Una de las grandes virtudes de la naturaleza es la enorme variedad de plantas que ofrece para decorar el hogar. Además de aportar un toque de frescura y crear ambientes más acogedores, muchas especies también contribuyen a mejorar la calidad del aire y generar una sensación de bienestar.

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Entre las favoritas para interiores se encuentran la lengua de suegra, la sábila, el árbol de jade y la monstera, también conocida como costilla de Adán. Esta última se ha convertido en una de las más populares gracias a su aspecto exótico, sus grandes hojas y a que no exige demasiados cuidados para mantenerse en buen estado.

De acuerdo con Verdecora, la monstera es originaria de las selvas tropicales de México y se caracteriza por ser una planta resistente y de fácil mantenimiento. Además, es una especie trepadora que, en las condiciones adecuadas, puede alcanzar un gran tamaño, por lo que conviene ubicarla en un lugar amplio donde tenga espacio para desarrollarse.

Aunque su cuidado es relativamente sencillo, sí requiere algunas atenciones para crecer de forma saludable. Una de las dudas más frecuentes entre quienes la cultivan es por qué algunas monsteras no presentan los característicos agujeros en sus hojas, un rasgo que precisamente las hace inconfundibles.

La monstera es una de las plantas de interior más populares por su apariencia exótica y porque requiere pocos cuidados. Foto: Getty Images

La explicación es simple: las plantas jóvenes producen hojas completamente lisas durante sus primeras etapas de crecimiento. A medida que maduran y reciben los cuidados adecuados, comienzan a desarrollar las conocidas “ventanas” o perforaciones, un proceso llamado fenestración. La principal excepción es la Monstera adansonii, que presenta estos agujeros desde sus primeras hojas.

Estas perforaciones no son solo un detalle estético. En su hábitat natural cumplen una función importante, dado que permiten que la luz llegue a las hojas inferiores, además de ayudar a la planta a soportar mejor el viento y las fuertes lluvias al reducir la superficie expuesta.

Para favorecer este desarrollo, necesita un lugar con abundante luz indirecta. Aunque puede adaptarse a espacios con menor iluminación, su crecimiento será más lento. También es importante evitar la exposición directa al sol, porque puede quemar sus hojas.

Es una especie originaria de las selvas tropicales de México y puede alcanzar un gran tamaño si cuenta con las condiciones adecuadas. Foto: Getty Images

En cuanto al riego, no necesita grandes cantidades de agua. Lo recomendable es regarla únicamente cuando el sustrato esté seco, lo que suele ocurrir una o dos veces por semana durante el verano y aproximadamente cada 15 días en invierno, evitando siempre el exceso de humedad.

Por último, mantener sus hojas limpias y en un ambiente con cierta humedad contribuirá a que luzcan sanas y brillantes. Para ello, basta con pasar un paño húmedo sobre la superficie o darles una ducha ocasional para retirar el polvo acumulado.