OPINIÓN

Fadia Badrán

La botella que nunca abrimos

En muchas casas hay una botella de vino guardada esperando una gran ocasión. Pero muchos buenos vinos mueren esperando su tiempo. Destapa hoy esa botella, porque el gran momento es ahora.
28 de mayo de 2026 a las 10:01 p. m.

Pocas cosas existen para ser guardadas, esperadas y abiertas años después, con la esperanza de que el tiempo las haya transformado en algo mejor.

Hay una botella de vino en muchas casas que lleva demasiado tiempo esperando; la compraron para una ocasión especial, para una celebración, para cuando valiera la pena abrirla y el problema es que el momento correcto casi nunca llega.

El vino es de los pocos productos que se venden con la idea de que no deberían consumirse inmediatamente. De hecho, abrir temprano grandes vinos, puede arruinarlos. Por ejemplo, un Barolo joven puede sentirse duro, agresivo; un Gran Burdeos necesita años para que los taninos se integren y aparezcan esas notas terciarias que hacen famoso al vino; algunos Rieslings cambian durante décadas y desarrollan aromas sorprendentes. Esa es la magia.

Entre copas: el poder de elegir un vino sin pretensión

El vino es un ser vivo y el tiempo lo mejora o lo empeora. El concepto de ‘la espera’ resulta extraño hoy. Cuando vivimos en una época donde todo tiene que ser inmediato: la comida es ‘turbo’, los audios se oyen en ‘1.5x’, hasta el café es instantáneo. Nos enamoramos rápido y nos aburrimos más rápido. Pero el vino sigue exigiendo tiempo. Tiempo para compartirse.

Por eso el vino nunca ha sido solamente consumo, está ligado a la idea de ‘ocasión’ y por eso empezamos a aplazar el placer. No estamos guardando vino, estamos guardando tiempo, guardamos botellas esperando la compañía o el motivo perfecto, como si un miércoles cualquiera no fuera un motivo suficiente para destapar un buen vino, como si la vida avisara cuando va a suceder algo importante y muchos grandes vinos mueren esperando la ocasión especial.

Por eso, los que amamos el vino dejamos de obsesionarnos con el puntaje, la etiqueta, los premios y empiezan a importar otros factores como con quién se abrió. Porque al final, casi nadie recuerda el mejor vino; recuerda la noche, la conversación y a la persona que tenía al frente.

Y no solo guardamos el vino, también guardamos ropa para después, vajilla para la visita, el perfume para la salida. Guardamos hasta conversaciones. Y el tiempo sigue pasando.

Así que destapa esa botella, usa la vajilla, estrena ropa, porque el gran momento es ahora.

Fadia Badrán, fundadora y CEO de Grupo Madero