Entre el año 2000 y 2010, el mercado del vino en nuestro país era un escenario con escasas etiquetas, bajo conocimiento general, pocos restaurantes especializados y un consumo per cápita que apenas rondaba los 0,5 litros. La bebida quedaba relegada de forma casi exclusiva a celebraciones o cenas de carácter formal. Sin embargo, en medio de ese panorama incipiente, hubo quienes identificaron un enorme potencial de crecimiento.
Fadia Badrán, fundadora de Grupo Madero, una empresa que hoy cumple 16 años de trayectoria importando y desarrollando conceptos alrededor de la viticultura, fue una de esas visionarias. Antes de consolidarse como importadora, Badrán conoció el negocio desde sus bases absolutas recorriendo el territorio nacional como vendedora para grandes compañías del sector. “Aprendí el negocio desde abajo, visitando clientes, estudiando sobre vino, organizando degustaciones, cargando muestras, construyendo relaciones, mejor dicho ¡maleteando!”, recuerda sobre sus inicios. Ese aprendizaje en campo cimentó su visión comercial: “Este negocio se construye con personas mucho antes que con botellas”.
El camino para edificar Grupo Madero no estuvo exento de barreras, particularmente de género. Durante años, el entorno estuvo dominado mayoritariamente por hombres, obligándola a encarar reuniones donde era la única mujer en la mesa y a ratificar con insistencia su conocimiento técnico y capacidad competitiva. “Hubo momentos en los que otros apostaron a que no iba a durar, se reían de mí y de mi forma particular de ser y de vender; pero también hubo algo que terminó marcando la diferencia: la experiencia acumulada durante más de dos décadas, la confianza construida con clientes y proveedores”, recuerda Badrán de sus inicios.
A pesar de las críticas y los tropiezos iniciales, la confianza construida con clientes y proveedores le permitió avanzar en un mercado que experimentó una notable expansión entre 2010 y 2020, cuando el consumo per cápita ascendió a rangos de entre 1,0 y 1,2 litros y el vino comenzó a perder su etiqueta de artículo de lujo exclusivo.
Pero durante los últimos años la categoría ha enfrentado constantes retos. La industria experimenta una alta carga impositiva con incrementos anuales en los impuestos que van del 100 al 400 por ciento, sumado a trabas burocráticas severas. Esta coyuntura ha encarecido tanto los productos de gama económica como los de alta gama, revirtiendo parte de la labor de educación de personal y capacitación en viñedos. En este contexto, Badrán ha sido testigo de la desaparición de múltiples competidores. Ante esto, la premisa de Grupo Madero ha sido clara: “Hay que reinventarse constantemente”.
La compañía comenzó formalmente como una distribuidora local de vinos y licores para luego dar el salto a la importación directa. En la actualidad, representa a bodegas internacionales como Cantina Zaccagnini y Canella (Italia); Pérez Cruz y Casa Marín (Chile); y Durigutti y Pulenta (Argentina), complementando su oferta con destilados premium como el pisco Huamaní, el Vodka Pravda y la ginebra Akori.
La evolución de la firma trascendió la representación de terceros para enfocarse en el desarrollo de marcas propias con sello de autor. El primer paso fue Vermut Badrán, elaborado en Mallorca, España, un proyecto que rinde homenaje a las raíces familiares de la fundadora. Posteriormente nació Vagabundo, una marca de vinos concebida bajo una comprometida política de responsabilidad social. "Una marca de vinos creada para ayudar a los animales en condición de abandono, destinando todas las utilidades a esterilizaciones, alimentación, tratamientos médicos y rescates", explica Badrán, reafirmando su convicción de que “los negocios también pueden tener propósito”.
El eje de Cartagena y la creación de comunidad
Si existe una geografía determinante para el crecimiento de la empresa, esa es Cartagena. Aunque la importadora opera a nivel nacional, la ciudad amurallada se consolidó como su plaza comercial más leal y prioritaria frente a la centralización de competidores en Bogotá. En correspondencia a ese respaldo, Grupo Madero inauguró Divino Wine Bar, el primer establecimiento especializado de su tipo en Cartagena, diseñado para romper las barreras de complejidad que a veces rodean al vino. En palabras de su creadora, este espacio “es una declaración de amor a una ciudad que ha sido fundamental para mi historia, construyendo comunidad alrededor del vino. Suelo decir que Cartagena me lo ha dado todo”.
Hoy en día, la estrategia de la compañía apunta de manera definitiva a la generación de cultura y experiencias de estilo de vida. Para ello han estructurado The Sip Society, una comunidad de suscripción mensual que les permite a los afiliados recibir tres botellas curadas directamente por Badrán. También impulsan un podcast llamado Fadia y Sergio, especializado en maridaje y vivencias cotidianas junto al chef Sergio Martín. Además, de crear catas y eventos especializados.
A pesar de los desafíos macroeconómicos del entorno colombiano, el panorama de cara al futuro mantiene metas claras de innovación y fidelización. Grupo Madero proyecta su continuidad apoyado en las nuevas generaciones de consumidores y en la premisa irrenunciable de su fundadora: “El vino no se trata solamente de lo que hay dentro de una botella, se trata de las historias que se cuentan alrededor de ella”.