El concepto fue puesto sobre la mesa por el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Fabio Arjona, durante una reunión con la Asociación Colombiana de Gas Natural, Naturgas, en la que también se discutió el papel del gas natural dentro de la transición energética del país.
Hay una expresión que comienza a aparecer en la agenda ambiental del Gobierno de Abelardo De La Espriella y que puede generar más de una pregunta: economía azul.
El concepto aparece ligado a los proyectos de gas natural en el mar, pero la propuesta oficial va más allá de sacar recursos del océano: busca convertir esos ecosistemas en parte de una estrategia económica para las comunidades.
Pero, ¿qué significa exactamente esa economía azul?
De acuerdo con el planteamiento presentado por el Ministerio de Ambiente, se trata de una apuesta para que los recursos y ecosistemas marinos hagan parte de una estrategia de desarrollo capaz de generar valor para las comunidades, al mismo tiempo que se protege el patrimonio natural.
Y aquí aparece uno de los puntos que más llaman la atención: la propuesta está relacionada con el desarrollo de proyectos offshore (en el mar, a distancias alejadas de las costas) de gas natural.
La idea planteada por el Gobierno es que estos proyectos no se entiendan únicamente desde la perspectiva energética. Su desarrollo, según el Ministerio, debería estar conectado con la protección de los ecosistemas marino-costeros y con el fortalecimiento de las comunidades que dependen de ellos.
En esa visión aparecen elementos tan distintos como manglares, arrecifes coralinos, pesca y organizaciones comunitarias.
La apuesta, por tanto, busca conectar dos asuntos que, a primera vista, podrían parecer difíciles de juntar: desarrollo energético y conservación ambiental.
El Gobierno sostiene que los proyectos energéticos deberán estar acompañados de medidas destinadas a evitar, mitigar y compensar los impactos ambientales, además de procesos de participación de las comunidades.
La economía azul se presenta así como una especie de puente entre los recursos naturales del mar y las oportunidades económicas que pueden surgir en los territorios.
¿Y qué tiene que ver el gas natural?
El vínculo aparece en la discusión sobre la transición energética. El ministro Arjona defendió el papel del gas natural como combustible para avanzar hacia una matriz energética más limpia, pero también insistió en que las decisiones deben tomarse con base en criterios científicos y sin poner en riesgo el abastecimiento energético.
Según las cifras citadas por el Ministerio, con referencia a 2024, el gas natural representa cerca del 0,75 % de las emisiones nacionales. La cartera sostiene además que sustituirlo por combustibles más intensivos en carbono podría generar hasta 27 millones de toneladas adicionales de CO₂ equivalente, equivalentes a un aumento del 10 % en el inventario nacional.
El Gobierno también señala que el 16 % de la industria del país habría migrado hacia sustitutos del gas natural considerados más contaminantes, generando más de 164.000 toneladas adicionales de CO₂ equivalente.
A la discusión se suma el desarrollo de biogás y biometano, fuentes que, según el Ministerio, podrían contribuir a incrementar hasta en 11 % la oferta de gas.
La economía azul, entonces, no plantea solamente mirar hacia el mar para extraer recursos. La propuesta oficial busca que esos ecosistemas también sean considerados activos ambientales y económicos para las comunidades, bajo una condición: que cualquier proyecto energético contemple sus impactos y establezca medidas de protección.