El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y el escenario previsto para los próximos meses encendió las alertas. El Ideam señaló el 10 de septiembre que existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. Además, elevó al 75 % la probabilidad de que sea el evento más intenso desde 1950.
Pero sus efectos no serían iguales en todo el país. La intensidad de las sequías, el comportamiento de los ríos y las condiciones de cada ecosistema hacen que cada región tenga sus propios riesgos.
Región Andina
Aquí el problema puede comenzar con el agua. La reducción de las precipitaciones puede afectar páramos, bosques de montaña y fuentes que alimentan ríos y embalses. Esto genera presión sobre el abastecimiento y también sobre la generación de energía.
Los glaciares tampoco salen ilesos. El Ideam advierte que durante eventos de El Niño el derretimiento glaciar puede aumentar hasta 2,4 veces frente a condiciones normales y estima que, bajo el escenario previsto para 2026-2027, Colombia podría perder alrededor de 1,5 km² adicionales de superficie glaciar.
A esto se suma el riesgo de incendios en zonas de vegetación seca y la pérdida o desplazamiento de especies que dependen de ecosistemas de alta montaña.
Región Caribe
El déficit de agua puede sentirse con fuerza en una región donde las altas temperaturas y la menor disponibilidad hídrica aumentan la presión sobre ríos, humedales y bosques secos.
En la Sierra Nevada de Santa Marta, la reducción de las lluvias puede afectar los ecosistemas que regulan el agua que llega a las zonas bajas. También aumenta la vulnerabilidad de la Ciénaga Grande de Santa Marta y de los bosques secos frente a la sequía y los incendios.
El mar tampoco queda por fuera. El aumento de la temperatura puede generar estrés sobre los arrecifes de coral y favorecer episodios de blanqueamiento.
Amazonía
La selva llega a este nuevo episodio después de las fuertes sequías registradas en 2023 y 2024. Con el ecosistema todavía bajo presión, un nuevo periodo de sequía extrema podría reducir su capacidad para recuperarse y aumentar la degradación de la cobertura vegetal.
El riesgo no se limita a los árboles. La combinación de sequía, incendios y pérdida de bosque podría acelerar una transformación progresiva de algunas zonas hacia ecosistemas más degradados. Al mismo tiempo, una menor cobertura boscosa puede reducir las lluvias de la propia Amazonía y liberar grandes cantidades de carbono por la degradación y quema de la selva.
Orinoquía
El golpe podría verse en los esteros, morichales y lagunas que dependen de los ciclos de lluvia. Con menos agua, estos ecosistemas pierden capacidad para sostener fauna y vegetación.
La disminución de los caudales de ríos como el Meta, Guaviare, Arauca, Casanare y Vichada también puede afectar los ecosistemas asociados a sus cauces y aumentar la presión sobre el agua utilizada para actividades agropecuarias.
La vegetación seca, además, eleva el riesgo de incendios que pueden avanzar rápidamente por sabanas y bosques de galería.
Región Pacífica
Aunque es conocida por sus altos niveles de lluvia, una reducción de las precipitaciones puede alterar ecosistemas especialmente dependientes de la humedad.
En el océano, el calentamiento puede modificar la distribución de especies y afectar actividades pesqueras. Los arrecifes de coral también están expuestos al estrés térmico y al blanqueamiento.
El Niño, por ahora, no significa que vaya a dejar a toda Colombia seca por igual. El propio IDEAM advierte que sus efectos varían según la región, la altitud y la época del año. Lo que sí está claro es que el país entra en los próximos meses con un fenómeno que continúa fortaleciéndose y que podría alcanzar una intensidad excepcional.