Cuando pensamos en una ballena, la imagen que viene a la mente es la de un enorme mamífero surcando los océanos. Sin embargo, la historia evolutiva de estos animales es mucho más sorprendente de lo que parece. Hace cerca de 50 millones de años, los ancestros de las ballenas no vivían exclusivamente en el agua, sino que caminaban sobre cuatro patas y habitaban zonas cercanas a ríos y lagos.

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Los científicos han identificado al Pakicetus como uno de los primeros integrantes del linaje de los cetáceos. Este mamífero, cuyo tamaño era similar al de una oveja, llevaba una vida principalmente terrestre, aunque mantenía una estrecha relación con los cuerpos de agua, donde encontraba buena parte de su alimento. Su dieta estaba compuesta por peces, pequeños crustáceos y otros animales que habitaban las orillas de ríos y lagunas.

Pakicetus Foto: StockTrek Images via AFP

Su nombre hace referencia a la región donde fueron hallados sus fósiles, en territorios que actualmente corresponden a Pakistán y el norte de la India. Durante esa época, los cambios geológicos y el avance de los antiguos cuerpos fluviales transformaron el paisaje, obligando a estos mamíferos a adaptarse de forma progresiva a ambientes cada vez más acuáticos.

Con el paso del tiempo aparecieron descendientes que contaban con un cuerpo mucho más marcado entre la vida terrestre y la marina. Uno de los ejemplos más representativos fue el Ambulocetus; este animal conservaba la capacidad de desplazarse sobre tierra firme, pero sus patas eran más robustas y estaban adaptadas para impulsarse en el agua. Además, su cuerpo era más alargado y su cola comenzaba a desempeñar un papel importante cuando nadaba.

Ambulocetus Foto: StockTrek Images via AFP

La evolución continuó con especies como el Dorudon, un cetáceo que ya presentaba una anatomía mucho más cercana a la de las ballenas modernas. Sus extremidades delanteras se habían transformado en aletas completamente funcionales, mientras que las patas traseras se redujeron hasta perder utilidad para caminar. Debido a estas adaptaciones, el animal pasaba prácticamente toda su vida en el océano, hasta el punto de tener sus crías debajo del agua.

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A medida que pasaron los siglos, los cetáceos desarrollaron una cola cada vez más poderosa para impulsarse bajo entornos acuáticos, lo que les permitió respirar con mayor facilidad mientras nadaban. Estas transformaciones les facilitaron conquistar por completo el ambiente marino de hoy en día.

Hoy, las ballenas representan uno de los mayores ejemplos de la evolución en el reino animal. Su historia demuestra cómo un pequeño mamífero terrestre logró adaptarse durante millones de años hasta convertirse en los gigantes de hasta 180 toneladas que actualmente recorren los océanos del planeta.