Una de las mayores ventajas de la transformación digital ha sido la forma en que cambió los hábitos de consumo de las personas. Comprar un producto o contratar un servicio ya no implica desplazarse hasta una tienda, recorrer largas distancias o hacer interminables filas para realizar un pago. Hoy, gracias al comercio electrónico, todo ese proceso puede hacerse desde cualquier lugar y en cuestión de minutos con apenas unos clics.
Entre los principales beneficios de las compras en línea está la posibilidad de adquirir productos las 24 horas del día. A diferencia de los establecimientos físicos, las plataformas digitales no dependen de horarios comerciales, lo que permite hacer pedidos en el momento que resulte más conveniente para cada usuario.
No obstante, esa comodidad también ha sido aprovechada por los ciberdelincuentes, quienes han encontrado nuevas formas de engañar a los compradores. Una de las modalidades más frecuentes consiste en suplantar la identidad de empresas reconocidas mediante páginas web falsas que imitan casi a la perfección el diseño, los logotipos e incluso los métodos de pago de los sitios oficiales.
Las víctimas creen que están realizando una compra legítima, ingresan sus datos personales y bancarios, pero en realidad terminan entregando su información a delincuentes que pueden vaciar sus cuentas o utilizar esos datos para cometer otros fraudes.
Aunque este tipo de estafas es ampliamente conocido, existe otra práctica que también preocupa a las autoridades y que ocurre después de que el pedido llega al domicilio.
La emoción de recibir una compra suele hacer que muchas personas pasen por alto un detalle importante: la etiqueta adherida al paquete. En ella aparecen datos como el nombre del destinatario, la dirección e, incluso en algunos casos, información adicional que puede resultar de gran valor para los ladrones.
El problema surge cuando la caja es desechada con la etiqueta intacta. Para los expertos en seguridad, este hábito representa un riesgo innecesario, dado que esos datos pueden ser utilizados para planear nuevas estafas, cometer suplantaciones de identidad o elaborar engaños mucho más creíbles. Con información como el nombre completo, la dirección o el número de identificación, los delincuentes pueden construir perfiles de sus víctimas y facilitar futuros fraudes.
Precisamente sobre este riesgo alertó la Guardia Civil de España, que aseguró haber encontrado numerosos paquetes desechados en contenedores de basura con las etiquetas completamente visibles.
Por ello, recomendó a los usuarios eliminar o destruir por completo esa información antes de botar el embalaje. Un gesto tan sencillo como romper la etiqueta o hacer ilegibles los datos personales puede reducir significativamente el riesgo de convertirse en víctima de un delito cibernético.