iniciativas. La durabilidad, explica, es uno de los principales indicadores para determinar si un proyecto funciona.
San Antonio, una experiencia en construcción
En Cali, el proyecto de San Antonio comenzó en 2018 con una propuesta del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente para replicar el modelo francés en ese barrio y en Aguacatal.
La iniciativa contempla agricultura urbana, compostaje, recolección de agua lluvia, energías alternativas, mercados agroecológicos, reciclaje y separación de residuos. También incorporó comunicación y deporte comunitarios con conciencia ambiental.
Uno de sus proyectos es la escuela pública Carlos Alberto Sardi, que cuenta con un sistema fotovoltaico, capacidad para recolectar 3.500 litros de agua lluvia, huerta, compostaje, jardín polinizador y aula vivero. Según Mauricio Sánchez, líder del ecobarrio, estas instalaciones benefician a 350 niños.
Además, un mercado agroecológico reúne a 25 familias que generan sustento mediante la economía circular.
Pese a estos avances, San Antonio todavía está lejos de consolidarse como ‘Ecobarrio’. Sánchez estima que el proceso puede tardar entre 15 y 20 años y calcula que actualmente entre el 15 % y el 20 % de sus habitantes participa en las iniciativas.
El desafío para Colombia no consiste únicamente en replicar el modelo francés, sino en lograr que las comunidades mantengan sus proyectos cuando desaparezcan los apoyos económicos estatales.
Frente a un fenómeno climático que puede presionar el abastecimiento de agua, la organización local aparece como una herramienta complementaria de adaptación, cuyo alcance dependerá de su continuidad y expansión.