Un estudio liderado por el Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC), el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), el Instituto de Chipre y la Universidad de Helsinki ha logrado identificar, por primera vez, algunas de las especies de mercurio presentes en la atmósfera.
El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, emplea espectrometría de masas para detectar la presencia de este contaminante, lo que ha permitido identificar concentraciones elevadas de compuestos no previstos por los modelos químicos actuales.
Estos hallazgos aportan nueva información que contribuirá a mejorar las predicciones sobre la distribución del mercurio en el medioambiente y a comprender mejor su comportamiento una vez alcanza la atmósfera.
El mercurio es un contaminante de alta prioridad debido a su elevada toxicidad y a su capacidad de bioacumularse en los ecosistemas.
Su concentración en el medioambiente ha aumentado de forma significativa, tanto por el uso directo de este elemento por parte de la humanidad como por las emisiones indirectas derivadas de actividades industriales, como la refinación de metales o la combustión de combustibles fósiles.
Como resultado de su uso continuado a lo largo del tiempo, el mercurio se ha convertido en un problema de contaminación global. Una de las claves para entender cómo se dispersa este contaminante es conocer su comportamiento en la atmósfera.
En su forma más estable, el mercurio es relativamente poco reactivo, lo que le permite desplazarse grandes distancias antes de depositarse en la superficie. Sin embargo, al entrar en la atmósfera, puede reaccionar con otros compuestos y transformarse en distintas moléculas, conocidas como especies de mercurio.
Estas especies son más solubles y reactivas, por lo que tienden a depositarse con mayor rapidez en suelos, océanos y otros ecosistemas acuáticos. Por ello, identificar en qué especies se convierte el mercurio resulta clave para determinar cuánto tiempo permanece en el aire y dónde termina acumulándose.
No obstante, la identidad de muchas de estas especies ha representado históricamente una importante laguna de conocimiento.
Uno de los principales obstáculos para comprender mejor las reacciones del mercurio en la atmósfera ha sido la falta de métodos capaces de medir y diferenciar los compuestos específicos de mercurio oxidado. Aunque era posible cuantificar su concentración total, hasta ahora no se había logrado identificar con precisión en qué moléculas se encontraba.
Por primera vez, se han detectado distintas especies de mercurio oxidado en la atmósfera durante campañas de medición, gracias a un método conocido como espectrometría de masas de tiempo de vuelo con ionización química e interfaz a presión atmosférica (CI-APi-TOF).
Este instrumento, altamente sensible, permite identificar compuestos atmosféricos a partir de sus masas moleculares, según explica Tuija Jokinen, investigadora del Instituto de Chipre y la Universidad de Helsinki y primera autora del estudio.
A partir de esta idea se inició una colaboración con personal del CSIC experto en el ciclo del mercurio, lo que permitió identificar de forma inequívoca varias especies de mercurio oxidado.
El estudio se basó en datos recogidos durante dos campañas de medición en regiones polares: una en el océano Ártico, durante la expedición MOSAiC, y otra en la estación finlandesa Aboa, en la Antártida.
Las mediciones permitieron detectar siete compuestos halogenados de mercurio —especies que contienen halógenos como cloro, bromo o yodo—.
En el Ártico, el compuesto predominante fue el bromuro de mercurio (HgBr₂), mientras que en la Antártida se observó una mayor diversidad de especies, aunque generalmente dominaron el HgBr₂ y el cloruro de mercurio (HgCl₂).
Esta discrepancia sugiere que la química del mercurio en la atmósfera aún no se comprende por completo.
En este contexto, los resultados del estudio aportan información clave para mejorar los modelos atmosféricos que describen su transporte y sus reacciones químicas.
*Con información de Europa Press.